Película: Ben-Hur (2016)

No se enteran: hay unas pocas películas míticas, no muchas, que son conocidas por todo el mundo: Casablanca, Lo que el viento se llevó, Gilda, Psicosis, Ben-Hur… Todos conocemos las historias que en ellas se cuentan, nos sabemos de memoria las escenas más impactantes. Entonces, ¿a qué viene intentar rehacerlas? ¿Qué cráneo "previlegiado” (gracias, Valle) pensó que era una buena idea hacer un remake del clásico de William Wyler de 1959?


Y que conste que, en contra de lo que es opinión generalizada, no creo que aquella versión clásica sea una obra maestra, ni mucho menos. Es larga hasta la extenuación, con frecuencia aburrida… pero tiene varias secuencias absolutamente inolvidables: por supuesto, la formidable carrera de cuadrigas (por cierto, rodada por el director de la segunda unidad, Andrew Marton, no por Wyler…), pero también las impresionantes escenas de las luchas navales, vistas desde dentro del vientre del barco en el que Judá Ben-Hur boga sin descanso desde hace años. También, por supuesto, la memorable secuencia de la muerte de Messala, que prefiere morir corporalmente intacto antes que mostrarse a su amigo/enemigo amputado de sus extremidades. Desde luego, también el tono mayestático, la espléndida música de Miklós Rózsa, el empaque del cine clásico de Hollywood, el magnífico duelo entre Charlton Heston y Stephen Boyd.

¿Y qué se nos da en esta nueva Ben-Hur de 2016? Una versión que, aunque algún despistado ha creído más afín al original literario (la novela homónima de 1880 de Lewis Wallace), lo cierto es que está bastante más alejada del texto inicial, aunque eso en sí mismo no es un error, siempre que la distancia con el libro sea para mejorar la película, no para empeorarla, como es el caso. Se ha contratado para protagonizarla a dos actores manifiestamente deficientes, Jack Huston, nieto del gran John Huston (del que no ha heredado ni un gramo de su talento), y Tobby Kebbell, de profesión sus villanos de poca monta. La relación de amistad/odio entre Judá y Messala, que es una de las salsas del filme de Wyler, se resuelve aquí haciendo que el romano sea hermano adoptado del judío, que es como si hoy día un palestino tuviera adoptado en su familia a un israelí… El final entre ambos (que no destriparemos para no “spoilear”) sería de risa, aunque lo que dan ganas es de echarse a llorar de pura vergüenza ajena.

¿Qué decir de la boñiga de la carrera de cuadrigas? En su afán por superar la que rodó Marton para la versión de 1959, aquí se exagera todo, y llega el momento en que nada se cree: por solo citar un ejemplo, es absolutamente inverosímil que un hombre, tras recorrer arrastrado por sus caballos algo así como un kilómetro, se levante y esté como una rosa, sin una rozadura en brazos y piernas, que deberían estar hechos unos zorros. Eso aparte de que la planificación de la secuencia es muy deficiente, pareciendo incluso que faltan planos en el montaje que hacen que la continuidad narrativa dé saltos, como los propios aurigas que van cayendo uno tras otro.

Y lo curioso del caso es que el kazajo Timur Bekmambetov es un cineasta al que teníamos en cierta estima. No en vano hizo Wanted (Se busca) (2008), un pequeño prodigio de cine de acción con mucho gusto por el detalle, que nos lo hizo aparecer como uno de los nuevos talentos que Hollywood, en su habitual plan de aspiradora, había fichado. También es cierto que aquella debió ser flor de un día, porque su posterior empeño en USA, Abraham Lincoln. Cazador de vampiros (2012), era una paparrucha de marca mayor. Véase un dato que puede indicar que el propio Timur no tenía muy clara la jugada de rehacer Ben-Hur: Bekmanbetov es, además de director, también productor, y de hecho ha producido muchas más películas que ha dirigido. Sin embargo, aquí sólo dirige, no muy seguro, a lo que se ve, de que el filme diera réditos: qué buen ojo, se embolsó el sueldo y si te he visto no me acuerdo…

Aparte de los dos pencos protagonistas, da pena ver aquí al gran Morgan Freeman, además con un look imposible (las rastas le sientan como a un santo dos pistolas). Lo de Rodrigo Santoro, que ha pasado de ser un Jerjes en plan “drag queen” en 300 a interpretar a Jesús de Nazaret, es también de traca…

Un disparate tras otro, lo único bueno que tiene este nuevo Ben-Hur es que su tremendo batacazo comercial quizá vacune a Hollywood para que no vuelva a caer en la tentación de rehacer lo que debería ser inalterable. Claro que, inevitablemente, de los remakes que están en curso o incluso ya rodados, de esos no nos libra nadie: ahí está, por ejemplo, a la vuelta de la esquina, la nueva versión de Los siete magníficos, válgame Dios…


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125'

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Ben-Hur (2016) - by , Sep 06, 2016
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