Película: 30 días de oscuridad

Cada vez más el cómic es fuente de inspiración del cine, en estos tiempos en los que el llamado Séptimo Arte anda más bien de capa caída en cuanto a inspiración argumental. El cómic de Steve Niles y Ben Templesmith 30 days of night estaba cantado que era carne de cine, porque su historia, su ambientación y sus personajes son de lo más cinematográfico: ahí es nada, un remoto pueblo en el norte de Alaska, donde durante 30 días no sale el sol (ya saben: la proximidad al Círculo Polar Ártico y al llamado Sol de Medianoche); en ese contexto de absoluta incomunicación con el resto del mundo, una extraña turba de vampiros, unos (literalmente…) monstruos sedientos de sangre, asuelan el pueblo tras utilizar a un mamporrero humano que les allana el camino.


Pero lo cierto es que, lo que en principio prometía mucho, lamentablemente visto en pantalla no llega a cubrir, ni de lejos, las expectativas. El guión no sabe cómo abordar los larguísimos treinta días que dura el cautiverio, con un reducido grupito, liderado por el sheriff, que consigue escapar una y otra vez de la manada de vampiros, que ha terminado de liquidar prácticamente a todos los moradores del lugar. Pero no se termina de entender cómo estos no-muertos, de fantásticas capacidades físicas, con una velocidad casi de relámpago y unas dotes para la acrobacia que los hubiera hecho ideales para el Cirque du Soleil, sin embargo no son capaces de encontrar a una recua de varios tipos, incluyendo a un adolescente botarate y a un anciano senil, todo ello en un pueblo que no debe exceder de los doscientos habitantes, lo que podríamos llamar con cierto sarcasmo la Milla Nevada… En fin, ya se sabe que los guionistas hacen con frecuencia de demiurgos, fuerzan la realidad hasta límites inverosímiles, y ahí es donde el filme empieza a perder la partida.


El director David Slade llamó poderosamente la atención con su Hard Candy, pero en este caso, forzado por un guión no precisamente brillante, no ha conseguido reeditar ese interés. Es cierto que hay elementos estimulantes: el más impactante seguramente es la morfología de los vampiros, con una estética muy alejada de sus homólogos de diseño popularizados por las sagas de Blade y Underworld. Estos son auténticamente unas bestias, de dientes como morenas (llamémoslas con su sinónimo “murenas”, que parece un nombre más propio del pez del que estamos hablando, dotado de piezas dentales afiladísimas), con un jefe al que da vida espléndidamente Danny Huston, el hijo del gran John Huston; transmite su personaje auténtico miedo, un ser desprovisto de escrúpulos, de boca permanentemente abierta en un rictus de ferocidad latente, una actitud de depredador sin emoción alguna.


Es verdad que algunos de los otros vampiros pueden mover ocasionalmente a risa (como ése que parece enteramente Marilyn Manson con la boca churretosa de sangre…), pero el conjunto es tirando a pavoroso… Así que tenemos unos malos muy buenos, si vale la paradoja un tanto maniquea, y unos buenos manifiestamente mejorables. El sacrificio final es una jugada hermosa, pero no termina de redimir (qué propio este verbo, teniendo en cuenta de qué estamos hablando…) al filme.


 


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

113'

Año de producción

30 días de oscuridad - by , Dec 14, 2014
1 / 5 stars
Monstruos sedientos de sangre