Enrique Colmena

Película: Alibi.com, agencia de engaños

El grupo La bande à Fifi es algo así como los Monty Python franceses, aunque bastante menos transgresores, mucho menos provocativos que los memorables cómicos británicos. Pero su trayectoria tiene cierto parecido con la de los Python: comenzaron en televisión, con shows alocados y divertidos, y su paso al cine fue natural, empezando con París a toda costa (2013), de Reem Kherici, una de las integrantes de la troupe, donde Philippe Lacheau ya era coguionista y actor, para dar la campanada con Se nos fue de las manos (2014), en la que Lacheau ya actuaba como líder absoluto del grupo: director, guionista, protagonista. Su éxito en taquilla propició una secuela, Se nos fue de las manos 2

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Enrique Colmena

Artículo: Una aproximación geográfica al cine policíaco español (y II). La descentralización llega con la democracia

En el artículo precedente de este díptico glosamos el cine policíaco español durante el franquismo, y cómo este género se caracterizó, en lo geográfico, por un abrumador dominio de Madrid y Barcelona, que monopolizaron prácticamente en exclusiva el thriller criminal en nuestro país.

Con la llegada de la democracia, tras la muerte en 1975 del dictador, las primeras elecciones libres en 1977 y la Constitución de 1978, se abre un nuevo tiempo para el cine; también para el policíaco. Con la nueva estructura del país, dividido en 17 comunidades autónomas, el cine también se descentraliza, como la política, y aunque Barcelona y Madrid seguirán teniendo un gran peso en el cine policíaco, en otras regiones ya se comienza también a hacer este tipo de films. En ello incidirán, como es lógico, los beneficios fiscales e incentivos culturales que los distintos gobiernos autonómicos promulgarán para facilitar los rodajes en sus tierras, la utilización de sus lenguas vernáculas y temáticas propias.

En esta nueva fase será más compleja la atribución geográfica de los policíacos, toda vez que inciden por un lado la producción (quién es el dueño legal de la película), cuyo domicilio social marca su “nacionalidad” (en este caso digamos “autonomía”, para no pisar ningún callo…); por otro lado está el origen del director del film que puede coincidir, o no, con el de la productora; puede ocurrir también que haya más de una productora, y de distintas comunidades autónomas; y, por último, aunque no necesariamente en grado de prelación, la localización, que en muchos casos influye poderosamente en la conceptuación del film; véase, por ejemplo, el caso de El Niño (2014), con producción mayoritariamente madrileña, pequeña participación andaluza y director de origen balear y formación catalana, pero sobre todo, un paisaje, el del Estrecho de Gibraltar, a ambos lados del mar, que marca indeleblemente la película.

Así las cosas, hemos intentado utilizar el menos común de los sentidos, también conocido como sentido común, dando prioridad, de entre los elementos que hemos citado, aquel que nos ha parecido más relevante; en el caso de El Niño serían las localizaciones andaluzas las que pondrían su impronta y se impondrían a cualesquiera otras consideraciones; es nuestro punto de vista, opinable, sin duda, pero por el que hemos optado.


Barcelona y los nuevos autores de novela negra

Es curioso porque, en el caso de los policíacos catalanes de la época del franquismo, casi siempre se partió de guiones originales; las adaptaciones literarias fueron la excepción. Sin embargo, a partir de la llegada de la democracia, el policíaco barcelonés utilizara preferentemente a escritores que cultivan habitualmente la novela negra. Así, Manuel Vázquez Montalbán es el creador del personaje del detective Pepe Carvalho, quizá el más interesante arquetipo policial creado en Cataluña, a la altura de un Hercule Poirot o de un Maigret (perdón por la herejía…), sin parangón con la novelística madrileña (el dúo Bevilacqua-Chamorro, evidentemente, de Lorenzo Silva, no llegan, ni de lejos a la altura del bueno de Carvalho). Pues este detective peculiar, ex agente de la CIA, de obvio origen gallego pero ya integrado como un catalán más en el paisaje barcelonés, y con tendencia a quemar libros para calentarse, como un extraño fan cultista de Fahrenheit 451, de Bradbury/Truffaut, ha sido llevado al cine y la televisión en varias ocasiones. La primera vez que lo vimos en una pantalla fue en la película Tatuaje (1976), primer film como director de Bigas Luna, donde sería Carlos Ballesteros el encargado de interpretar al detective. Pero ni Bigas dominaba todavía la narrativa y los recursos cinematográficos, ni Ballesteros parecía la mejor opción para ser Carvalho. Mejor resultó ser Patxi Andión en ese papel, en Asesinato en el Comité Central (1982), que incluimos en el apartado del cine policíaco de Barcelona, a pesar de estar rodado en Madrid

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