Película: Amador

Vuelve Fernando León de Aranoa al largometraje de ficción tras cinco años de silencio, tras el fracaso comercial y, en menor medida, artístico de Princesas, su anterior filme, dedicado entonces a explorar el submundo de la prostitución. Ahora León vuelve sus ojos a uno de los temas que tocaba, de pasada, en su anterior filme, el de la inmigración, y su forma de ganarse la vida en tareas generalmente precarias; ahora no se trata de inmigrantes que ejercen el oficio más antiguo del mundo, sino otra profesión, el cuidado de ancianos, que ciertamente está muy en boga entre las personas que nos llegan de Hispanoamérica.


La protagonista será contratada para tal menester, teniendo que hacerse cargo de la asistencia de un hombre mayor. Como era de prever, la relación entre ambos al principio no es buena; el viejo se comporta hoscamente, hasta que, poco a poco, la convivencia empieza a entrar en vías razonables, llegando a existir una aceptable conexión personal entre ambos. Cuando el viejo muere repentinamente, la chica se verá impelida a mantener la ficción de que sigue viviendo para poder cobrar su salario y de esta forma ayudar a pagar las deudas de su hogar.


Parece que Fernando León no atraviesa por su mejor momento; tuvo un arranque espléndido en la dirección (él, que procedía del guión), con Familia y Barrio, la primera un ejercicio de estilo que jugaba sabiamente con varios planos de realidad, una película con frecuencia fascinante sobre la apariencia y la impostura; con la segunda realizó un notable ejercicio de compromiso social, poniendo en la gran pantalla la vida sin esperanza de tres chicos en un barrio marginal. Menos interés tuvo Los lunes al sol, aunque fue jaleada sonoramente por la prensa amiga; y Princesas, como queda dicho, tenía lagunas y problemas que la hacían inferior a su sorprendentemente brillante filmografía inicial.


Con esta Amador desciende otro peldaño: hay un problema de credibilidad que el filme no consigue remontar: no nos creemos que se pueda ocultar la muerte de un hombre (con los evidentes olores no precisamente aromáticos) durante un buen montón de días, sin que nadie se dé cuenta y avise a las autoridades. Tampoco es verosímil la actitud de la chica, que más que de escasa formación parece directamente retrasada mental, optando por una vía (la del mantenimiento de la ficción de que el viejo no ha muerto) objetivamente irresponsable y sin salida posible.


La aparición de una puta septuagenaria tampoco es precisamente un prodigio de credibilidad, si bien aporta al filme un toque humorístico (de corte negro, es cierto) bastante atractivo, no siendo ajeno a ello la actuación de una impagable Fanny de Castro, que hace toda una creación y podría hacerse, perfectamente, con el Goya a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto en la próxima edición de los Premios de la Academia.


Pero la palma de la inverosimilitud se la lleva la empleadora de la protagonista, la madre del viejo a cuidar, en la última escena en la cafetería, cuando habla con su empleada. No desvelaremos la escena, por aquello de no reventar el final, pero avisamos de la absoluta incredulidad que transmite; claro que, con ella, León de Aranoa parece cobrarse la pieza que su corazoncito marxista-leninista parece pedirle: y es que ya se sabe que la clase media, esa perra a la que pertenece la hija del viejo muerto, es la culpable de que en este país, en todos los países del mundo, no haya triunfado ya esa gran revolución que el director, y buena parte del cine español actual, desea que llegue algún día (espero que se note la ironía en el párrafo anterior, porque en Internet todo es posible, incluido que se tomen “ad pedem litterae” los sarcasmos de este jaez…).


No sería justo, sin embargo, despachar este filme sin más, sin citar algunos momentos hermosos, como la lectura por parte de la protagonista de la carta que recibe el viejo ya muerto, una escena llena de auténtica emoción; o el cómplice acercamiento, lleno de verdad, entre el anciano y la inmigrante, dos marginados, cada uno a su manera, que buscan entenderse en un punto común. Lástima que el resto no transite por iguales caminos…


 


Género

Nacionalidad

Duración

105'

Año de producción

Trailer

Amador - by , Sep 05, 2015
2 / 5 stars
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