Película: 36

El cine tailandés es una rara ave en la distribución cinematográfica en Occidente. Llegan muy pocas películas, aunque tienen una producción de cierta envergadura; cuando se escriben estas líneas, a mediados de los años diez del siglo XX, la cinematografía tailandesa ha producido ya en torno a 1.800 productos audiovisuales (películas para cine, series televisivas, TV-movies, telefilmes…). Quiere decirse que tiene un poso industrial evidente. Ello conlleva también que algunos de sus directores, con buen criterio, busquen nuevas fórmulas de expresión, lo que tiene su interés, sin duda, aunque a veces esos experimentos no sean realmente interesantes, como ocurrió hace unos años con el cineasta de esta nacionalidad Apichatpong Weerasethakul, que consiguió varios premios de primera línea (incluida la Palma de Oro en Cannes, nada menos) con su más bien insoportable Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010).

36 busca también experimentar con el lenguaje cinematográfico. El número del título remite a las exposiciones fotográficas que tiene (tenía, habrá que decir) un carrete de fotos analógico. También es el número de secuencias que se presentan en este filme, en todos los casos como escenas de un único plano fijo, en el que los actores entran y/o salen del cuadro (sí, como el cine que encumbró a Antonioni), con angulaciones a veces de lo más estrafalarias, buscando cierto feísmo formal y una evidente renuencia total a la simetría y un regusto por el encuadre extraño, oblicuo, en el que a veces sólo nos es dado ver la parte superior de las cabezas de los protagonistas.

Una joven está realizando un proyecto (fundamentalmente a base de fotografías) para preparar la localización de exteriores necesaria para el próximo rodaje de una película. La chica fotografía exhaustivamente varias partes de un viejo edificio donde se ambientaría el filme. Mientras realiza esta tarea se reencontrará con el director artístico…

36 es un filme extraño, con vocación ciertamente provocativa. No obstante, si se entra pronto en el juego, y no es difícil, veremos que esta serie casi de “cuadros de una exposición”, con sus diálogos coloquiales y sus formas extravagantes, tiene su punto. Veremos entonces una historia de forma fragmentada, sin una narración al uso, sino encontrando los puntos que hacen que avance la historia a partir de lo que nos vamos enterando en estas 36 secuencias de planos fijos.

El resultado, sin ser para tirar cohetes, si tiene cierto interés, al menos en cuanto nos muestra la posibilidad de contar historias sin tener que recurrir al clásico planteamiento, nudo y desenlace, que el cine ha heredado del teatro. El director, Nawapol Thamrongrattanarit, demuestra su capacidad para inventar otras formas de contar historias, y se agradece. Ésta era su opera prima, y ciertamente no lo parece, de lo osada formal y conceptualmente que es. Posteriormente ha hecho varios títulos más; alguno, como Mary is happy, Mary is happy, ha tenido cierta repercusión internacional.


Género

Nacionalidad

Duración

68'

Año de producción

36 - by , Aug 13, 2016
2 / 5 stars
Experimentando