Enrique Colmena

(Aclaración previa para no iniciados: Se llama “mainstream” –literalmente corriente principal--  a cualquier tipo de manifestación cultural de tipo mayoritaria, en la que, generalmente, priman los aspectos comerciales sobre los artísticos)

El estreno de La Reina Victoria y Abdul ha permitido volver a reencontrarnos con el talento inmenso de Judi Dench: la mayor parte de los elogios para esta desigual película han sido para la gran actriz de la escena inglesa, y nos permitirá también escribir este artículo sobre una de las constantes de los grandes intérpretes británicos que han representado sobre las tablas a Shakespeare. La tesis de estas líneas es que, tras haber hecho en el escenario Hamlet o El Rey Lear, por poner dos ejemplos típicos, cualquier actor o actriz es capaz de interpretar sin despeinarse cualquier personaje que se le pida. Así las cosas, no es nada extraño que muchos de ellos, por no decir todos, hayan intervenido con frecuencia en películas de gran ambición comercial, productos “mainstream” que, sin duda, están a años luz del talento desplegado por William Shakespeare en, por ejemplo, Coriolano, La tempestad o Tito Andrónico, pero que llena de ceros las cuentas corrientes de esos actores y actrices y aportan a las pelis en las que intervienen su maestría, buen hacer y personalidad.

Como hablar de todos los intérpretes shakespeareanos que han hecho cine “mainstream” daría para un Quijote (o para un Antonio y Cleopatra, ya que estamos con el bardo de Stratford-upon-Avon), hemos seleccionado diez de ellos, actores y actrices de primerísima línea, que han deleitado a ingleses y no ingleses sobre las tablas de los teatros más prestigiosos de Londres, y que también han hecho su correspondiente incursión en películas “mainstream”, para disfrute del resto de los mortales. Hay otros muchos, y a algunos de ellos los citaremos al final de este díptico, aunque sea solo nominalmente, porque sería injusto no hacerlo. A todos ellos les debemos muchas horas de buen cine dentro de un cine que, sin ellos, sería menos bueno….

Ya que este artículo se inicia con la excusa de Judi Dench y su papel de la segunda soberana británica más longeva (la primera, ya lo saben, es la actual, Isabel II, que lleva camino de enterrar a sus herederos…), hablaremos de ella en primer lugar. Dame Judi Dench nació en 1934, debutando como actriz en la prestigiosa Old Vic, en papeles shakespeareanos como la Ofelia de Hamlet, Lady Macbeth y Julieta. En televisión y cine también fue reclamada para versionar a Shakespeare, en títulos como A midsummer night’s dream (1968), y Enrique V (1989) y Hamlet (1996), ambos del enfant terrible Kenneth Branagh. Pero el cine se fija en ella para el carismático papel de M, la jefa del MI6, el poderoso servicio secreto británico, y desde GoldenEye (1995) hasta Skyfall (2012), hasta en siete ocasiones interpretó este potente personaje femenino, que en la última entrega, la mencionada Skyfall, bajo la dirección del también shakespeareano director teatral Sam Mendes, alcanzaba cotas de excelsitud, en una afortunadísima mezcla de temas del bardo de Stratford-upon-Avon y del “mainstream” más obvio. Por supuesto, para quien ha hecho Lady Macbeth, hacer la M de 007 es un juego de niños, incluso cuando, como en Skyfall, tomaba los ropajes (con sexo cambiado) de un Rey Lear.

Aparte de M, de los James Bond, Dench también ha dejado su impronta en films comerciales tan diversos (y con papeles tan distintos) como la mujer cuasi analfabeta de Philomena (2013), objeto de horribles humillaciones en su juventud o, en un rol totalmente distinto, la Reina Isabel I de Shakespeare enamorado (1998), que le hizo ganar un Oscar, la madre amorosa pero castradora de J. Edgar (2011), o la inflexible dama aristocrática de Orgullo y prejuicio (2005).

El actor británico por excelencia del siglo XX es, a qué dudarlo, sir Laurence Olivier, reputado como epítome de la interpretación exquisita. Pues también el gran Laurence se rindió a los encantos (crematísticos) del “mainstream”. Nacido en 1907, sus interpretaciones en la Old Vic o el National Theatre de roles shakespeareanos como el Ricardo III del homónimo drama histórico, el moro de Otelo o el Shylock de El mercader de Venecia han quedado como paradigmas de la actuación. Encumbrado como el actor por excelencia, también Mr. Laurence llevo a Shakespeare a la gran pantalla en Como gustéis (1936), Enrique V (1944), Hamlet (1948) – que le reporta un Oscar-- y Ricardo III (1955), estas tres últimas también con su dirección. El cine comercial, como era previsible, lo llama, y Olivier hace films como El príncipe y la corista (1957), Espartaco (1960), Las sandalias del pescador (1968) o La batalla de Inglaterra (1969), entre otras, sin abandonar en esos años las versiones shakespeareanas al cine: Otelo (1965), Romeo y Julieta (1968) o King Lear (1983). En los últimos años de su vida también el “mainstream” lo reclama para personajes que compondrá desde la sencillez del genio: el Van Helsing de Drácula (1979), el Zeus de Furia de titanes (1981), incluso el Rudolf Hess de Patos salvajes 2 (1985).

Si hay un actor que pudiera hacer palidecer, aunque sea mínimamente, la estrella de Olivier, ese sería sir Alec Guinness, nacido en 1914. Su paso por las tablas británicas incluye un buen número de obras de Shakespeare: Ricardo II, Enrique V, El mercader de Venecia, Hamlet, Noche de Reyes, La tempestad… Así, cuando el cine comercial lo llama, su figura se alza pronto a los papeles protagonistas, bien en clave de flemática comedia “british”, como en El quinteto de la muerte (1955), de Mackendrick, como, sobre todo, en personajes que requieren el empaque de actor elegante, sin fisuras que encarnaba Alec; así aparecerá en los grandes blockbusters de la época, casi todos de David Lean: El puente sobre el río Kwai (1957), por el que gana un Oscar, Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1966), Pasaje a la India (1984). Su última etapa se caracterizó por su interpretación para televisión del personaje de George Smiley, el espía imaginado por John Le Carré, en Calderero, sastre, soldado, espía (1979) y Los hombres de Smiley (1982), así como, sobre todo, por su encarnación del que sería uno de los personajes más míticos del cine de los últimos cincuenta años, el Obi-Wan Kenobi de la saga Star Wars, apareciendo como el anciano caballero jedi en las tres primeras entregas (por orden de rodaje; por orden cronológico de la acción, las tres segundas): Una nueva esperanza (en España se estrenó simplemente como La guerra de las galaxias) (1977), El imperio contraataca (1980) y El retorno del jedi (1983), personaje al que Guinness otorgará un aire de nobleza que ya será una impronta del rol, hasta el punto de que hubo de recurrirse a otro actor shakespeareano, Ewan McGregor, cuando se rodó la siguiente entrega de la saga y se presentó al personaje de joven.

¿Hay alguien entre los cinéfilos que no considere absolutamente admirable a Dame Maggie Smith? Pues ella, como los otros intérpretes que forman parte de este artículo, también es una actriz shakespeareana. Nacida en 1934, se estrenó sobre un escenario nada menos que con Noche de Reyes, para después, en el Royal National Theatre, hacer la Desdémona de Otelo; posteriormente estaría sobre las tablas haciendo Mucho ruido y pocas nueces. La televisión y el cine, como era de prever, la llaman para aprovechar su talento; aunque en los primeros años hace alguna versión al cine de Shakespeare, como el Otelo (1965) de Stuart Burge, con Olivier, pronto la gran pantalla la lleva a protagonizar Los mejores años de Miss Brodie (1969), que le proporciona su primer Oscar y su fama de actriz exquisita, especializada en personajes aristocráticos y elegantes. El “mainstream” la llamará para productos comerciales como Muerte en el Nilo (1978) y Muerte bajo el sol (1982), sobre sendas novelas de Agatha Christie, o California Suite (1978), que le reporta su segundo Oscar. Su indudable clase será aprovechada en films no necesariamente “mainstream” como Una habitación con vistas (1984), sobre la novela de E.M. Forster, y la bellísima La solitaria pasión de Judith Hearne (1987), aunque el cine comercial sabrá sacar partido de su talento en Hook. El capitán Garfio (1991), de Spielberg, o en la serie de Harry Potter, donde dará vida al personaje de la bonachona aunque aparentemente rígida profesora McGonagall. En sus últimos tiempos se ha especializado en damas aristocráticas de ceño permanentemente fruncido, como en La joven Jane Austen (2007) y la serie televisiva Dowton Abbey (2010-2015), aunque no ha desdeñado personajes muy distintos, como la maniática homeless de The Lady in the van (2015). Todos ellos, por supuesto, los hace la vieja y grande Maggie como la que se pinta los labios…

Si hay un actor shakespeareano que ha sabido rentabilizar su extraordinario talento en el cine “mainstream”, ese quizá sea sir Ian McKellen. Nacido en 1939, ha interpretado en la Old Vic, la Prospect Theatre Company y la Royal Shakespeare Company personajes del bardo en obras como Ricardo II, Macbeth y Otelo. Tentado por la televisión y el cine, al principio serán adaptaciones de Dickens, como la serie televisiva David Copperfield (1967), o de Shakespeare, como las TV-movies Eduardo II (1970) y Hamlet (1970), pero el cine pronto se percata de la capacidad de Ian para otros papeles no necesariamente vinculados a los clásicos. Aparecerá entonces en films como Escándalo (El caso Christine Keeler) (1989), interpretando al ministro John Profumo, o en vehículos para el lucimiento de estrellas de Hollywood como Schwarzenegger en El último gran héroe (1993). Un excurso shakespeareano en cine, una nueva (y polémica) versión de Ricardo III (1995), de Richard Loncraine, será el preámbulo para el salto de McKellen al cine “mainstream” con todos sus avíos: así, a principios del siglo XXI aparece por primera vez en la saga X-Men (2000) como el malvado Magneto, un mutante dotado de prodigiosos poderes mentales, personaje que, intermitentemente, volverá a encarnar en varias entregas de la franquicia; y con El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo (2001), incorporará a uno de los personajes fundamentales del imaginario infantil, juvenil y adulto de los últimos veinte años, el poderoso pero profundamente humano mago Gandalf de la Trilogía del Anillo de Peter Jackson, sobre las novelas de J.R.R. Tolkien, rol que retomará en la Trilogía del Hobbit que comenzará en la década de los años diez con El Hobbit: Un viaje inesperado (2012).

Pie de foto: Ian McKellen como Magneto, ejerciendo sus prodigiosos poderes en una entrega de la franquicia X-Men.

Próxima entrega: Cuando Shakespeare hace “mainstream”: con la gorra (y II)