Enrique Colmena

Película: Figuras ocultas

Theodore Melfi interesó hace unos años con su primer largometraje como director, St. Vincent (2014), que nos descubrió un cineasta que, si bien no parecía excelso, sí tenía ideas y sabía cómo ponerlas en escena. Con su segundo largo, este Figuras ocultas, confirma esa apreciación y además se puede decir sin faltar a la verdad que ha pulido su estilo y ya se le nota mucho más seguro. Se puede afirmar también que su cine se va perfilando como de corte liberal, humanista, aspecto que ya estaba en la mentada St. Vincent, pero que aquí es mucho más evidente.

En el profundo sur de América (Virginia para la ocasión), a mediados de los años veinte, una niña de apenas ocho años, de raza negra, demuestra unas prodigiosas capacidades para las matemáticas; sus profesores quieren que acuda a la mejor escuela que admite negros en el Estado. Años más tarde, a principios de los sesenta, ella y otras dos cerebritos afroamericanas son contratadas como “computadoras humanas” por la NASA para preparar los primeros vuelos espaciales de la Agencia. Inicialmente preteridas por su

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Enrique Colmena

Artículo: La generación que cambió Hollywood y la teoría del soufflé (y II)

Woody Allen, o no es posible ser sublime sin interrupción

Otro de los grandes del cine yanqui de los años sesenta, Woody Allen, se dio a conocer como director con la desaliñada pero graciosa Toma el dinero y corre (1969); con ese mismo estilo y tono hace varias películas más durante los años setenta, hasta que con Annie Hall (1977), una sobresaliente dramedia, se gana el crédito del cine yanqui y encadena un éxito tras otro. Son los tiempos de la bergmaniana Interiores (1978) y la espléndida Manhattan (1979), seguramente su obra maestra; inmediatamente después fracasa con su extraño homenaje felliniano, Stardust memories (1980), lo que le hace ponerse las pilas y comenzar de nuevo sobre seguro, con filmes notables como la shakespeareana La comedia sexual de una noche de verano (1982), e incluso sobresalientes, como Zelig (1983) y La rosa púrpura de El Cairo (1985). Es también el tiempo de buenas películas como Broadway Danny Rose (1984), Hannah y sus hermanas (1986) y Otra mujer (1988), alternando con fortuna comedia y drama. Su emparejamiento con Mia Farrow parece marcar el declive en su carrera, que ya no volvería a brillar a igual nivel; así, en los años noventa se suceden los títulos endebles, como Alice (1990), Sombras y niebla (1991), Celebrity (1998) y Acordes y desacuerdos (1999), y sólo tiene un filme realmente importante, Desmontando a Harry (1997).

En el siglo XXI la estrella de Woody ha sido intermitente: desde tonterías como Granujas de medio pelo (2000) a sorprendentes reencuentros con su mejor veta creativa en Blue Jasmine (2013), que sin embargo es un

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