Enrique Colmena

Película: El bar

Parece que Álex de la Iglesia le ha tomado el gustillo al thriller, aunque siempre irisado de comedia, en su vertiente “grotesque”. Porque en Balada triste de trompeta (2010) y Las brujas de Zugarramurdi (2013) el género determinante era el thriller, por encima de la comedia negra, que generalmente ha sido su marca de fábrica, y no digamos en Los crímenes de Oxford (2008), donde no había ni gota de humor.

El bar es una aportación más, interesante, como casi siempre en el cine del vasco, a un tipo de película que intenta conjugar, generalmente con tino, la comercialidad con la exposición de asuntos sociales que puedan llegar más fácilmente a un público heterogéneo. Aquí ese tipo de asuntos sociales girarían, entre otros, en torno a cómo se comportarían los ser

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Rafael Utrera Macías

Artículo: Azorín. “La guerrilla”. Del teatro al cine (y II)

El ciclo teatral de Azorín: “La guerrilla”


El ciclo teatral de Azorín se inicia con “Old Spain”, en 1926, y termina con “Farsa docente”, en 1942. Entre ambas fechas, ha escrito o estrenado “Brandy, mucho brandy” y “Comedia del Arte” (1927), “Lo invisible” (1928), “Angelita” (1930), “Cervantes o la casa encantada” (1931) y “La guerrilla” (1936). Esta producción dramática se encuadra en lo que podemos considerar, tal como ha hecho la crítica azoriniana, tercer periodo y se desarrolla cronológicamente próxima a la propia de la denominada “generación del 27”. El escritor propugnó una renovación escénica desarrollada paralelamente al movimiento surrealista y al auge del cinema mudo; uno y otro deberían tenerse presentes, según estima el propio autor, a fin de impulsar una eficaz renovación dramática.

La estructura de las obras teatrales azorinianas está habitualmente organizada en tres actos, aunque, con frecuencia, se amplía con principios y finales representables.  En “La guerrilla” se ha servido de este número (el tercero en tres cuadros) seguido de un epílogo.

En su estreno resultó aconsejable, a pesar de estar pintada la decoración y efectuada la puesta en escena, no escenificarlo; los deseos del autor no pudieron cumplirse al no poder ofrecerse el espíritu de irrealidad y abstracción. Guerra, amor, muerte, son tres conceptos básicos en su funcionamiento discursivo. La presencia del tema bélico orienta hacia variada interpretación (donde no resulta extemporánea la lectura política); para el profesor Urrutia estamos ante una reflexión más de su autor sobre la esencialidad de España con un nuevo posicionamiento acerca de la antinomia “afrancesamiento / casticismo” y sus sinónimos “cultura / incultura”.


La adaptación cinematográfica de Rafael Gil

El hecho de que ni la dramaturgia ni la novelística del escritor de Monóvar se hubieran llevado a la pantalla, animaron a la madrileña productora Coral y a la parisina Universal Productions, a organizar, en 1972, una coproducción (“conjunción” en terminología azoriniana) titulada La guerrilla, y subtitulada “de Azorín”.

Estamos lejos de lo que sería “la adaptación cinematográfica de una pieza dramática” por cuanto variantes e intenciones difieren del precedente. La transgresión sufrida por la obra original obligó a establecer, en los títulos de crédito, el consiguiente “argumento inspirado en”. El realizador, Rafael Gil, hace una personal lectura política de su obra tanto por lo que defiende como por lo que rechaza. La valora como “auténticamente pacifista (ya) que se plantea la guerra y los horrores de la guerra con

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