Película: Australia Sobre esta Australia se han dicho muchas obviedades, como por ejemplo sus múltiples influencias (algunos las han motejado de copias o plagios) sobre varios clásicos antiguos o modernos del cine de aventuras y romántico, desde La reina de África a Memorias de África, omitiendo algunas también evidentes pero en las que al parecer no se ha reparado, como Pearl Harbor. Y es cierto, porque parece que Luhrmann y sus guionistas se hubieran empeñado en recuperar ese cierto aliento entre épico y amoroso del buen cine de aventuras de la época clásica, y no tan clásica.

Pero, como todo en esta vida, el resultado será el que marque si el cineasta australiano ha dado en la tecla, o no. Mi opinión es que la nueva película del director de Moulin Rouge, a pesar de las costuras que se adivinan, es un filme entero, no hecho de retales, sino de una pieza, que tiene sentido por sí mismo y que consigue, razonablemente, su propósito: emocionar, tocar la fibra sensible del espectador, sin cargar las tintas, y proporcionar dos horas y media largas de entretenimiento digno y sin tomar el tupé al espectador. Además hay, a ráfagas, esquirlas de buen cine, como todo lo que rodea al mítico Rey Jorge, el anciano aborigen, una magia extraña, inasible, tan distinta a las que estamos acostumbrados, quizá sólo remotamente emparentada con la que conocemos de los indios americanos; esa magia que consiste en cantar para reconocer las cosas, para ser uno con ellas, en cantar para llamar a los seres queridos (ese bellísimo “yo canto para que tú vienes”, que el pequeño aborigen, en su desmadejado inglés –español en la traducción--, espeta a su “señora patrona”, lo más parecido que encontrará a la madre que murió protegiéndolo); también hay aventura reconocible, de grandes praderas y reses en estampida, resuelta por Luhrmann en una hermosa escena que sobrecoge por su sencilla resolución, cuando otros hubieran apostado por apurar hasta el límite el cáliz de la tensión.

Hay también personajes que recuerdan, claro está, a tantos estereotipos como el cine de aventuras ha dado: ese viejo contable borrachín, heredero directo de los típicos médicos alcoholizados tan habituales en los “westerns”; o ese bragado, indomable vaquero, que, como el capitán pirata de Espronceda, podría cantar “…qué es mi Dios, la libertad…”; incluso esa señoritinga remilgada a la que la necesidad impele a echarse en brazos de la Naturaleza y del Hombre, dos fuerzas telúricas imposibles de encorsetar; o el villano, que parece coleccionar perversiones. Todos ellos los hemos visto antes, pero aquí parecen nuevos, lo cual quiere decir que no están tan mal pintados como algunos han querido ver. Pues claro que Australia no es una obra maestra, ni siquiera una gran película; pero en su muy largo metraje hay suficiente cine como para justificar sobradamente su existencia. Seguramente no pasará a ninguna Historia del Cine, al menos por sus méritos fílmicos, pero propone una alternativa moderna y honesta, basada en los clásicos, sobre cómo el género de aventuras puede evolucionar hacia una nueva visión propia del siglo XXI. Si lo consigue, sus productores podrían darse con un canto en los dientes, además de llenar la faltriquera, que se supone era su principal objetivo. ¿O no?

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Género

Duración

160'

Año de producción

Australia - by , Dec 29, 2008
3 / 5 stars
Yo canto para que tú vienes