Película: Ágora

Resulta extraño que Alejandro Amenábar, un cineasta tan notable artísticamente hablando como calculador en su faceta de productor (a través de su productora, Himenóptero), haya metido la pata hasta el corvejón con esta tan esperadísima Ágora, que finalmente se ha quedado en poco menos que placita de pueblo…


Pero vamos a ver, Alejandro, ¿en qué cabeza cabe meterse en una superproducción de 50 millones de euros, sin tener cerrada la distribución en Estados Unidos, que permita, razonablemente, que el filme pueda recuperar un tan monstruoso presupuesto? Recuérdese que, para que se pueda amortizar (antes, por tanto, de dar beneficios), un filme tiene que recaudar en torno a 3 veces su costo; es decir, estamos hablando de que para que TeleCinco (mayoritario en la producción, con un 88%) recupere los 45 millones de euros que ha invertido, la película tiene que recaudar en todo el mundo 135 millones de euros… Cifra a todas luces imposible, máxime si, cuando ves el filme, te das cuenta de que un proyecto megalómano como éste le ha venido grande a Amenábar, que se mueve como pez en el agua en historias pequeñas, desde Tesis a Mar adentro, pero que nunca hasta ahora había acometido una película con grandes masas, costeadísimos efectos especiales y una logística como para emprender la guerra de Irak.


Y no es baladí el tema: dirán, qué importa, el dinero pasa y el arte queda. Sí, pero es que en este caso el dinero pasará, pero a Amenábar, si la película no funciona y hunde (como pudiera ocurrir) a TeleCinco, la factura que le va a pasar esta bancarrota puede ser la de no volver a hacer cine en unos cuantos años (recuérdese a Michael Cimino y su fiasco de Las puertas del Cielo, que de hecho le arrojó, casi literalmente, al averno); y es que, además, de arte nada: Ágora es la más floja de sus películas, incluso inferior a su primigenia, ingenua (a pesar de su temática, las “snuff movies”) y tosca Tesis.


El problema de Ágora es, probablemente, que no hay tema; o quizá hay demasiados: Hypatia y su búsqueda de la teoría que explicase el Sistema Solar; sus enamorados, tan distantes socialmente como un príncipe y un esclavo; su hostil relación con los cristianos, la potencia emergente de aquel siglo IV d.C., cuando el Imperio Romano tocaba a su fin y los seguidores de Cristo se hacían con el poder; la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, considerada el mayor foco cultural de la Edad Antigua; el fanatismo como fuente de poder; muchos temas, quizá demasiados, y ninguno central, en una historia sorprendentemente fría, cuando Amenábar, si es algo, es un cineasta que conecta con el público y le hace compartir su calor (entiéndase en términos fílmicos: el miedo físico del personaje de Ana Torrent en Tesis, el miedo psíquico de Nicole Kidman en Los otros, el miedo moral de Eduardo Noriega en Abre los ojos, el hastío vital de Javier Bardem en Mar adentro), su emoción.


Pero en Ágora no hay sentimiento, y cuando aparece, se reputa impostado. Incluso en algún momento en el que parece que el Amenábar del puro detalle cinematográfico va a aparecer, como en la escena en la que el esclavo de Hypatia (y su secreto enamorado), Davus, acaricia el pie desnudo de su ama y señora, el plano carece del impacto poético, emocional, que hubiera merecido.


Finalmente gélida en sus tonos azules, pésima en el rodaje de las escenas de masas (sólo recuerdo a un cineasta más negado que Amenábar para este tipo de secuencias: el gran Visconti, en El gatopardo, un ejemplo de libro sobre cómo no se deben rodar las escenas de lucha), bastante deficiente en sus efectos especiales (ese Faro de Alejandría de pacotilla, que “canta” a la legua que está pintado), Ágora se postula entonces como el gran fracaso del cine español de esta primera década del siglo XXI, que probablemente enterrará, al menos temporalmente, el talento artístico de su director, que deberá reconducir su carrera por derroteros económicamente más humildes, debiendo entonces volver a hacer lo que mejor sabe, que es lo que más le admiramos los cinéfilos: hacer cine, como dice Vicente Aranda, con actores y paredes…


 


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126'

Año de producción

Ágora - by , Sep 05, 2015
1 / 5 stars
Disparate empresarial, arte desvaído