Película: Amor y amistad

Whit Stillman es un cineasta y escritor washingtoniano que vivió durante algunos años, en los ochenta del siglo XX, en España, y cuya filmografía es ciertamente escasa pero con cierto predicamento. Desde 1990, fecha de producción de su primer filme, el llamativo Metropolitan (que tuvo una nominación al Oscar), sólo ha rodado hasta 2016 un total de cinco largometrajes para el cine y un par de episodios de series de televisión. A pesar de ello, sus películas se esperan con interés, porque no suelen dejar indiferente. Su cine se suele caracterizar por un evidente tono de comedia ácida, con el que ha puesto en solfa actitudes y maneras de vivir de determinados colectivos.

Podría pensarse que una novela de Jane Austen no era el vehículo ideal para el humor corrosivo del cineasta norteamericano, pero a la vista del resultado de esta Amor y amistad, habrá que convenir que sí. Porque esta adaptación de una novela corta de los primeros años de producción literaria de la escritora británica, titulada Lady Susan, en manos de Stillman, se convierte en un relato vitriólico sobre la estupidez de la aristocracia, sobre su incapacidad para resistirse a los manejos de una mente superior (la Lady Susan del título de la novela austeniana), y cómo ésta, junto con su amiga norteamericana, manipula a todos los incautos e idiotas de la empingorotada nobleza británica hasta salirse con la suya, que no es otra que situarse en una destacada posición económica y social.

Con brillantes diálogos, con planos que recuerdan poderosamente a clásicos del cine ambientado en el XVIII (hablar de Barry Lyndon no sería osado; incluso la partitura clásica recuerda en muchos momentos los bellísimos temas seleccionados por Kubrick para su película; de hecho, Stillman utiliza también la Marcha de Idomeneo, de Mozart, presente en la obra maestra kubrickiana), Amor y amistad tiene también una evidente deuda con Las amistades peligrosas, la versión de Stephen Frears sobre la novela de Choderlos de Laclos, sobre todo en la taimada forma en la que seres humanos de inteligencia superior (aunque con corazón de corcho) son capaces de manipular a sus semejantes para conseguir sus propósitos. Eso sí, en contra de lo que ocurría con Frears, aquí no hay expiación que valga, y la hermosa arpía logra sus objetivos sin que tenga la más mínima sombra de culpa en su conciencia (en el hipotético caso de que la tuviera…).

Kate Beckinsale está espléndida como la dama que utiliza sus encantos femeninos, pero también su primorosa labia, para enredar y hacer que lo que parece negro sea blanco, lo oscuro claro, lo indecente virtuoso. Ella es media película, aunque no son mancos gente como Chloë Sevigny (habitual, como Beckinsale, en el cine de Stillman) o un delicioso Tom Bennett, que compone el más memo de los aristócratas del relato (y decir el más memo es decir mucho…).


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94'

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Amor y amistad - by , Nov 19, 2016
3 / 5 stars
Un Jane Austen vitriólico