Rafael Utrera Macías

En artículo precedente, publicábamos una ficticia entrevista mantenida con Isabel Escudero que pudo tener lugar en la madrileña o sevillana redacción de la publicación (a la que ambos pertenecimos); la recurrencia al flash-back no es fingida idealización de respuestas sino verídico documento que duerme para siempre en las páginas de tales publicaciones.

Pregunta. Tus posibles posicionamientos feministas están muy lejos de aplaudir todo lo que pueda adscribirse a este campo y a los oportunismos que del mismo se pudieran derivar. En Cannes.76 viste una película de Mai Zetterling (We have many names) que te produjo sonrojo. ¿Qué decías del film?


Respuesta. Reivindicador del movimiento de liberación de la mujer, con un método fúnebre y agotador, este filme, más que operar una evolución de la condición femenina, parece ser que la condena a una actitud entre paralítica y desesperada. No es así como llegaremos a la independencia responsable; a lo máximo que llegaremos por ahí es a que nos traten como minusválidas.

Pregunta. A propósito de Una mujer descasada, de Paul Mazursky, titulabas tu comentario “Crítica femenina a un film “feminista” y comenzabas diciendo “Otra píldora feminista…”


Respuesta. Otra píldora feminista que, como las otras píldoras, alivia a la condición femenina a costa de cambiar su propia naturaleza. Otra píldora que, por su aspecto dulzón y rosáceo, casi rayano a una receta de señora Francis progresista, se traga con bastante facilidad y con la sensación de ser un premio bien ganado (…) Algunas mujeres, desde la esclavitud que suponía la dependencia económica y afectiva de un varón en sus vidas, encontrarán un cierto alivio contemplando a esta Jill Clayburgh que parece haber conseguido el mejor de los mundos, corriendo en chándal, por la mañana, por las avenidas llenas de gente, diciendo no al retorno masculino, viviendo de soltera y haciendo el ademán de elegir, aunque todo lo que se le presenta está ya preparado para cumplir su función en el engranaje social. (…) A pesar de todo, cierto que supone un alivio, pero un alivio cuantitativamente mínimo en comparación con la gran trampa que supone el haber introyectado (sic) en las propias carnes el modo masculino, el mundo masculino, cepo mucho más difícil de soltar que el anterior, porque éste goza del "consensus" social y de "dignidad ciudadana" (…) ¿Dónde el rico mundo femenino, que por no haber estado sometido tan avasalladoramente al poder y a la producción, le guardaba un cierto resquicio de luz y vida? (…) Con estas "reformas masculinizantes” como la de Mazursky, ¡qué desgracia si llevara razón y las cosas fueran así de simples! 

Pregunta. Volviendo otra vez a películas dirigidas por una mujer, en este caso Liliana Cavani, no parece que te gustara Más allá del bien y del mal cuando, desde el propio titular, escribías “…o más bien más allá del mal”.


Respuesta. Esto de “criticar” la obra de otra mujer resulta, desde luego, mucho más impertinente de lo que habitualmente resulta “criticar” la obra de un hombre. Pero qué se le va a hacer, si una tiene el deber de traicionar a su propio género si con eso le es útil. Pues bien, se confirma una vez más que la Cavani consigue llegar a lo tremendo sin pasar por la bondad. Se confirma una vez más que cada vez avanza un paso en el moderno divorcio entre el espectáculo y la vida. Se confirma una vez más la habilidad de este Russell femenino para convertirse en una especialista en escándalos cinematográficos sin mezcla de vida alguna (…) Es la confusión con que tanto gozaban las brujas de Macbeth sin la gracia mágica que, como pervertidoras malévolas, comportaban, porque es que ciertas brujitas intelectuales de hoy en día, encima pretenden ser didácticas y emiten veredictos constantes al mejor modo masculino, bajo la redentora etiqueta de feministas (…) Sin embargo, no todo es fraudulento en esta "soberbia" realizadora. Por ejemplo, es verdadero su fino olfato comercial para saber lo que interesa y excita al público literario que pretende estar curado de espanto. Su oportunidad es buscar temas conmovedores que gocen de prestigio consensual entre las élites intelectuales cada día más numerosas, en una sociedad lo suficientemente deteriorada como para gozarse de sus propias heridas (...) En realidad, lo que pasa a la Cavani es lo que le pasa a todo rebelde que no ha sido primero pirata: que tratando de ir más allá del bien y del mal consigue situarse más allá del mal…;  es decir, en lo peor...

Pregunta. Y volviendo otra vez a películas dirigidas por hombres, te gustó La mujer flambeada, de Van Ackeren, donde se acercan y se distancian los conceptos de “Amor” y “Sexo”.


Respuesta. Esta historia está contada con la rigurosa frialdad estilística de un Stroheim o un Herzog, la precisión dramática de un Wenders o la curiosidad voyeurísta de un Berlanga, pero con el ajuste escénico de un Chabrol. (…) Hay en La mujer flambeada un afán experimental, una actitud de “curiosidad entomológica”. En primera instancia se confía en la capacidad de ilusión y voluntad de los seres humanos, su tendencia a construir abstracciones perfectas, ideas mayúsculas que les ayudan a vivir, firmes ordenaciones a partir de pequeños datos azarosos. Después, con paciencia y curiosidad, se les observa vivir dentro de esas fantásticas construcciones ideales, asistiendo a ese iluso empeño en que la creencia (Matrimonio-Amor es este caso) debe sostenerse por encima del trabajo cotidiano, aunque ese trabajo (Prostitución) amenaza sensiblemente la fragilidad de ese amor conyugal idealizado. Aquí también, como la célebre María Braun, de Fassbinder, Eva (magnífica Gudrun Landgrebe), acomoda mejor su alma femenina a esta esquizofrenia pudiendo perfectamente amar a su esposo y prostituirse por dinero diariamente delante de él en el común hogar conyugal. En cambio, su esposo (y gigoló prostituto a un tiempo), no tiene tan delimitada y clara esta separación entre Amor del Bueno y Sexo del Malo, y sabe que lo segundo acabará lesionando necesariamente a lo primero. Él, hombre, masculino, no tiene tan absolutamente introyectada (sic) la idea del Amor sublime.


Entrevistas. Intervenciones de Agustín García Calvo

El erotismo en el cine español


“Cinema 2002” dedicó un número extra (29 – 30; julio y agosto de 1977) a “El erotismo en el cine español”. Entre los diversos artículos referidos al tema, incluyó una entrevista en la que participaron diversos miembros de la redacción, incluida Isabel Escudero, y dos invitados: la actriz Carmen Platero y el catedrático Agustín García Calvo. La primera había intervenido en películas tales como Manuela, Chicas de uniforme, El amor y la informática y Sin aliento, sin respiro, sin vergüenza. El profesor García Calvo (por antonomasia, “Don Agustín”, para quienes fuimos sus alumnos) era un filólogo, investigador, poeta, pensador, traductor, desposeído de su cátedra de la Universidad Complutense durante el franquismo y recuperada en la democracia, que valoraba el cine bajo parámetros relativos al tiempo y al espacio. En la “Entrevista erótica con García Calvo y Carmen Platero”, pre-titulada “La bella y el energúmeno”, se pretendió comprobar el funcionamiento del cine erótico y pornográfico en España cuando iniciaba su andadura en aquellos años de incipiente democracia, basándose en la experiencia de una actriz condenada a ese tipo de cine. Isabel (esposa del profesor, aquí llamado Maestro), Agustín y Carmen dialogaban de este modo:

Isabel. Respecto al tema de la falsificación hay un aspecto que a mí me preocupa especialmente y es el del lenguaje. Tú has hablado antes de la falsificación de los movimientos, del gesto, del cuerpo. Yo, en las historias eróticas o pornográficas lo que encuentro es una estereotipia absoluta del lenguaje, una falsedad profunda en el lenguaje. Grandes parrafadas, increíbles discursos que le dice el amante a la amada. Y viceversa, que no tiene nada que ver con el lenguaje real de los amantes.


Carmen. Hay veces que hay que rellenar esos huecos. De repente, a alguien se le ocurre una frase, y esa frase es la que se pone en ese momento. Luego la imagen requiere más y se rellena con lo que sea. Luego, en el doblaje, se vuelve a cambiar. Hay muchos momentos en los que el director, cuando tú llegas con tu diálogo sabido de “pe” a “pá”, cinco minutos antes de rodar te dice: Perdone, pero vamos a poner esto en vez de esto, y la situación se hace diferente, el diálogo es distinto y la situación resulta un poco absurda.


Maestro. Y en eso del lenguaje, ¿tú recuerdas alguna situación en la que te haya dado especialmente vergüenza o ridículo decir alguna cosa?


Carmen. Pues sí, me ha dado mucha vergüenza en una película tener que decir: "Con esta mujer que tienes aquí!" ¿Comprendes?... Carmen se señala con el dedo y se enrojece un poco. Y continúa-. Pues sí, es que en el filmete yo era una prostituta y tenía que ligarme a un señor... Y como creo que era tan suficientemente obvio el tema, no era necesario decir que estaba buenísima... Es de las cosas más absurdas que me han sucedido, pero como ésa te diría miles… Lo único que me faltaba era señalarme: Yo, ésta. Pero todo esto ni me lo creo ni lo puedo decir con naturalidad.

Maestro. Y aparte de palabras, situaciones o gestos que te dieran impresión de ridículo.


Carmen. Pues, mira, a veces hay hombres que no están acostumbrados a toda esta serie de cosas eróticas y cuando te lo encuentras a tu lado, metido en la cama, el hombre se pone nervioso...; vamos, como un poquito calentón... y entonces te encuentras como muy mal. Y entonces lo pasas fatal... Y hay que decirle: "Oye: mira, hijo mío, que estamos trabajando y hay treinta personas delante, unas cámaras y...”.


Los mecanismos del tiempo en el cinematógrafo


Con posterioridad, en “Cinema 2001” (nº 3. Diciembre. 1983), Isabel Escudero entrevistaba a Agustín García Calvo con un tema tan cinematográfico como filosófico titulado “Los mecanismos del tiempo en el cinematógrafo”. Dejamos la grabadora a la periodista para que sea ella quien formule las preguntas y seleccione la respuesta que ofrecemos al lector. 

Pregunta. Además de aquel intento de reproducción del tiempo de la imposible vida que antes decías que mueve al cinematógrafo en general, él parece imitar, con técnicas como el flash-back o los fundidos encadenados, por ejemplo, el discurso del tiempo en los sueños. ¿Crees que el tiempo en los sueños y en el cine funciona con una lógica común?

Respuesta. Difícilmente puede entrarse en la cuestión sin examinar el carácter que tengan o no de lenguaje tanto los sueños como las películas. En cuanto al ensueño la actitud de Freud, en pocas palabras, era que (aparte y en medio de su rememoración y narración y del pensamiento patente sobre el que se elabora, cosas ambas evidentemente lingüísticas), el ensueño debía considerarse también una forma de lenguaje (si no, su interpretación sería demasiado creativa), aunque con tales rasgos (como la falta de negación y la ausencia de las leyes de no contradicción de la lógica habitual) que acaso obligarían a ampliar hasta la amenaza de infinitud la noción misma de "lenguaje" para incluir en ella los ensueños. En cuanto a las películas (tomando como tipo una muda, para evitar las complicaciones de introducir en ella el lenguaje corriente, en el diálogo o en forma de letreros o voces narrativas), habría que pensar que son también una especie de lenguaje de imágenes pero no por ello una escritura, al menos en la medida en que se prestan a contarlas después de vistas (y que parten de un guion escrito previamente), de forma que haya también aquí lugar a una especie de traducción entre su lenguaje y el corriente o de palabras. Y así visto habría notorios parecidos entre película y ensueño, como el de la superposición o fusión de imágenes (que supera en cierto modo la ley de contradicción y por tanto de identidad, y permite que uno, sea él mismo y otro al mismo tiempo, como en el ensueño), así como otras magias semejantes. Pero en lo que toca a nuestra cuestión sobre lo que pasa con el tiempo en uno y otro caso, tendría que volver a hablar aquí de cómo los mecanismos y convenciones del lenguaje (bloques de simultaneidad convencional en la sucesión, desarrollo de los Tiempos Verbales) están jugando en la constitución de ese Tiempo real del que hablamos o nos hacemos la ilusión de hablar; pues para ello tal vez se ha hecho por hoy muy tarde o nos faltan los ánimos o el tiempo o el espacio prudentemente reservado por esta Revista para esta conversación, que personalmente continuaremos en otro momento. En otro tiempo que es el mismo y no es el mismo.

Las críticas y entrevistas mencionadas pueden encontrarse en:

 --“Cinema 2002”
We have many names, Mai Zetterling:  nº 17-18. Julio – Agosto. 1976
Una mujer descasada, de Paul Mazursky: nº 44. Octubre. 1978
Más allá del bien y del mal, de Liliana Cavani: nº 43. Septiembre. 1978
“El erotismo en el cine español”, nº 29 – 30. Julio y agosto de 1977


--“Cinema 2001”


La mujer flambeada, de Robert Van Ackeren: nº 3. Diciembre. 1983


Entrevista con Agustín García Calvo. “Los mecanismos del tiempo en el cinematógrafo”. nº 3. Diciembre. 1983.

Ilustración: Isabel Escudero y su marido, el catedrático Agustín García Calvo.