Enrique Colmena

Película: El niño 44

Daniel Espinosa, a pesar de ese nombre y ese apellido, es un cineasta sueco, nacido en el país escandinavo, aunque de obvios ancestros hispanos (concretamente chilenos). Llamó la atención hace unos años con Dinero fácil (2010), y el cine USA lo fichó para hacer El invitado (2012), un thriller de espías en el que lo mejor era su virtuosa dirección y lo peor un guión embarullado que hacía suyo aquello de “ya que no somos profundos, al menos seamos oscuros”. Ahora, con esta El niño 44, aborda una costeada coproducción americano-europea, con intérpretes y equipo técnico de ambos lados del Atlántico.

En la URSS de 1953, poco antes de la muerte de Stalin, el clima de represión política es irrespirable. En ese ambiente, Leo, un miembro del Ministerio de la Seguridad del Estado, que a pesar de su pertenencia a tan execrable cuerpo sigue manteniendo un hálito de humanidad, descubre que tras la supuesta muerte por accidente de un niño realmente existe un oscuro, tenebroso asunto de asesinato en serie a manos de un pederasta. Pero la postura oficial del régimen es que en el paraíso comunista el asesinato es imposible, así que Leo habrá de envainársela, a pesar de que el niño muerto es hijo de su más querido compañero y ahijado suyo. A p

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Enrique Colmena

Artículo: Animación digital, la madurez del “cartoon”. 1: Pixar

Aunque ya en 07-08-2009, con el título La torre de Pixar no está inclinada, dedicamos un artículo a la animación digital, y en concreto a Pixar, la productora a la que se debe la producción a gran escala (y con notables estándares de calidad) de esa novedosa forma de hacer cine de animación, el estreno de Del revés (Inside Out), la última pequeña joya de la empresa creada por John Lasseter, nos da ocasión de repasar, ya de una forma general, este nuevo fenómeno, en una serie de artículos que iniciamos con este dedicado a la mentada Pixar.

Todo empezó (a escala comercial, insisto; antes se habían hecho varios cortos que no tuvieron una exhibición normalizada al considerarse pruebas de lo que sería después una realidad) con Toy Story (1995), con la que John Lasseter, el boss de Pixar, aunque entonces era un mindundi, asombró al mundo: era posible hacer cine de animación sin lápices, sólo con el ratón y el disco duro del ordenador. Además, Lasseter cambió radicalmente el enfoque del cine de animación tradicional (vale decir el de Disney, que es el que hasta entonces cortaba el bacalao), y se aleja del cuento de hadas o fábula animalista, para hacer que sean los juguetes de un niño los que cobren vida cuando éste no está con ellos, para poner en imágenes las aventuras del cowboy Woody, el astronauta Buzz Lightyear y toda una troupe de deliciosos personajes.

A partir de ahí, Pixar toma velocidad de crucero y rueda Bichos (1998), que no es sino una versión actualizada y animalista de dos clásicos como son Los siete samuráis (1954) y Los siete magníficos (1960) --el segundo es un “remake” en clave western del primero, como es sabido--, deliciosa, ya de bellísimo dibujo digital, como si la perfección fuera (como así es) una de las marcas de fábrica de la productora de Lasseter. Toy Story 2 (1999), de nuevo con el boss a los mandos, pero ahora compartiendo tarea con otros dos cineastas de la casa, con

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