Rafael Utrera Macías

En artículo precedente, comentamos las características de la serie “Andalucía, un siglo de fascinación”, dirigida por Basilio Martín Patino y producida por Radio Televisión de Andalucía, compuesta por siete capítulos titulados Ojos verdes; Desde lo más hondo I: Silverio; Desde lo más hondo II: El museo japonés; El jardín de los poetas; Paraísos; El grito del Sur: Casas Viejas y Carmen y la libertad. Seguidamente, seleccionamos el capítulo El grito del Sur: Casas Viejas, a fin de comentar sus características históricas además de sus elementos estructurales y cinematográficos.


Casas Viejas: los hechos históricos de 1933

Casas Viejas, provincia de Cádiz. Año de 1933. El anarquista Seisdedos, un anciano del lugar, habitante con su familia en un chozo de la pedanía, “en uno de esos arranques de fervor milenario tan típicos en Andalucía, decidió que había llegado el ´gran momento´ en que el comunismo libertario llegaría infaliblemente”, según estimó el escritor Gerald Brenan. La igualdad de los hombres y demás aspectos del catecismo anarquista se proclamaron en el pueblo al tiempo que se invitaba a la guardia civil a deshacerse de sus armas y a vestir como los demás.

El gobierno, preparado para la huelga general anunciada, envió diversas fuerzas, incluidas las de asalto (por más que éstas fueran disuasorias y no represivas); hasta la aviación sobrevoló el poblado. Los habitantes se retiraron a sus casas mientras la milicia les ponía cerco; ante la pertinaz negativa de rendición, las fuerzas de choque utilizan métodos diversos que, en el caso de Seisdedos, supondrá, finalmente, el incendio de su choza y la muerte de sus ocupantes. El gobierno se vio obligado a nombrar un comité de investigación que, según Brenan, puso en claro al menos tres cosas: que la  orden dada por Casares Quiroga, ministro de la Gobernación, y por el propio presidente del gobierno, Azaña, “había sido innecesariamente severa”; que el Director General de Seguridad había interpretado tal orden “aplicando la ley de fugas”, y que el capitán de la guardia de asalto, Rojas, había fusilado a una docena de prisioneros “a sangre fría y sin ninguna razón para ello”.


El grito del Sur. Casas Viejas, película de Martín Patino

La argumentación y estructura de El grito del Sur. Casas Viejas se organiza en diversos apartados compuestos del siguiente modo:

Explicaciones verbales de

- José Luis García Rúa (militante del sindicato CNT), Antonio Miguel Bernal y Antonio Elorza (profesores e historiadores), Juan Pérez Silva (hijo de Miguel Pérez Cordones y María Silva, bisnieto de Seisdedos) y otros testigos de los hechos. Los tres primeros hablan de causas y consecuencias del suceso; los demás, de sus respectivas familias.

- Joseph Cameron, corresponsal de guerra y cineasta. Informa de su currículum, de su relación con la escuela documentalista inglesa, de su intervención en Casas Viejas como testigo de los hechos y, a la vez, autor del documental que, seguidamente, se nos muestra.

- Ricardo Muñoz Suay, director de la “Filmoteca Dadaísta”. Presenta la película rusa Casas Viejas. Andalucía heroica. Explica su procedencia, los avatares sufridos para la recuperación del material original y el carácter de la misma.

Proyección de película seguida de documental:

Primeramente, el film Casas Viejas. Andalucía heroica, de la que son autores Arvatov, Peruchov y Shumiatski. Versión muda con intertítulos en ruso (caracteres cirílicos) y subtítulos en español. Se presenta fragmentada en tres rollos.

En el primero, se muestra la zona de Casas Viejas, se explica la condición social de sus habitantes y se señala a la nobleza como propietaria de las tierras; en la sede anarquista se celebra un mitin y se preparan para el seguimiento de una huelga general; implantan el comunismo libertario y queman los legajos de propiedad existentes en la casa consistorial.

En el segundo, los anarquistas toman la plaza e instan a la guardia civil a dejar armas y uniformes para unirse a la huelga; un rezagado sin armas es alcanzado por las balas de los guardias; el cruce de disparos acaba con la retirada de los anarquistas y la posterior batida de los civiles que registran las casas, maltratan a sus moradores y los hacen prisioneros. Seisdedos y su familia se han hecho fuertes en su choza y rebaten el acoso de los guardias hiriendo a algunos de sus números. Los refuerzos de asalto se unen a la guardia civil y emprenden el bombardeo de la choza; finalmente, tiran lanzallamas que queman la cabaña y abrasan a sus habitantes.

En el tercer rollo, la milicia, reunida en la plaza, escucha la arenga de jefes y oficiales en presencia del cura; felicitan a todos los intervinientes por el cumplimiento del deber y les aseguran, entre vítores, que “han salvado a la república de un grave peligro”.

Las sinfonías “1905” y “Leningrado”, de Dimitri Shostakovich, han conformado la banda sonora de la película en perfecta adecuación a las sorprendentes imágenes.


El documental de Cameron

A continuación, se proyecta el documental filmado por Cameron que muestra a los muertos ante la choza para, seguidamente, ofrecer las declaraciones de los testigos citados por la comisión parlamentaria: el alcalde Bascuñana, el cura Vera, el socialista Cantero, Lara, el barbero, y las mujeres Dolores Benítez, Sebastiana Reyes, María Cruz García, Encarnación Ruiz, etc.

Estos dos últimos elementos sirven para llevar al espectador (mediante el documental) al estado emocional de las víctimas y a la animadversión (película rusa) contra sus ejecutores; con todo ello, Patino, “fiel a su tendencia a fijar la memoria en términos de sentimientos, ha jugado a fondo la carta emocional en El grito del Sur” como escribe Juan Antonio Pérez Millán en “La memoria de los sentimientos. Basilio Martín Patino y su obra audiovisual”.


Ficción versus realidad… o viceversa

El conjunto de la obra y su concepción no parecen haber perdido de vista el título de Ramón J. Sender “Viaje al lugar del crimen”, cuyo subtítulo es precisamente “Documental de Casas Viejas”; el realizador lo ofrece entre diversas imágenes del momento como testimonio inmediato publicado tras los trágicos sucesos.

El propio director y algún personaje de su obra precedente han declarado que “la sustancia de las imágenes no es la verdad o la mentira, sino su fascinación”. Como en anteriores títulos, esta muestra se inscribe en su tipo de cine habitual donde la ficción y la realidad se combinan sin saber qué es y dónde empieza una y cuál es y dónde termina la otra; “nunca, de una manera tan sutil y a la vez tan directa, tan evidente, Patino ha propuesto el problema de la falsificación”, como señala Fernando González en “Basilio Martín Patino: pensar la historia”.

En “Andalucía, un siglo de fascinación”, una específica mirada y un modo peculiar de presentación le permiten a Martín  Patino manejar el denostado folklore de la charanga y la pandereta para mostrarlo de otro modo aunque sirviéndose, paradójicamente, de sus propios elementos; al igual, personajes y sucesos se construyen utilizando nuevas perspectivas donde el uso del audiovisual genera un diferente resultado.


Perspectiva, perspectivas

La filmografía del autor, desde Caudillo a Canciones para después de una guerra, desde Madrid a La seducción del caos, nos advierte de que su cine se estructura sobre un diverso y plural juego de perspectivas que pone en entredicho la visión usual de los hechos y de los personajes; del mismo modo, los materiales utilizados no distinguen entre categorías estéticas preestablecidas por lo que los comúnmente llamados géneros ínfimos, literaria, fotográfica, cinematográficamente hablando, pueden servir para componer una nueva dimensión del producto y subvertir los parámetros usuales.

Documental, realidad, ficción, y otros términos semejantes, son puestos en jaque a la hora de crear un producto audiovisual, en celuloide, en vídeo, para cine, para televisión, ya sea con un discurso apoyado en elementos “históricos” como en elementos “ficcionales”.

En palabras del propio director, según recoge Juan María Casado:

“Les propongo que juguemos juntos, que participen lúcidamente... Pienso que todos los guiones y esto es una ficción, aunque en el fondo, por la verosimilitud que yo intento darle, parecen realidad. Es una ficción y lo asumo, a veces disparatada, a veces, a lo mejor, excesivamente realista como la vida misma, como la propia Andalucía...” (“El siglo que viene”, nº 35-36).

Precisamente por ello, Carlos F. Heredero sostiene que este juego tiene algo de vampírico, ya que las técnicas empleadas por el autor están hechas “a la manera de”, es decir remedando géneros, estilos, formas de representación y, en el fondo, construyendo “una textura  ecléctica” que, a la par, comporta “una dimensión dialéctica y reflexiva”; y, tomando el discurso histórico bajo sus pretensiones de autenticidad, “es también un juego lúdico, concebido a la vez como divertimento y como guiño, como burla irónica” (“Archivos de la Filmoteca”, nº 30).


Versión, versiones

Casas Viejas es una página triste de nuestra memoria próxima cuyo enunciado “histórico” sólo puede hacerse con el testimonio verbal de quienes lo vivieron o padecieron y con el escrito registrado por la comisión de investigación nombrada al efecto. Martín Patino no desaprovecha estos elementos pero, desde una estricta perspectiva audiovisual, los trasciende utilizando distintas modalidades cinematográficas: re-construcción del suceso histórico mediante la ficción y el documental o, simplemente, la “invención” y “creación” de la Historia no tanto para dar “la versión” de la misma sino “su versión”, tan diferente como contradictoria, tan dialéctica como equívoca.

Desde el aparente convencionalismo del programa televisivo, la voz en off desaparece como orientadora del discurso y autoridad omnisciente del narrador; las voces de unos u otros personajes pueden funcionar en contrapunto con cuanto la imagen “objetiva” demuestra y, esto mismo, ofrecido en sentido inverso.


La eficacia del metalenguaje

El metalenguaje utilizado por Patino engarza los testimonios directos y “verdaderos” con los testimonios fingidos, “película rusa”, “documental”, donde tanto una como otro tienen la apariencia de “lo real”, cuando pertenecen, al igual que el resto de la obra, a la propia creación cinematográfica.

Los inventados autores de la película (guionista, fotógrafo y director) y la película misma, la invención del documentalista y del documental, ponen en entredicho los conceptos de verosimilitud histórica y evidencian las posibilidades del audiovisual para construir una historia que en nada puede envidiar a la Historia.

El rodaje a 20 imágenes por segundo para emular las características del cine ruso (con intertítulos en esta lengua, como hemos dicho), la filmación cámara en mano a fin de asemejarse a la estilística del verdadero documental de guerra, son artificios manejados por el director, Basilio Martín Patino, para hacernos ver la historia de un suceso que es, al tiempo, un suceso de la Historia.