Película: Ali

Se suele decir que quien no tiene padrinos no se bautiza. Es un dicho muy español, que me temo no debe tener su correspondiente en otras latitudes, generalmente más frías, donde las recomendaciones tienen poco o ningún efecto, y se consigue el triunfo generalmente por méritos y esfuerzo, no por enchufismo. El caso de Ali es paradigmático: película pequeña, hecha con pocos recursos económicos pero con un empaque perfectamente industrial, le ha costado Dios y ayuda encontrar un estreno en condiciones, al no contar con una distribuidora de poderío con capacidad para imponer buenas fechas; es cierto que no cuenta con estrellas rutilantes, aunque sí con actores y actrices eficaces, y también es verdad que ha contado con el apoyo de varias televisiones y ha sido premiada en varios certámenes cinematográficos; pero todo ello, y lo que es más importante, su evidente interés cultural y artístico, no ha servido para que pueda verse en condiciones razonables.


Y sin embargo Ali tiene muchas virtudes: un guión bien construido, donde se ve la mano de Rafael Cobos, el coautor de los libretos de casi todas las películas de Alberto Rodríguez, como 7 vírgenes, After y Grupo 7. Entre él y el director, Paco R. Baños, imaginan la historia de una chica normal, una persona gris de las que pueblan el mundo, que tiene dos problemas, quizá tres: padece un miedo atávico a conducir un coche, quizá como trasunto de su propio miedo a enfrentarse a la vida, lo que parece confirmar el hecho de que tiene serios problemas de comunicación emocional; el tercero, quizá el primero en orden de prelación, será su tempestuosa relación con su madre, una mujer con graves problemas con sus sucesivas parejas, de temperamento depresivo y tendencia a arrebatos infantiloides.


En ese contexto, nuestra protagonista, que ronda los veinte años, habrá de ser a la vez madre e hija, lidiar con su dificultad para transmitir el amor al chico al que, sin saberlo, quiere, y romper el atavismo de su pavor a conducir, a todo lo cual tendrá que enfrentarse, finalmente, a la vez, en un proceso de maduración que habla sobre personas de este mundo, no sobre marcianos o seres que sólo viven en la imaginación de los guionistas.


Quizá estamos ante una metáfora del síndrome de Asperger, ese trastorno de cierto número de personas que tienen dificultad (por no decir imposibilidad) para expresar sus emociones, un mal que fue espléndidamente retratado en la serie televisiva Frágiles (véase artículo en CRITICALIA titulado “Frágiles”, una raya en el agua de Mediaset). Por supuesto, la protagonista no está afectada por ese síndrome, pero sus problemas para mantener una relación sentimental al uso la emparenta, aunque sea a un nivel alegórico, a esa rara enfermedad que hace del ser humano que lo sufre una persona sin posibilidad de entregarse plenamente, ni siquiera medianamente.


Los pequeños detalles, el gusto por las escenas cotidianas, una realización funcional pero con buen pulso, algunas escenas percutantes (los enfrentamientos entre madre e hija, por ejemplo), aunque también algunas irregularidades (el hilo argumental con la protagonista y el personaje de Julián Villagrán, por ejemplo, suena bastante a falso), convierten a Ali en un filme estimulante, rodado en ambientes urbanos de Sevilla en los que, afortunadamente, no se hace turismo sino que se muestra la ciudad real, la que viven sus habitantes día a día, desde el supermercado en el que trabaja la protagonista a los hospitales, las calles vulgares y corrientes: la vida.


Entre los intérpretes hay que destacar a Nadia de Santiago, que lleva sobre sus jóvenes espaldas todo el peso del filme, en un personaje complicado por sus reservas emocionales, que ella resuelve perfectamente. Pero si hay que quedarse con un intérprete, lo haría con Verónica Forqué, en un papel de lo más difícil, una mujer madura con un tornillo flojo en el que era tan fácil pasarse de rosca, y que ella, sin embargo, resuelve con apenas algunos gestos y, sobre todo, con una extraordinaria fuerza en la mirada.


Lástima que no se haya optado por hablar la película con acento andaluz: ejemplos recientes como el de La mula confirman que no hay problema, siempre que se prepare adecuadamente, para que actores y actrices de allende Despeñaperros puedan tener un correcto acento de cualquiera de las tierras andaluzas.


Al margen de ello, éste es el cine andaluz que queremos, un cine apegado a la realidad, a la gente de verdad, a historias que nos suenan a posibles, a personas con las que diariamente nos cruzamos en la calle. Hay otros cines, pero éste, aquí y ahora, nos es imprescindible.


 


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89'

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Ali - by , Oct 12, 2015
3 / 5 stars
Metáfora de Asperger