Enrique Colmena

Película: Focus

Los filmes de timadores constituyen casi un subgénero dentro del thriller. Los hay de todos los colores y de todas las calidades, desde obras maestras como House of games, del gran David Mamet, hasta películas fallidas como The italian job, pasando por obras notables, como Nueve reinas o mediocridades como Los impostores o Confidence.

Focus no es desde luego un Mamet, ni tampoco es tan floja como The italian job; se queda en un estadio intermedio, sobre todo por el costeado diseño de producción que hoy por hoy supone tener a una megaestrella como Will Smith en el reparto. Estamos hablando de un presupuesto de 50 millones de dólares, sin grandes efectos especiales; aunque es cierto qu

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Rafael Utrera Macías

Artículo: Gonzalo Suárez: Los pájaros que vuelan del cine a la novela

El currículum profesional de Gonzalo Suárez mantiene, a lo largo de más de medio siglo, una doble vía por la que circulan la literatura y el cine unas veces en paralelo y otras alternadamente.

Sus relatos se han ido sucediendo, desde 1962 a hoy mismo, encontrando espacio para su edición en narraciones cortas editadas en páginas literarias de publicaciones periódicas como en gavilla uniforme reunida bajo título preciso; sus novelas, con alcance argumental y técnicas narrativas propias del género, se sirven tanto de personajes nuevos como de aquellos cuya existencia se daba en textos anteriores. Valgan algunos ejemplos: De cuerpo presente, Rocabruno bate a DitiramboGorila en Hollywood, La reina roja, El asesino triste, El hombre que soñaba demasiado, El síndrome de Albatros, Yo, ellas y el otro, Operación doble dos (reeditada ahora como Doble dos) y la última, a día de hoy, de título Con el cielo a cuestas.

Su obra cinematográfica, compuesta tanto por guiones propios dirigidos por él mismo como realizados por otros (caso de Aranda con Fata morgana), reúne una larga filmografía donde se dan cita sus personales trabajos literarios junto a versiones propias de mitos clásicos. Desde aquellos iniciales cortometrajes como Ditirambo vela por nosotros o El horrible ser nunca visto, pasamos a un cine profesionalizado donde convergen los primitivos estilos de un beligerante realizador, El extraño ser nunca visto, Aoom, Morbo, Al diablo con amor, con la obediencia rebelde a una forzosa industria que, con la prosa de Clarín o de Valle Inclán, estrena La regenta y Beatriz, adaptaciones ni cóncavas ni convexas como el propio realizador las catalogaría. Su personal aproximación a Frankenstein y a Don Juan, Remando al viento, Don Juan en los infiernos, ofrecerían versiones singulares donde la visión del personaje, de los personajes, en sus correspondientes contextos, enriquecerán una puesta en escena donde imagen y sonido confluyen armónicamente en beneficio de la variante ofrecida por el guionista/realizador. Títulos posteriores, El detective y la muerte, La reina anónima, El portero, entre otras, remiten a un universo personal cuyas variantes temáticas y estilísticas aseguran la existencia de una cosmovisión que, echando mano de un semejante sistema narrativo, se gesta en la literatura del guión y se hace palpable realidad icono-acústica en los límites marcados por la pantalla.

No quedaría completa esta sintética presentación del creador de Rocabruno si no mencionáramos otros aspectos de su vida profesional. Fue actor en teatros universitarios y, en diversos papeles, intervino en sus primeras películas. Invitado por Almodóvar, interpretó a Lucas en Qué he hecho yo para merecer esto. Su interés por los deportes y, en especial, por el fútbol hic

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