Película: Alí ojos azules El siglo XXI en las urbes de Europa, todo un reto. La opulencia de los países occidentales como reclamo para la inmigración africana, fundamentalmente, a la búsqueda de nuevas tierras en las que vivir no sea sinónimo de sobrevivir, por no decir malvivir. En ese contexto, las diversas oleadas de inmigrantes van arraigando en sus nuevos países de destino, pero con frecuencia las generaciones que van naciendo ya en esos países europeos se debaten entre las tradiciones, costumbres, religión e idioma de sus mayores, y las que conforman su día a día en el colegio, el instituto, las televisiones, la calle.

Alí ojos azules parece entroncar, cincuenta años después, con aquel cine de ragazzi poveri que Pier Paolo Pasolini inauguró en 1961 con Accatone, debut en la gran pantalla del cineasta boloñés. No es que Claudio Giovannesi tenga la hondura intelectual ni el clasicismo despojado de Pasolini, pero sí es cierto que su temática, con las correspondientes actualizaciones, puede recordar a aquel cine.

Un chico de origen egipcio, pero nacido ya en Italia, es muy amigo de otro adolescente italiano; ambos, coqueteando descaradamente con el crimen, perpetran un pequeño robo a mano armada. Se trata de obtener dinero para que el chico de origen magrebí pueda comprar una sortija de compromiso a su novia italiana. Todos ellos viven en suburbios de Roma, barrios de clase media-baja. El muchacho italo-egipcio discute con su madre por el hecho de tener novia y se marcha de casa. Al día siguiente, en una discoteca, auxilia a su amigo italiano, celoso de su ex, y apuñala a un joven rumano. A partir de ahí, la parentela del acuchillado los buscará con intenciones no precisamente afectuosas…

Giovannesi es un cineasta joven (cuando se escriben estas línea tiene 35 años), con un currículo como compositor de música y realizador en la RAI, la televisión pública italiana. Ha filmado algunos cortos y un par de largometrajes de ficción. Alí ojos azules resulta ser un interesante intento de acercarse a esa juventud airada de los arrabales de las grandes ciudades, esos jóvenes que quieren ser como sus colegas de la etnia aborigen del país que les acoge, pero sin embargo aún tienen tics atávicos que les unen, velis nolis, a sus costumbres ancestrales. Aquí el protagonista quiere ser italiano a toda costa, como por su nacimiento le corresponde, lo que comporta ajustarse a la forma de vivir de Italia, pero a la vez no consiente que su hermana menor tenga un comportamiento similar, como si lo que valiera para él, en tanto que varón, no lo fuera para ella, por cuanto es mujer.

Giovannesi presenta esta contradicción en la conducta del joven, que finalmente dará al traste con algunas de las que parecían sus certezas absolutas, como la confianza en su  más íntimo amigo. Lo hace con un estilo directo, con frecuencia en primeros planos que escudriñan el rostro de este chico que, en una semana, pasa de la confortabilidad de una familia al uso a dormir en la calle, prófugo de una panda de facinerosos que lo quiere desgraciar, sin familia, amigos, casi ni novia. Todo ello por conflictos tales como querer comportarse como un italiano en lugar de un egipcio, auxiliar al amigo en problemas aunque después no se esté a la recíproca, prescindibles broncas de jaques o accesos de machismo irredento en quien pretende ser, sin embargo, el liberal de la casa.

Estamos entonces ante el airado retrato de un muchacho que aún no encuentra, quizá nunca lo haga, el sentido de su vida. Que su existencia se desarrolle en los impersonales barrios de una gran ciudad europea no es mero paisaje, sino que incide tan directamente en los hechos: esta misma historia sería seguramente inimaginable si se desarrollara en El Cairo, por ejemplo, o si el protagonista, en lugar de Nader, se llamara, un poner, Giuseppe. Sería otra historia, pero no ésta.

Giovannesi opta por rodar su película con actores no profesionales, algunos de los cuales incluso se llaman igual en el guión que en la vida real, lo que, junto a la nerviosa cámara que sigue en primeros planos a los intérpretes, confiere a la cinta un tono casi de docudrama.

Filme interesante en cuanto que plantea las inevitables contradicciones en las que incurren las nuevas generaciones que la inmigración ha gestado ya intramuros Europa, Ali ojos azules supone una aportación estimulante, bien contada, sin moralismos (aunque parece evidente la posición de su autor), sobre la vida cotidiana en ese Primer Mundo que, quizá, pugne suicidamente por dejar de serlo.

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94'

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Alí ojos azules - by , Dec 14, 2013
3 / 5 stars
Suburbios de Roma, siglo XXI