Película: Agosto De los diversos veneros que afluyen al cine (teatro, fotografía, música, danza, arquitectura, pintura, cómic…) soy de la opinión, seguramente errónea, de que el teatro es el que menos aporta o, al menos el que menos cinematográfico resulta en una pantalla. El teatro, como una de las bellas artes, tiene sus reglas muy determinadas, y la de la cuarta pared es una de ellas, raramente obviada, y tan contrapuesta a la esencia misma del cine; también el hecho de que los intérpretes han de llegar con sus declamaciones, pero también con sus gestos, a todos los lugares desde donde se ve la función en una sala teatral: en pocas palabras, no existe el primer plano, una de las mejores bazas del cine, sobre todo para el actor. Hay obras teatrales de primer orden que en cine han funcionado bien; nos acordamos de La gata sobre el tejado de zinc (el adjetivo “caliente” voló en la versión estrenada en la España franquista, y así se quedó para los restos), Dulce pájaro de juventud o Un tranvía llamado deseo, como grandes aciertos, aunque quizá se debió a que, además del talento de Tennessee Williams en el original teatral, fueron versionadas por Richard Brooks y Elia Kazan, dos grandes cineastas de la época. Otras grandes historias escritas para el “stage”, como dicen los yanquis, no tuvieron tanta suerte en su tránsito al cine.

¿Qué pasaría entonces si una obra teatral más bien mediocre fuera llevada hoy día a la gran pantalla? Pues probablemente lo que pasa con esta Agosto, sobrevalorada adaptación de un exagerado, excéntrico, excesivo (se me acaban los adjetivos negativos que empiezan por “ex”) drama original del actor Tracy Letts, extrañamente galardonado con un Pulitzer (parece que el kilo de Pulitzer se cotiza últimamente bastante barato…), un drama meridional que parece sentirse a gusto en los mismos territorios de calores estivales y corporales del mentado Williams, aunque desde luego sin su genio.

Porque resulta que tampoco John Wells es precisamente Kazan, ni Brooks, ni siquiera el Mike Nichols de ¿Quién teme a Virginia Wolf? Así las cosas, Agosto es seguramente muy resultona en una sala de teatro, pero en cine canta demasiado. Canta la sensación de que su autor ha puesto en escena todo el repertorio posible (con alguna excepción, que comentaremos más adelante) de los secretos, más o menos sórdidos, o que en tiempos lo eran, de una familia. Tenemos un surtido variado: diversos adulterios, en algún caso con hijo ilegítimo de por medio; incesto; pederastia (o intento de hacerlo); niñas que fuman maría a la edad en la que generalmente están jugando con Barbies o, como mucho, empezando a tontear con chicos… en fin, todo un catálogo de temas escabrosos, con la curiosa excepción de la homosexualidad, tanto más curiosa porque precisamente ése fue un asunto recurrente (por obvias razones) en el teatro de Tennessee Williams, en el que Tracy Letts parece beber sin recato.

John Wells, productor que tiene una incipiente carrera también como director, ha dicho que afrontó el reto con miedo pero con ilusión, pero también ha confesado que, a la hora de dirigir a las divas de la función (Streep y Roberts, lógicamente), simplemente no lo hizo, dejó que camparan a sus anchas. Y aunque ambas son buenas actrices (Streep especialmente, como es sabido), lo cierto es que sin alguien que las frenen, y con un texto de esos que se llaman “fuertes”, cabía el riesgo que se desbocaran, como así ha sido. Curiosamente, más Streep que Roberts: Julia parece jugar a ratos el papel de la actriz que interpreta con la mirada antes que con el gesto, mientras que la diva por excelencia, la gran Meryl, se pasa no ya tres pueblos, sino medio Estados Unidos en una interpretación histriónica y desmesurada.

Otra cosa es la consideración que tiene Tracy Letts (pues él, como dramaturgo y autor del guión, es prácticamente más responsable de la película que el propio director) sobre la familia; en un momento dado pone en boca de uno de sus personajes una definición lapidaria sobre ese núcleo (no cerrado, por supuesto, pero imprescindible) sobre el que se sustenta el ser humano: una combinación aleatoria de células. Anda que si lo escuchara Rouco, le daba un patatús…

Un “bluff”, entonces: en teatro será una gozada, pero en cine no interesa casi nunca, como no sea por intentar adivinar qué nuevo secreto (más o menos) vergonzoso saldrá a la palestra en el siguiente recodo del guión…

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121'

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Agosto - by , Jan 12, 2014
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Una combinación aleatoria de células