Película: Bestias del Sur Salvaje El cine sigue sorprendiendo, aunque a veces esa sorpresa no equivalga a un hallazgo: se puede ser novedoso sin por ello ser magistral, ni siquiera magnífico. Pero es cierto que lo nuevo, o lo que tiene apariencia de nuevo, tiene hogaño un plus añadido, dada la escasez de ideas nuevas, o que parecen nuevas.

Bestias del Sur Salvaje es buena muestra de esto que decimos; de caligrafía cuasi naíf, cuando no directamente incursa en el más evidente cutrerío, es su poesía algo ramplona pero decididamente emotiva la que entendemos ha hecho que una película con muchas carencias haya conseguido ganar un buen número de premios que en otras circunstancias le hubieran estado vedados.

La historia se plantea en uno de esos universos olvidados, de corte sureño (sureño de Estados Unidos, se entiende), donde asistiremos a las diversas vicisitudes de una niña de seis años, abandonada por su madre y cuyo padre tiene un pie en el otro mundo. Al fondo, grandes deshielos liberan bestias salvajes (plásticamente unos cerdos de tamaño “king size”, con pelambre como de mamuts) que pudieran estar allí desde épocas remotas, épocas que presumimos no llevan nombres científicos, como Pleistoceno o Segunda Glaciación, sino que más bien eran tiempos gobernados por la diosa Fantasía. La niña buscará a su madre (sí, como Marco a la suya: no hay nada nuevo bajo el sol), y retornará finalmente junto a su padre, cuando la agonía del progenitor y la llegada de las bestias, con su sumisión, supondrá el metafórico abandono de una infancia que, dada la escasa edad de la niña, se nos antoja cuando menos precoz.

Lirismo de andar por casa, algunas escenas de cierta potencia visual, y un rostro, el de la protagonista, de nombre absolutamente imposible (probemos: Quvenzhané Wallis; con lo fácil que es llamarse Doris Day o similar…), que se come literalmente la película; y es que ella es la película, y sus mejores logros, sus mayores virtudes, radican en esa cara como de céntimo chico, pero con un peligro tremendo. Miedo da (por no decir placer, el placer de ver crecer el talento) cuando esta renacuaja se haga mayor y dé todo lo que parece llevar dentro, que tiene pinta de ser mucho. Ella sola soporta todo el peso del filme, ella sola hace llevadera esta historia que sin su presencia sería manifiestamente insoportable, ella sola es Bestias del Sur Salvaje.

Al director,  Benh Zeitlin, nuevo en esta plaza, le vendrían bien unas clasecitas de cine, mayormente para que esa cutrez que destila su película no se convierta en su estilo, en su marca de fábrica: una muestra de poética naíf se puede entender, puede ser incluso agradable; más de una resultará chocarrera o cursi, o las dos cosas (que ya es difícil…).

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93'

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Bestias del Sur Salvaje - by , Feb 06, 2013
2 / 5 stars
Entre lo naíf y lo cutre