Película: Anna Karenina Joe Wright, el director de esta nueva versión del clásico de León Tolstoi, parece haberse planteado un interrogante: ¿cómo se deben afrontar en la actualidad los textos literarios que los seres humanos hemos convenido en reputar inmortales, por su capacidad para calar el alma de los hombres y las mujeres? Seguramente hay varias respuestas, desde el planteamiento más tradicional, que siga punto por punto la trama y cuyo escenario se ajuste al canon realista en el que lo imaginó su autor, hasta la más extrema, la adaptación libre que ni en contenido ni en continente tiene mucho que ver, más allá de guardar la almendra del tema para que no estemos hablando de algo radicalmente distinto.

Wright parece haber optado por una vía intermedia: el contenido se mantiene razonablemente ajustado a la peripecia que Tolstoi imaginó para Anna Karenina, su amante el conde Vronsky y el coro que los rodea, desde el marido de la protagonista, Alekséi Karenin al hermano de Anna, Oblonski. Sin embargo, apuesta por enmarcar la historia en un paisaje teatralizante; no es que haga una filmación teatral, es que toda la historia transcurre en un contexto teatral, desde las tablas del escenario a las bambalinas, desde la tramoya al patio de butacas: todo está filmado en ese microcosmos que (también, y tan bien) explica al Hombre, como lo explican todas las artes.

De esta forma, Wright pone una vela a Dios y otra al diablo: clasicismo en el texto y la historia que se nos cuenta, aggiornamento en el paisaje en el que se escenifica. Habrá que decir que la mezcla chirría a veces, encontrados fondo y forma, pero en otras ocasiones, quizá las más, el contraste es hermoso, como la carrera de caballos en la que participa Vronsky, cuya caída del corcel provocará el conocimiento urbi et orbi del adulterio que comete con Karenina y, con ello, desencadenará el resto del drama; esa escena, tomando como pista de carrera el escenario del teatro, está dada con una notable creatividad, de tal forma que la carrera en su conjunto parece tener lugar en un espacio abierto, pero sin embargo la caída del caballo (y no es la de Saulo…) tendrá lugar justo en el escenario, en un notable juego de realismo y teatralidad.

Por lo demás, la película se beneficia de un guión bien armado por el talentoso Tom Stoppard, el dramaturgo británico de origen checo, que ha colaborado en cine con gente como Losey, Fassbinder, Gilliam, Preminger o Spielberg, entre otros, un hombre que conoce como pocos las arquitecturas de cine y teatro, y que ha sabido mezclar aquí los ropajes de la literatura clásica con los riesgos del cine de vanguardia.

Joe Wright vuelve al cine de época que le ha reportado sus mayores éxitos: vale decir Orgullo y prejuicio y Expiación. Más allá de la pasión, porque lo que es sus filmes sobre temas actuales lo cierto es que no han sido ninguna joya (cfr. El solista y Hanna). Este regreso al universo clásico lo hace arriesgando la reputación, como decía Pasolini en su Pajarracos y pajarillos; por cierto, no es el único punto de contacto entre ambos: como en aquel filme del autor boloñés, aquí también se declaman los créditos, en este caso en ortodoxo ruso y sin canturrear; claro que Godard ya utilizó ese mismo recurso, incluso antes que Pasolini, en su Le mépris: el cine, siempre reinventándose…

Entre los intérpretes nos quedamos con una Keira Knightley (el apellido de este chica es como para sabérselo de memoria: cuánta consonante junta, y en qué enrevesado orden…) que se ajusta muy atinadamente a su papel, y que sabe darle tórrida pasión, sin pasarse, a su personaje, un arquetipo del ser humano, la mujer que por amor lo arrojará todo por la borda, prole incluida. Bastante más flojo es Aaron Taylor-Johnson como Vronsky, al que hace parecer un petit maître, un pisaverde del que parece difícil enamorarse hasta las cachas (las frases hechas, a veces, las carga el diablo…). Mejor Jude Law, en un papel que exige ocultar su apostura para conferirle los rasgos de un maduro y rutinario marido, escindido entre su honor ofendido y su amor entregado.

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129'

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Anna Karenina - by , Mar 23, 2013
3 / 5 stars
Clasicismo y riesgo