Enrique Colmena

Película: Siete deseos

Aunque el cine de terror parece vivir una nueva etapa dorada, con títulos como Babadook (2014), It follows (2014) o No respires (2016), lo cierto es que de vez en cuando nos vuelve a llegar una nueva muestra de ese tipo de cine de miedo que busca provocarlo a base de historias archiconocidas y desarrollos argumentales más que trillados antes que por la creación de atmósferas o planteamientos innovadores. Este Siete deseos pertenece a ese no precisamente selecto grupo de filmes manifiestamente previsibles, donde cada movimiento se puede predecir, donde cada golpe de efecto lo hemos visto ya “ad nauseam”.

Hago gracia al lector de conocer la figura de Clive Barker. Por si no fuera el caso, o no tuviera la Wikipedia a mano, sería bueno recordar que es un escritor inglés especializado en literatura de terror, uno de los innovadores del género surgido en el último cuarto del siglo XX, y que también ha hecho sus pinitos en el cine como director. D

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Enrique Colmena

Artículo: George A. Romero y la maldición de los muertos vivientes

En cine se conoce como síndrome de Chanquete al fenómeno por el cual un actor o actriz se identifica de tal manera con un personaje que, posteriormente a la terminación de la película o serie, le cuesta la propia vida volver a realizar su trabajo en otros roles, pues los directores, productores y, a la postre, los espectadores, lo relacionan de forma indefectible con aquel papel que lo hizo memorable. Fue lo que le pasó a Antonio Ferrandis, cuyo paso por la serie televisiva Verano azul le reportó grandes alegrías y una extraordinaria popularidad, pero a quien tras terminar la serie le costó Dios y ayuda volver a trabajar con normalidad en cine y televisión: todos veían en él a Chanquete, y eso, evidentemente, limita hasta lo indecible la posibilidad de ser otros personajes.

Pues no es solo en la interpretación donde se da este síndrome; entre los directores, aunque es menos frecuente, también se suele encontrar. George A. Romero, recientemente fallecido (el 16 de este mes de julio de 2017 en el que escribimos) es uno de esos casos. Romero, tan neoyorquino que nació en el Bronx, murió sin llegar a conseguir la fama y el estrellato, aunque sí dio lugar a uno de los fenómenos más populares y rentables de los últimos cincuenta años, el mito de los zombis, que actualmente ha dado “hits” económicos como Guerra mundial Z (2013), de Marc Forster, que recaudó más de 500 millones de dólares USA en cines, o el éxito de series televisivas como The Walking Dead o su esqueje (prefiero este término, tan español, también tan arcaico, al de “spin-off”) Fear the walking dead. Eso aparte de las muchas películas y series que se siguen haciendo hogaño sobre el tema: en cine, por ejemplo, en cinematografías tan exóticas como Corea del Sur, con estupendos filmes como Train to Busan (2016), de Yeon Sang-ho, o propuestas tan fascinantes como la de Melanie. The girl with all the gifts (2016), de Colm McCarthy, e incluso disparates que combinan literatura victoriana y adictos a los higadillos, como en Orgullo + Prejuicio + Zombies (2016), de Burr Steers; y en televisión, con seri

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