Enrique Colmena

Película: X-Men: Apocalipsis

Definitivamente, la franquicia de Marvel sobre los X-Men goza de excelente salud. Este sexto capítulo de la saga se muestra en plena forma, de nuevo de la mano de Bryan Singer, director de los episodios primero, segundo, quinto y sexto. Singer es uno de los más estimulantes cineastas norteamericanos de los últimos veinte años, con títulos de interés como Sospechosos habituales (1995), Verano de corrupción (1998) o Valkiria (2008), además de los mentados capítulos de la franquicia de los mutantes. Es Bryan un director brillante, que conjuga con habilidad la tensión narrativa, la buena utilización de los efectos digitales y, afortunadamente, el adecuado cincelado de sus personajes.

En el cómic, en general, pero sobre todo en el cómic que en los últimos años se está llevando a la pantalla, hay una cierta tendencia, que no seré yo el que critique, a glosar grandes temas, a trascender el mero entretenimiento (con ser este loable) para hablar de cuestiones de mayor calado. En este nuevo episodio de la saga el tema llega a mayores, pues el mutante villano en cuestión no es otra cosa que un trasunto de Dios, del dios judeocristiano, se entiende; él mismo dice de sí: Yahveh, Jehová, Ra, son algunos de los nombres que el hombre me ha dado. Así que, como decimos, hablamos de palab

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Rafael Utrera Macías

Artículo: Camilo José Cela en su centenario. Persona y personaje en el espíritu de la colmena cinematográfica (y II)

Adaptaciones de sus obras

La novela “La familia de Pascual Duarte”, la película Pascual Duarte


La película de Ricardo Franco Pascual Duarte (1976) se inscribe dentro del cine español con las características que han sido habituales en las producciones de Elías Querejeta; el “look” se confecciona con un producto de prestigio -en este caso ya existente- en el que los ribetes estilístico-artísticos superan lo artesanal más al uso; al igual que sus inmediatas antecesoras -también primeras obras- El espíritu de la colmena (1973), de Erice, y Habla, mudita (1973), de Gutiérrez Aragón, la cosmovisión aportada por el autor-realizador se modula y sujeta en función de los aspectos internos y externos que el productor ha concebido para esa obra.


Al ser muy conocida la novela de Cela en la que se apoya el filme, es fácil que una vez más se planteen en el lector-espectador las afinidades y diferencias entre ambos medios y uno y otro título; para mejor calibrar los resultados cinematográficos -dada la indiscutible validez de la novela- es aconsejable la doble visión de la película, para, una vez liberado de las inevitables comparaciones, pueda degustarse la gama de aciertos -o insuficiencias- que en la expresión cinematográfica se han llevado a cabo. Si pensamos en el espectador medio, que acude sin prejuicios literarios a la visión única, el filme se presenta con un cierto hermetismo, habitual en las obras de Querejeta; voluntariamente se ocultan una serie de planos con la pretensión de realizar una pieza abierta que no coaccione al espectador a un entendimiento unívoco -sino libre y personal- de la secuencia que se presenta; valga como ejemplo aquella en la que muere Lola: el montaje causa-efecto se construye sobre lo segundo -apuñalamiento de la mula tras la veloz carrera de Pascual- prescindiendo del plano de apoyo que en una narración clásica muestra la clave a

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