Película: A trip to Mars Thomas Alva Edison, cuya aportación al cine está más que acreditada (de hecho, los norteamericanos aún lo reivindican como su inventor, aunque realmente no lo fuera), lo cierto es que no fue un mecenas que buscara la creación de un arte cinematográfico, dedicándose más bien a la rentabilización del nuevo invento a través de filmes no precisamente inspirados, dirigidos a públicos poco exigentes que buscaban un divertimento rápido y sencillo.

En esa línea produjo cientos de cortometrajes, generalmente para su productora, la Edison Company, y a veces conseguía productos ciertamente curiosos, como la primera versión al cine de la novela de Mary Shelley, Frankenstein, o este A trip to Mars, una delicia absolutamente naif en su desternillante poca vergüenza.

Un científico prueba sobre algunos elementos de la habitación en la que se encuentra la fórmula que, según cree, permitirá invertir la fuerza de la gravedad y, por tanto, los objetos despegarán del suelo para viajar al espacio. Prueba primero esa combinación (la mezcla de dos tipos distintos de polvos) sobre lo que parece un almirez, que de inmediato sale volando; después prueba su fórmula sobre una silla, que también sale lanzada hacia arriba. Entusiasmado, el científico, con su traje de levita y el sombrero de copa que previsoramente se cala, se arroja sobre sí mismo esa mezcla de polvos (no precisamente pica-pica…), y sale volando por la ventana como una exhalación. Tras unos instantes volando por los cielos, llega a Marte, donde se encuentra en medio de una especie de bosque cuyas copas están coronadas por unos seres de vaga apariencia humana, de tamaño más que respetable y de intenciones no precisamente pacíficas. Después llega a otra zona, ya sin árboles, pero entonces es atrapado por un gigante (de aspecto como de payaso, que da más risa que miedo, aunque no fuera ésa la intención, me temo, del director), quien sopla sobre él varias veces, hasta convertirlo en una masa como de buñuelo, para finalmente hornearlo a fuego lento, con lo que la masa crece como si llevara levadura, explota y nuestro científico volandero vuelve de nuevo al espacio y cae en su casa (qué tino…). En ese momento, escaldado de aquella aventura marciana, el científico arroja los polvos al suelo, para deshacerse de ellos, pero, claro, ello hace que la casa entera invierta la gravedad y salga volando, con el consiguiente despiporre de todos los objetos (y el mismo sabio) que hay dentro de la morada…

Ashley Miller, el director, empezaba en esta época a dirigir filmes, y ciertamente se le ve todavía bastante verde. La utilización de los trucos de aquellos años, fundamentalmente el “stop trick” o truco de parada de cámara, y sobre todo la sobreimpresión, con la que consigue la aparición de gigantes en la pantalla, resulta bastante zarrapastrosa, a pesar de que en otras partes del mundo (en Francia, por ejemplo, con Georges Méliès y Segundo de Chomón) se había llegado a un muy superior dominio de esas técnicas.

Pero, por supuesto, el valor de A trip to Mars no radica en la (im)perfección de sus trucos, sino en el desparpajo que supone presentar esta fantasmada acientífica, máxime bajo los auspicios de un hombre de ciencia como Edison, que con ello demostró que tenía un sentido del humor más que desarrollado. Este viaje a Marte recuerda, es cierto, a los filmes que con anterioridad habían realizado Méliès y Chomón sobre el tema de singladuras espaciales, Viaje a la Luna y Viaje a Júpiter, respectivamente, jugando aquí también con la antropomorfización de los supuestos marcianos. En cualquier caso, queda como una invención acientífica pero muy divertida sobre los embelecos de algunos sabios por descubrir lo imposible, lo que, estando bajo la férula de un inventor compulsivo como Edison, no dejaba de tener su conque…

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A trip to Mars - by , Dec 07, 2013
3 / 5 stars
Descubriendo la gravedad inversa