Película: Amor No deja de ser curioso el recibimiento que la nueva película del austriaco Michael Haneke ha tenido, en general, en la crítica gauche divine española: jaleado sin tasa (a veces exageradamente, como en el caso de Caché. Escondido) en sus anteriores empeños, películas desasosegantes que buscaban dejar al descubierto las vergüenzas de las clases medias europeas (véanse, por ejemplo, Funny Games, tanto en la versión austriaca como en la norteamericana, o Código desconocido, o La pianista), sin embargo, Amor parece haber descolocado a más de uno, al centrarse en un universo cerrado y donde priman los sentimientos por encima de cualquier otra consideración, de cualquier otra contradicción, esa palabra tan en boga en las críticas de los años sesenta y setenta, hoy afortunadamente en franca retirada.

Se ve que no gusta que el fustigador de la burguesía tenga emociones: a ver si éste nuestro látigo de conciencias se nos va a ablandar… Pero, claro, eso sería una visión unívoca de la película, supondría que Haneke tiene que hacer siempre el mismo papel de Pepito Grillo y no pudiera ser, él mismo, cómplice de una historia en la que el amor, aun de forma tan extraña, es el centro del filme.

Pero está claro que Haneke no haría jamás una película romántica al uso: él trata el amor de forma distinta a como lo haría el noventa y nueve por ciento de los guionistas y directores; así, el universo en el que el cineasta austriaco nos habla de amor, y de otros sentimientos no necesariamente conexos (o sí…), es el mundo decrépito de la vejez, cuando la enfermedad crónica hace su aparición y convierte la convivencia en un ejercicio diario de lucha, de sufrimiento, de agonía, tanto para el miembro enfermo de la pareja como para su cuidador.

No estamos entonces ante un filme complaciente sobre el amor; aquí el sentimiento compartido durante décadas de convivencia que se adivinan benévolas, agradables, fecundas, dos seres que han vivido juntos con plena consciencia de hacerlo, con voluntad de envejecer juntos, llegan al momento en el que uno de esos pilares se derrumba, donde el amor no se ejerce retozando entre sábanas, dos cuerpos jóvenes que se desean y procuran el placer propio y el ajeno, sino en ese mismo tálamo, ahora precursor del túmulo fúnebre, donde la vida se va apagando entre la tortura de vivir sin vivir.

Abrumadora, con frecuencia insoportable, Amor resulta ser un ejercicio de amor, valga la redundancia, que no esquiva temas tan peliagudos como el maltrato en ese momento en el que toda paciencia salta hecha añicos, más allá de cualquier aguante como de Job, donde el final esperado no es otro que la muerte, la Muerte, donde la desesperación puede degenerar en la búsqueda de atajos innombrables, pero desgraciadamente tan frecuentes.

Película que no dejará indiferente a nadie, pone el dedo en la llaga en una de esas realidades, el desmoronamiento en la vejez, a la que la sociedad moderna no sabe dar una salida humana; y eso es, como en este caso, cuando la economía no es un problema, en una pareja que goza de medios más que suficientes para afrontar la muerte a plazos con toda la parafernalia lenitiva que ofrece la medicina y la farmacopea actual. ¡Qué no será este escenario dantesco en familias sin los recursos precisos!

Párrafo aparte para la impresionante interpretación de esos dos viejos y grandes intérpretes: Jean-Louis Trintignant, que lo fue todo en el cine francés y europeo de los años sesenta y setenta, es ahora el anciano voluntarioso y entregado (hasta que la desesperación grite ¡basta!) al cuidado de su esposa; Emmanuelle Riva, inolvidable en Hiroshima mon amour, será aquí la mujer cuyo deterioro físico estará dado con una verosimilitud difícilmente soportable, un ser humano que se derrumba a pedazos, sin más horizonte que sufrir cada día hasta la hora final.

Obra inmisericorde, Haneke vuelve a hurgarnos donde más duele (esa palabra que repite constantemente la enferma en su moribundia), ahora con un tema lacerante donde los haya: ¿está ahí el amor que reclama su título? Seguramente, porque no hay sentimiento más amplio, ubicuo, mutante, disperso, ambiguo, que ése que llamamos amor, love, amour, liebe…

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126'

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Amor - by , Jan 20, 2013
4 / 5 stars
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