Película: Alguien a quien amar

Tenía curiosidad por ver cómo trataba el cine danés (además con el patrocinio de Zentropa, la poderosa productora de Lars Von Trier) un tema tan manido en cine como el del bronco lobo estepario, individualista, egocéntrico, huraño, con un hijo/nieto/sobrino/perro (táchese lo que no proceda) que le cae en suerte por una de esas carambolas del destino. Lo habitual, y lo que ha hecho el cine USA “ad nauseam” (bueno, y otros cines, incluido el español), es darnos la historia de dos individuos que en un principio carecen de vínculo alguno, pero que con el paso del tiempo y de peripecias comúnmente vividas llegarán a entenderse, a quererse.


Alguien a quien amar no está muy lejos de esa línea argumental, si bien lo que la hace diferente es su tratamiento, que en cine tiene una importancia capital. Y lo cierto es que el tratamiento que da la directora Pernille Fischer Christiansen se distancia del habitual en otras cinematografías, optando por la emoción interna antes que por desgañitarse buscando la lágrima fácil, el toque al corazón con las mil y una trampas que tienen los cineastas taimados para emboscar al espectador desprevenido.


Un cantante de baladas rockeras que recuerda bastante a un Leonard Cohen que fuera danés en lugar de canadiense. Vive en Los Ángeles pero vuelve durante unos meses a su tierra natal para grabar un disco. Allí se reencontrará con su hija treintañera, con la que apenas ha tenido relación, quien inopinadamente habrá de dejar a su cuidado a su hijo preadolescente, cuando tiene que ingresar en una clínica de rehabilitación. La relación entre ambos, el abuelo rockero y el nieto con tendencia a la misantropía, está dada con una extraordinaria sutileza: no hay grandes reniegos al principio, cuando ambos no son sino dos perfectos extraños, ni posteriormente habrá grandes demostraciones emotivas, cuando la tragedia los asuele y los aboque a sentir los afectos que hasta entonces no habían experimentado.


Fischer Christensen juega sabiamente con los pequeños gestos: una mano del abuelo posada sobre el niño que dice adiós a su pasado sin saber cuál será su presente, mucho menos su futuro; unos desvalidos cabezazos del crío sobre la mesa, cuando no entiende su desolación; el viejo corazón del abuelo, superadas todas las adicciones, que se agita hasta el espanto cuando el mal parece cernerse sobre el chiquillo… Muestras de una dulzura extrema, pero también de una sutilidad poco comunes.


La emoción que fluye poderosa debajo de ese hielo de la tierra escandinava, que pareciera impregnar también a sus aborígenes, dada con una cuidada puesta en escena por una cineasta de aún corta carrera, pero que promete ser una más que interesante directora a seguir. Bueno, eso siempre que consiga que sus películas trasciendan del bloque escandinavo y podamos verlas aquende Europa.


Notable composición de Mikael Persbrandt, al que recordamos en el memorable personaje del padre antiviolencia de En un mundo mejor. Atención también al jovencísimo Sofus Ronnov, con una capacidad para emocionar que no recordamos en un crío desde el Haley Joel Osment de El sexto sentido.


Género

Nacionalidad

Duración

95'

Año de producción

Trailer

Alguien a quien amar - by , Oct 31, 2014
3 / 5 stars
Emoción bajo el hielo