Película: Aprendiendo a conducir

La carrera de Isabel Coixet es probablemente la más cosmopolita de los cineastas españoles en ejercicio (y aunque no estén en ejercicio: su precursor más evidente fue Antonio Isasi, y dirigió bastantes menos coproducciones internacionales que la catalana). Ha dirigido cine bajo pabellones tan dispares como Francia, Canadá, Irlanda, Reino Unido y Estados Unidos. Pero ese cosmopolitismo, me temo, no va necesariamente en su beneficio, ni en el del espectador, que al fin y al cabo es el que nos interesa.

Es cierto que Aprendiendo a conducir mejora claramente su anterior filme, Mi otro yo, olvidable thriller de terror en el que Coixet naufragaba totalmente. Pero tampoco es este su nuevo filme una obra que alcance las alturas de sus obras mayores, llámense A los que aman, Mi vida sin mí, Elegy y, sobre todo, La vida secreta de las palabras. De hecho, su producción de los últimos años se ha mantenido en una línea de mediocridad ciertamente alarmante, con filmes lamentables como el citado Mi otro yo o Mapa de los sonidos de Tokyo, o todo lo más esforzados pero insuficientes, como Ayer no termina nunca.

Aprendiendo a conducir es una dramedia que se deja ver con agrado. Una escritora de cierto nivel, de nombre Wendy, se encuentra de buenas a primeras con la traumática ruptura con su marido, cuando éste la deja por otra. De esa separación surgirán las insuficiencias en su vida que antes se camuflaban tras el esposo, como, metafórica pero también realmente, la carencia de permiso de conducir, lo que le impide visitar a su hija que vive en la otra punta del Estado (¿no hay trenes o autobuses en ese Estado? Ah, esas licencias artísticas…). La mujer tendrá que incrementar sus niveles de autosuficiencia, mientras que, junto al indio sij que la enseña a conducir, también aprenderá (y el aprendizaje será mutuo) cosas de la vida que le habrán de servir para el futuro: la autoestima, la voluntad, la determinación, la capacidad para afrontar cualquier eventualidad con calma.

El conjunto es agradable, pero tratándose de la sensible autora de A los que aman o La vida secreta de las palabras, se antoja insuficiente. En algunos momentos brilla la chispa de la emoción, sobre todo cuando la desarbolada protagonista cede en su histérica composición (Patricia Clarkson, la actriz, tan estupenda siempre, tan creíble siempre, me temo que aquí ha sido mal dirigida por Coixet) y se manifiesta como el ser humano herido que es, abandonada por el hombre al que a pesar de todo sigue amando, negándose a la evidencia de que habrá de ponerse a los mandos de su vida y dejar de delegarla en otros. Ben Kingsley interpreta (otra vez) a un hindú, tras varios personajes de este jaez, sin duda inspirados todos, al menos inicialmente, en su inolvidable composición del líder de aquella etnia y padre espiritual de la India en Gandhi.


 


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90'

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Aprendiendo a conducir - by , Sep 23, 2016
2 / 5 stars
Paseando a Miss Wendy