Película: 300

Vayamos por partes: vamos a desbaratar algunas de las presuntuosas majaderías que algunos ilustres colegas de la crítica han dicho sobre esta película: una, no es un filme hecho contra el Irán del ultraconservador presidente Ahmadineyad (recordemos que éste amenaza con convertir a su país en potencia nuclear y borrar del mapa al Estado de Israel), por la sencilla razón de que el nuevo mandatario entró a gobernar en Agosto de 2005 y 300 empezó a rodarse en Septiembre de ese mismo año y, como bien saben los cinéfilos, una película (y menos tan mastodóntica como ésta) no se prepara de un mes para otro; antes de Ahmadineyad era el reformista Jatamí el que dirigía el país, y las relaciones con Estados Unidos, aunque no repuestas totalmente, estaban en vías de claro restablecimiento, hasta que llegó el fundamentalista y jodió el invento.


El segundo punto a rebatir es la supuesta falta de veracidad histórica del filme; pero vamos a ver, iletrados míos, estamos ante una versión del cómic que Frank Miller escribió en 1998 inspirándose libérrimamente en la batalla de las Termópilas, pero sin pretender en ningún momento tener un tratamiento ajustado a la realidad histórica. ¿Es que ahora le vamos a pedir rigor a un cómic? ¿Qué será lo próximo, no creernos que la kriptonita hace daño a Supermán? Otra cosa: el rebote que han pillado los iraníes por el supuesto mal trato que da la película a su pueblo son ganas de jorobar, por no decir otra cosa; los persas que aparecen en la película eran, supuestamente, los habitantes de Irán hace más de dos mil quinientos años; es como si en España nos cabreáramos porque el cine pusiera de chupa de dómine a los iberos y celtas que poblaban nuestra piel de toro hace más o menos ese tiempo. Una vez aclaradas las meteduras de pata de algunos de nuestros colegas, tan ilustres como ágrafos, y la memez de sentirse ofendido por mor de gente que existió hace veinticinco siglos, entremos en materia: 300 es un tebeo singularísimo, una trepidante aventura de acción y guerra que supone uno de los primeros intentos válidos de llevar al cine la estética del videojuego que hoy hacer furor en el mundo: no sólo las luchas, coreografiadas y ralentizadas como si de un juego para Play 2 o la flamante Play 3 se tratara, sino que incluso toda la escenografía recuerda poderosamente los paisajes virtuales imaginados por los nuevos creadores de este arte del siglo XXI, al que habrá que ir buscándole un numeral (a la manera en que el cine es el Séptimo Arte). Por supuesto, los héroes encabezados por el rey Leónidas están más cerca del género fantástico que del histórico, con esa iconografía como de superhombres del Neolítico, con sus capas rojas, sus pesados escudos y temibles venablos; no digamos ya de esos cuerpos esculpidos a base de “body-building”, con más músculos abdominales de los que nunca pensamos que pudieran existir en el cuerpo humano…


Visualmente fascinante con frecuencia, descuellan escenas prodigiosas, como la lluvia de flechas que, como anticipa el emisario de Jerjes, oscurece literalmente el cielo, y que tendrá un estrambote formidable, icónica, conceptualmente hablando, en la escena final de la batalla, cuando Leonidas afronta la muerte inminente. La propia creatividad visual del cómic de Miller, hermosamente reproducida en el filme, nos trae personajes inolvidables, como el propio Jerjes, un rey-dios pintado aquí como un cruce entre un jugador de basket de la NBA y una “drag-queen”; poderosos instrumentos de guerra, como el rinoceronte fieramente enjaezado que cabalgan los soldados persas; o personajes tenebrosos, como los llamados Inmortales, la guardia personal del dios-emperador, una marea de escalofriantes seres más cercanos al zombi que al hombre. A un tebeo no se le puede pedir filosofía, ni tampoco ideología, aunque los de siempre se hayan apresurado a columbrar que es una película pro-Bush que justifica la invasión de Irak y la (hipotética) de Irán. Pero lo cierto es que la idea central que queda de este fastuoso espectáculo, aparte del propio gozo visual de ver tremendas batallas coreografiadas como si fueran Siete novias para siete hermanos, es la de que siempre se debe hacer lo correcto, aquello en lo que creemos, cueste lo que cueste, incluida la propia vida; y que hay que hacerlo desde la honestidad, esa rara palabra: sin duda, hoy día ésta es una idea revolucionaria, en un universo nihilista que abomina del esfuerzo, idolatra la bella tarea de mirarse el ombligo y tocarse las narices y zascandilea escandalosamente con la escala de valores de cada cual. No, si al final va a resultar que 300 va a sobrepasar por la izquierda a Lenin…


 


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Duración

120'

Año de producción

300 - by , Dec 14, 2014
3 / 5 stars
Las flechas oscurecerán el cielo