Película: A Roma con amor Prosigue el bueno de Woody con su actual periplo por las ciudades europeas que más le gustan: ya le hemos visto en Venecia, Londres, Barcelona y París (me habré dejado alguna en el disco duro, seguro), y ahora le toca el turno a Roma. Parece como si Allen, ya setentón largo, hubiera decidido que se le ha agotado todo lo que tenía que decir de su país, y sobre todo, de su ciudad, Nueva York, y que ahora es el momento de hacer cine en Europa, aunque con demasiada frecuencia parece que está haciendo documentales turísticos: no hay un monumento, una estatua de relieve, un “marco incomparable” de la ciudad en cuestión, que no tenga su planito, siempre con los personajes del filme desgranando sus diálogos. Que después lo que cuenten los actores sea más o menos interesante parece lo de menos…

Aquí Allen opta por hacer un filme con cuatro historias entremezcladas, todas ellas en la llamada Ciudad Eterna. En una, un director de escena de montajes operísticos, ya jubilado, viaja a Roma para conocer a su futuro yerno y a los padres de éste, encontrando con que su próximo consuegro canta ópera como Pavarotti, a condición de hacerlo bajo la ducha y con su gel de baño correspondiente… En otra historia, una pareja de tontitos (como los amantes de Teruel: tonto ella, tonto él…), de morigerada vida sexual, aprenderán a dar alegría a sus cuerpos, Macarena, gracias a un inesperado putón verbenero (una rotunda Penélope Cruz, de lo mejor del filme) y de un ladrón de guante blanco y (sospechamos) empalme instantáneo. En un tercero descubrimos cómo un John Doe, un don Nadie (¿en Italia será un “signore Niente”, quizá?) se convierte de la noche a la mañana en un personaje famoso cuyas rutinas diarias son jaleadas por una multitudinaria panda de descerebrados (nosotros mismos, no otros…). La cuarta línea argumental nos presenta a un estudiante de arquitectura con novia, cuya apacible vida en la capital del antiguo Imperio romano resulta desarbolada por la llegada de una pánfila, amiga de su chica, cuyas secretas aunque estrafalarias armas de seducción resultan devastadoras.

Hay que decir pronto que este documental turístico con algunas irisaciones de ficción mejora el anterior empeño woodyano: no tiene mucho mérito, porque Midnight in Paris es de los peores trabajos del cineasta neoyorquino. También es verdad que la propia aparición de Allen como actor mejora el filme: nada mejor que el original, sin copias; las que aquí se presentan como tales (los otros tres actores balbucientes de los otros tantos segmentos, Roberto Benigni, Jesse Eisenberg y Alessandro Tiberi) son muy inferiores al modelo primitivo. También es cierto que hay cosas curiosas, como la utilización de Baldwin  como un Pepito Grillo en la relación del futuro arquitecto con la amiga de su novia, estando presente en todas las escenas, como una “carabina” ectoplásmica, con interlocución con ambos partners, jugando casi el papel de coro (unipersonal, en este caso) a la greca manera. La crítica a la fama sobrevenida desde la nada, que es lo que supone la historia con Benigni, es curiosa pero de muy corto vuelo: su gracia se termina enseguida, mucho antes que la fugaz popularidad del memo.

En definitiva, nada especialmente interesante en este nuevo puerto del periplo europeo del cineasta de Manhattan. No quiero ser agorero, pero me parece que el tiempo de los grandes filmes allenianos pasó. Ojalá me equivoque…

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112'

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A Roma con amor - by , Oct 02, 2012
2 / 5 stars
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