Rafael Utrera Macías

En este tercer capítulo, dedicado al actor español Antonio Moreno, vamos a seguir comentando la investigación a él dedicada en el documental The Spanish Dancer, de la directora Mar Díaz, film que ha abierto el homenaje de Filmoteca Española al cineasta español afincado en Hollywood cuya programación está teniendo lugar en los meses de septiembre y octubre de este 2017.


El profeta en su tierra

Tras el rodaje de Mare Nostrum, Moreno pasará un año en tierras extranjeras y, en compañía de su esposa, visitará los lugares de su infancia y adolescencia donde no falta la visita a su madre en los entornos de Algeciras y Campamento. Los habitantes de este lugar recibieron en estado de gracia a su paisano y a su elegante dama; el acontecimiento era digno de acoger a una gran estrella de Hollywood que allí estaba en carne y hueso; el mismito que, días antes, habían visto en la pantalla del cine local. La madre, “la señora Ana”, al decir de algún entrevistado, se colocaba debajo de la pantalla para “acariciar” a su actor; pudo disfrutar de una casa comprada por su hijo, tal como en la película muestra un reportaje de la revista “Popular Films”. La directora del documental establece las comparaciones entre aquellos parajes, según fotografías de época, y su estado actual; en algunos casos, el paisaje, los edificios, tienen a pesar del tiempo transcurrido, mayores semejanzas que diferencias. Y, de igual modo, la mencionada casa, que mantiene parecida estructura y distribución de espacios, ahora, obviamente, con nueva propietaria.


Versiones americanas para el mercado en lengua española

La llegada del sonoro supuso una traumática situación para el mercado del cine norteamericano. Uno de los procedimientos consistió en filmar dobles versiones: una en inglés (rodada de día) y otra en la lengua extranjera correspondiente, en este caso, el castellano (rodada de noche); y ello, con los mismos escenarios, diferentes actores, un guion, traducido y adaptado o escrito para el caso según la obra original. No fue una solución fácil, dado que las variantes lingüísticas (mexicana, argentina, etc.) dificultaban conseguir un patrón neutro entendible por todos.

“Los que pasaron por Hollywood” conformaron una pléyade de escritores, guionistas, actores, directores, etc., entre los que cabe señalar a Enrique Jardiel Poncela, Gregorio Martínez Sierra, José López Rubio, Edgar Neville, Rosita Díaz Gimeno, Catalina Bárcena, Rafael Rivelles o José Nieto. Antonio Moreno, afincado en Estados Unidos, no iba a ser una excepción, y con él se contó para intervenir como actor, que no como director (ya aludiremos a esta faceta), en títulos como Primavera en otoño, La ciudad de cartón, Señora casada necesita marido, Asegure a su mujer o Rosa de Francia. En el documental que comentamos, el especialista Robert Dickson explica los procedimientos de filmación y producción, señalando el alto número de películas que se hicieron con tales peculiaridades y las 11 en las que Antonio intervino.

Del mismo modo, una jugosa entrevista a Pancho Kohner, hijo del productor, de procedencia checa, Paul Kohner y de la actriz Lupita Tovar, nos informa de algunas películas interpretadas por su madre y por Antonio (posteriormente aludiremos a la dirigida por el actor en México), producidas por la Universal, cual es el caso de La voluntad del muerto (donde, según la actriz, Antonio se olvidaba de hablar en español), y Alas sobre el Chaco (José Crespo era el oponente de Moreno). Pancho fue un testigo de excepción cuando, adolescente, acompañó a Antonio y a sus padres a festejos populares, incluidos los toros. La foto de Gilbert Roland (nombre artístico de Luis Alonso) y Antonio con el torero Manolete, no deja lugar a dudas.


Moreno rueda en España

Díaz ha recogido en su documental testimonios relativos a la estancia de Moreno en España con ocasión de los rodajes de dos títulos como fueron En la tierra del sol (1927) y María de la O (1936).

Respecto al autor del primero, permítasenos una digresión personal: Ramón Martínez de la Riva, periodista y escritor, fue autor de obras como “El libro de la vida nacional”, “Las jornadas de un golpe de Estado” o “El lienzo de plata”. Este último lleva por subtítulo “ensayos cinematográficos” y está publicado en 1928. La metáfora (“lienzo de plata”), como frecuentemente era denominada la pantalla de cine, le sirve al autor para reunir cientos de comentarios sobre la actividad cinematográfica en general donde la mayor parte está referida a los grandes títulos de la época dorada del cine mudo, a sus directores y estrellas. El tono periodístico, el estilo desenfadado, le otorgan valores que podrían tomarse por intranscendentes; muy al contrario, con el paso del tiempo, sus páginas rezuman ojo clínico para escribir sobre temas y actores, sobre géneros y estilos. A Antonio Moreno le dedica páginas que se conforman con una entrevista tan amistosa como profesional. El actor acaba de filmar Mare Nostrum y descansa en su Madrid natal durante una temporada. Moreno y el periodista pasean por el parque del Retiro y allí se desgrana una conversación donde se explicita su viaje por Europa, su marcha a Estados Unidos, sus relaciones con las grandes compañías, lo importante de una película, sus títulos preferidos… donde no falta el último rodado.

¿Precede en el tiempo esta entrevista al rodaje de En la tierra del sol o está efectuada posteriormente? En cualquier caso, la afinidad, afectiva y profesional, de los interlocutores parece estar asegurada. Este documental de Martínez de la Riva toma como escenario natural la ciudad de Sevilla, sus monumentos y parques, sus barrios tradicionales y su selectivo paisanaje, desde el célebre torero Sánchez Mejías hasta el invitado de honor Mr. Zuckor, la Semana Santa y el Parque de María Luisa, conforman un abigarrado conjunto con las tradicionales y puras esencias de la sevillanía más noble. Antonio es en este ámbito una figura de excepción, natural y cosmopolita.

Mar Díaz le ha sacado buen partido a este film, perdido y hallado, para incorporar algunas de sus históricas secuencias a su The Spanish Dancer, tal como aquella en que los cineastas norteamericanos y los nativos sevillanos observan los pasos de la Semana Santa en la más céntrica zona de la ciudad. Y aquella otra, con la que cierra su film, donde, en pleno Parque de María Luisa, se encuentran, en cómica situación de identidades, “la Romerito”, es decir, la actriz Elisa Ruiz Romero, y Antonio Moreno, es decir el “as cinematográfico español”, según denominación de Martínez de la Riva.


María de la O

Transforma una popularísima canción en obra de teatro, primero, y en variantes cinematográficas, después. Saturnino Ulargui (representante de UFA desde 1926), creador de las empresas de distribución y producción, “Ufilms” y “Ulargui Films”, inquieto promotor, organizó, en pleno frentepopulismo, una producción  millonaria que estuvo dirigida por el onubense Francisco Elías, con acreditada experiencia en el cine norteamericano y primer director de cine sonoro en España; el  elenco artístico aportaba la presencia y experiencia foránea de Antonio Moreno y Julio Peña y el empaque racial de Pastora Imperio y Carmen Amaya. No faltaron en el rodaje diversos sucesos que lo convirtieron en noticia periodística: el incendio en los estudios, la inoportuna apendicitis del primer actor o la participación de los protagonistas en una velada sevillana a beneficio de los damnificados por la inundación del Guadalquivir. Moreno intervino en un doble papel, el del pintor nativo Pedro Lucas y el del extranjero Mr. More (puede verse nuestro artículo en Criticalia María de la O: canción, teatro, cine (I) y (II)).

Mar Díaz utiliza alguna secuencia de la película de Francisco Elías para aportar sugerentes informaciones sobre el actor. Según Franci, la bisnieta americana de Antonio, le llamaban familiarmente “el gobernador”; la ilustración cinematográfica elige esa conversación en la que Pastora Imperio le dice al acaudalado pintor Mr. More: “tienes cara de gobernaó”. ¿La familia lo tomó del cine? ¿El cine lo tomó de la familia? En posterior escena, se nos da a conocer el grado de satisfacción que Antonio tiene para con la película y el impacto causado por la esplendorosa y bellísima bailaora Carmen Amaya sobre el actor. Y oímos: “ella le inspira como guionista y director”. En efecto, cuando años más tarde, allá por 1945, Moreno vuelva a México para intervenir en varias películas, ya actor, ya director, una de ellas es la “historia real y verdadera de esa gran bailarina que es Carmen Amaya”. Lamentablemente, los contratos no se cumplieron y, a día de hoy, el guion está perdido.


Papeles secundarios o el recuerdo de la fama

En papeles secundarios, Antonio intervino en gran cantidad de películas, tanto en América como en Europa. Desde Siete pecadores a La mujer y el monstruo, desde El capitán de Castilla a Dallas, ciudad fronteriza, desde Crisis a Centauros del desierto.


La popularidad del actor es hoy un concepto relativo. Mar Díaz elige algunos ejemplos: la estrella de Moreno en el suelo del Hollywood Boulevard (Los Ángeles) ¿implica conocimiento al viandante que la pisa indiferente?; el librero especializado en cine aporta unas fotos de Mare Nostrum y un gran cartel de La mujer y el monstruo; especialistas en unos casos y fans en otros, acuden, muy de vez en cuando, buscando algo concreto del actor.

Como el arpa becqueriana, la vida y la filmografía de A.M. duerme en bibliotecas, universidades, filmotecas, estudios y casas particulares, siempre a la espera de la mano de nieve, masculina o femenina, que sepa arrancar secretos ocultos, tesoros escondidos, a personas y a cosas, entusiastas de su figura o distanciados investigadores de su trabajo.


Síntesis. Presencias y ausencias

El trabajo de Mar Díaz, el resultado último de su The Spanish Dancer supone un pertinente progreso sobre el conocimiento de la vida y la obra de Antonio Moreno. Las imágenes del documental, la pluralidad de entrevistas a curtidos especialistas o a gente sencilla, la aproximación a familiares norteamericanos, el rescate de títulos marginados o sencillamente olvidados, hacen del mismo un valioso documento bio-filmográfico que actualiza y pone en valor y al día conocimientos y desconocimientos sobre el famoso cineasta.

Hecho este positivo reconocimiento, nos permitimos comentar algunas cuestiones que, en nuestra opinión, desentonan en el conjunto del documental.

La presencia de la cineasta conversando con la directora de la librería “8 y medio” nos permite aceptar la selección de libros efectuada en torno a la figura de Moreno; al tiempo, nos permite discrepar sobre la flagrante injusticia que se comete con el libro de Manuel Carlos Fernández titulado “Antonio Moreno. Un actor español en Hollywood”, al que no se menciona. Una complementaria visita a biblioteca especializada lo hubiera subsanado.

Del mismo modo, cuando se alude al documental En la tierra del sol, la cámara enfoca la portada del libro “Hacia un cine andaluz”, aunque sólo lo hace sobre la parte superior de la misma; dicho de otra manera, se le hurta al espectador el nombre del autor, M. Carlos Fernández, aunque, a continuación, se acuda a la página 41 del mismo y la voz en off enuncie una frase de dicha página que, por cierto, no se toma al pie de la letra. Más hubiera valido acudir al generoso comentario que sobre el mismo hace Fernando Méndez Leite en su libro “Historia del cine español”. Y ello, sin entrar, en el correo remitido por la Filmoteca de Andalucía en el que se comunica ignorar el paradero de la película de Martínez de la Riva. Cuando se reproduce parte del mismo, con selección de texto y letra diferente, la grafía aporta una errata al reescribir el nombre de la calle donde se ubica la citada entidad.

De otra parte, en varios momentos del documental, Mar Díaz, como hemos indicado, alude a la película María de la O ofreciendo secuencias de la misma, comentarios anexos sobre actores e intérpretes o fragmentos del guion con añadidos manuscritos de Moreno. El plano que presenta la portada del mismo, está seccionado en su mitad, lo que impide leer nombres de sus responsables. La frase citada, “Ella le inspira como guionista y director”, referida a Carmen Amaya, contiene la suficiente ambigüedad como para asociarla con este título. Por ello, lo que echamos en falta es la referencia al director, el onubense Francisco Elías; la autoría de la misma, con sólo el nombre de este cineasta, hubiera redondeado la utilización de las imágenes. Moreno y Elías, españoles ambos, aunque de distinta manera, se codearon con Griffith, más allá de otros paralelismos que se pudieran establecer.

Agradecimiento personal: a Miguel Olid por las facilidades dadas para el visionado de esta película.


Ilustración: Estrella de Antonio Moreno en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Próximo capítulo: Antonio Moreno, español, director en México (y IV)