Película: Ahora me ves... Hay cierto cine, concebido exclusivamente como espectáculo abracadabrante, que aspira a maravillar permanentemente al público, o por mejor decir, a cierto público que busca eso, que le sorprendan, maravillen y extasíen con historias con cuantos más giros argumentales mejor, por muy peregrinos o inverosímiles que puedan resultar. Generalmente este cine suele tener poco recorrido: su interés se acaba cuando se encienden las luces del cine (vale, también cuando se cierra con el ratón la pantalla de la visión online en internet) y se arroja el envase de las palomitas y del refresco en el cubo correspondiente (porque este tipo de cine requiere, necesariamente, la ingesta de tales productos).

Sólo muy de vez en cuando alguno de estos artefactos tiene verdadero interés cinematográfico, con productos extraordinarios como aquel espléndido House of games de David Mamet. Pero, claro, estamos hablando de gente de primera línea, no de honestos profesionales del cine de saltimbanquis, como es el caso del francés Louis Leterrier, el director de este Ahora me ves…

Porque la película incurre en el pecado mortal tan habitual de este tipo de cine: comienzo prometedor, con algún tipo de golpe de efecto deslumbrante, que parece imposible, para, conforme el planteamiento se queda atrás y el nudo se va desanudando (valga la expresión, tan válida teniendo en cuenta tema y género), irse debilitando la brillantez inicial para terminar en un desenlace que no está a la altura, ni de lejos, de la propuesta inicial. En este filme, en particular, la última vuelta de tuerca es de tal inverosimilitud que se carga las virtudes (que algunas tiene, por qué no reconocerlo) de un producto hecho para el entretenimiento puro y duro, con criterios no demasiado distintos a los de un circo (el propio hecho de que los protagonistas sean magos ya abona el símil), donde el ¡más difícil todavía! se convierte en una máxima que, en cine, no suele dar buen resultado: llega un momento en que no hay nada más difícil que hacer, y en ese caso no hay otra opción que dar gato por liebre y estropear los aciertos anteriores.

No soy de los que abominan de Leterrier. De hecho, dos de sus filmes, Danny the Dog y El increíble Hulk (la versión que interpretó Edward Norton) me parecen interesantes, aunque su nueva versión de Furia de titanes dejara bastante que desear. Aquí está más cerca del mentado fiasco helenístico que de los otros dos aciertos; menores, pero aciertos.

Y eso que ha contado con un reparto de aupa. Al margen de pipiolos como Jesse Eisenberg o Mark Ruffalo (que siempre tiene un aspecto como de desaseado…), con mucho nombre pero poca chicha, los que se llevan la palma son, desde luego, esos dos monstruos sagrados, Morgan Freeman y Michael Caine, esos dos sabios de la interpretación para los que no hay papel pequeño, sino actores grandes: cuánto tienen que aprender de estos maestros sus jóvenes y atolondrados compañeros de reparto…

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115'

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Ahora me ves... - by , Jul 24, 2013
1 / 5 stars
¡Más difícil todavía!