Enrique Colmena

Película: St. Vincent

Hay en el cine una veta, bastante copiosa, que busca fomentar descaradamente los buenos sentimientos del público. No seré yo el que reniegue de este tipo de cine, sobre todo porque en él se pueden inscribir desde obras maestras como El gran dictador (y en general casi todo Chaplin) hasta filmes muy estimables, como El club de los poetas muertos o Billy Elliot, entre otros títulos que cualquiera puede recordar También, hay, claro está, más de una bosta de vaca revestida con esos ropajes bienintencionados.

Dentro del frondoso árbol del cine de buenos sentimientos (que no deja de ser, al fin y al cabo, un cierto cine “de tesis” –el ser humano es bueno por antonomasia--, aunque en las antípodas del que generalmente se reputa como tal, que suele ser un cine político, o comprometido, o social, o

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Rafael Utrera Macías

Artículo: El

“Ahora acabo de creer  -dijo a este punto Don Quijote-  lo que otras muchas veces he creído: que estos encantadores que me persiguen no hacen sino ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las mudan y truecan en las que ellos quieren”.
    Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
    II parte. Capítulo XXVI


El explicador en Vida en sombras, de Lorenzo Llobet Gracia

Esta película, rodada, tras numerosos infortunios, en 1948, no pudo ser estrenada hasta 1953. Al ser catalogada en ínfima categoría y proyectada en salas de reestreno, padeció el olvido de los especialistas durante años. Recuperada y estudiada oportunamente está hoy considerada como una joya de nuestra cinematografía.

En ella, Llobet Gracia narra la vida de Carlos Durán (Fernando Fernán Gómez), un cineasta malogrado a causa de dolorosas circunstancias personales que, tras largo tiempo de inactividad, retoma su profesión, antes ilusionada vocación que oficio; estamos ante una genuina variante del cine dentro del cine. En efecto, cargada de referencias cinéfilas, esta biografía se ilustra, por necesidades narrativas, con imágenes de películas como La moneda rota, Romeo y Julieta o Rebeca, además de mostrar ciertos artilugios cinematográficos relacionados con las distintas etapas del personaje.

El inicio de la película muestra a un matrimonio, a principios del siglo XX, que pasea por las calles de una feria; en el estudio del fotógrafo posan, a las órdenes de éste, según normas de la época, música de gramófono incluida; luego, junto a otra pareja, tiran al blanco y juegan al pajarito de la suerte: ésta les favorece con un zootropo, la última moda en París, aparato que, al girar, pone en movimiento las imágenes en él colocadas; será el primer juguete del hijo próximo a nacer.

Seguidamente, atraídos por las voces de un charlatán, se acercan a la “barraca de los franceses”  donde se exhibe el cinematógrafo, la gran novedad de la feria, en una sala confortable donde los espectadores pueden sentarse. Al fondo, la sábana blanca, en funciones de pantalla, acoge las diversas proyecciones de la sesión, compuesta de distintos “cuadros” donde se combina el baile en grupo de las “cocottes” con el de la vedette que emula a La bella Otero, el tren que parece arrollar a los espectadores, otra bella, ahora llamada Mimí, que lanza diferentes trajes a dos caballeros sucesivamente vestidos de policía, labrador, indio, etc. Después, el ladrón de alcoba que frustra su robo por la llegada de las propietarias y, finalmente, el mago español Pedrito, aventajado alumno de Méliès, que saca de la chistera ¡un niño recién nacido! El llanto que se oye no es de este bebé; pertenece al hijo del matrimonio que, inesperadamente, acaba de nacer en la sala. Este hecho y el zootropo, que recibirá como primer regalo, auguran la vocación de un insigne cineasta.

Llobet presenta al

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