Película: Al encuentro de Mr. Banks

En la búsqueda de nuevas historias que filmar, el cine norteamericano parece haber encontrado un venero en su propia Historia más o menos reciente: desde Hitchcock a Jobs, pasando por La red social, J. Edgar, El aviador o El lobo de Wall Street, en los últimos años la cinematografía yanqui parece revisitar algunos de sus personajes más ilustres (bueno, en el caso de El lobo… habrá que decir alguno de sus personajes más detestables…), dando por bueno que el público estará encantado de ver en pantalla, interpretados por actores, a algunos de los personajes que han estado en el centro de la vida de Estados Unidos y del universo mundo en los últimos cincuenta años.


En Al encuentro de Mr. Banks parece que la intención ha sido poner en imágenes a uno de sus grandes popes, Walt Disney, uno de esos personajes que no necesitan presentación, un hombre fundamental en el show business norteamericano y mundial del siglo XX, creador de un imperio cinematográfico y de todo un holding dedicado al entretenimiento, incluyendo varios parques temáticos y personajes internacionalmente famosos, como Mickey Mouse. Pero lo importante no era sólo poner en pantalla a esa figura mítica, sino que lo interpretara uno de los actores más poderosos y prestigiosos del último cuarto de siglo, Tom Hanks.


Aparentemente se trata de contarnos la verídica historia de la tormentosa relación personal y de negocios entre Disney y la escritora australiana (aunque afincada en Inglaterra) P.L. Travers, a la que Walt requería la compra de los derechos de adaptación al cine de su famosa novela Mary Poppins. Veinte años estuvo el productor y director norteamericano insistiendo ante la reticente Pamela Lyndon Travers hasta que ésta, acuciada por las deudas, no tuvo más remedio que acceder a ello, pero pretendiendo controlar exhaustivamente el resultado, lo que dio lugar a una serie de tempestuosas reuniones con el guionista y los compositores de las canciones en las que miss Travers reveló un carácter agrio y desagradable que provocó numerosos encontronazos con los creativos de la película. Así las cosas, tendría que ser el propio Walt Disney el que resolviera la situación “in extremis”; el resto es conocido: Mary Poppins se rodó, se estrenó y se convirtió en uno de los grandes éxitos de Disney y del cine de corte infantil de todos los tiempos, y algunas de sus canciones (ese Supercalifragilisticoespialidoso…) están grabadas a fuego en el imaginario humano de nuestro tiempo.


Pero lo cierto es que la película es demasiado previsible. No por el final, que todos conocemos, puesto que la adaptación de Mary Poppins se hizo y, por tanto, la escritora australiana cedió finalmente sus derechos, sino porque se ve venir a una legua que la tiquismiquis autora de aquel best seller mundial, tan renuente en principio a todo lo que significaba la cultura norteamericana, terminaría entregándose plenamente al encanto del gran Disney. Así las cosas, no hay tensión, al menos no en la parte ambientada a principios de los años sesenta: todo estriba en ver cuándo la gran antipática empezará a ceder a los esforzados guionistas y compositores. Más interés me ha parecido tener la parte de la historia contada en flash-backs, la atormentada infancia de la escritora en su Australia natal, en los años veinte del siglo ídem, y sobre todo la complicada relación con su padre, un hombre que la adoraba pero cuya afición a la bebida causará un impacto brutal en la niña. Algún experto en psicología hablará de complejo de Electra, pero quizá el tema no sea ése, aunque sí el trauma que en una pequeña de apenas siete años provocará el irremisible hundimiento ante sus ojos de la persona que era centro y eje de su vida.


Ese traumático suceso infantil parece estar en el origen de la historia de Mary Poppins, evidentemente idealizado y transformado para ser un producto eminentemente dirigido a los niños. Y es en esa parte del relato de Al encuentro de Mr. Banks cuando hay cierta pulsión realmente cinematográfica, con la relación entre padre e hija, pero también con personajes satélites, como la madre, tan superada por los acontecimientos que incluso llega a intentar quitarse la vida. En esa atmósfera cerrada, viciada y como de pesadilla anida lo mejor (que no es mucho, ciertamente) de esta por lo demás demasiado amable, demasiado previsible, demasiado feble obra cinematográfica.


John Lee Hancock, el director, tiene un historial ambivalente: por una parte es responsable de guiones notables, como los filmes de Clint Eastwood Un mundo perfecto y Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal; pero por otra es el endeble director de fiascos como El Álamo (si la original dirigida por John Wayne era mala, la suya fue peor) y The blind side: Un sueño posible.


Emma Thompson compone más histriónicamente de la cuenta uno de esos personajes abiertamente desagradables que el cine de vez en cuando se permite. Tom Hanks está bastante entonado como Walt Disney, un mito haciendo de otro; se le ve con ganas, aparcado el piloto automático que últimamente exhibía con más frecuencia de la deseable. Entre los secundarios me quedo, como casi siempre, con ese gran Paul Giamatti que lo hace todo bien, todo creíble, sea cual sea el personaje que le toque en suerte.


 


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125'

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Al encuentro de Mr. Banks - by , Jul 23, 2016
1 / 5 stars
La génesis de Mary Poppins