Película: Bird people

Esta película se pudo ver en la Sección Oficial a Concurso del Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF’2014).

Ves esta película y recuerdas, si eres cinéfilo y tienes ya cierta edad, dos filmes en los que pudiera haberse inspirado la guionista y directora Pascale Ferran para este largometraje. El primero sería El compromiso (1969), una de las últimas obras del gran Elia Kazan, en la que un alto ejecutivo, en un momento de su vida, lo abandona todo, preso de una angustia vital que le impide seguir viviendo de esa forma. El otro sería Birdy (1984), una de las primeras películas del hoy olvidado Alan Parker, en la que un joven regresado de la guerra del Vietnam da en creer que es un pájaro.

Bird people tiene dos partes diferenciadas, supuestamente dos miradas distintas y con claves muy diversas sobre un mismo problema, escapar de una vida que ahoga, que asfixia a los protagonistas. En la primera parte, un ingeniero norteamericano de viaje en París decide de la noche a la mañana (luego veremos que la historia viene de antiguo) dejarlo todo, trabajo, esposa, hijos... y dedicarse a no se sabe qué, pero en cualquier caso nada que tenga que ver con lo que hasta entonces había hecho, una vida que le hacía sentir, como dice en un momento dado, como si fuera un terrón de azúcar deshaciéndose en el fondo de una taza de café. En la segunda, una de las camareras que arreglan las habitaciones del hotel frente al aeropuerto en el que está alojado el yanqui, también harta de todo, digamos que sufre una peculiar transformación en un momento dado (dejémoslo ahí, para no reventar la sorpresa).

Se trataría, de alguna forma, de mostrar una doble y tan diferente resolución a la ansiedad, al agobio cotidiano que muchos sufren, uno en clave realista (la mejor parte del filme, sin duda, aunque el recuerdo de la mentada, y magnífica, El compromiso, de Kazan, hace palidecer cualquier comparación), y otro en clave fantástica, diríamos incluso en clave de fábula (y hasta aquí puedo leer, como decía la inolvidable Mayra Gómez Kemp en el Un, dos, tres…, para no dar más pistas, que después me acusan de escribir spoilers en las críticas).

Pero la imbricación de ambas líneas argumentales, la realista y la fantástica, deja bastante que desear. Una clave nada tiene que ver con la otra, y las dos versiones, las dos fórmulas de escape, se antojan disparejas, chirriantes, sin más nexo en común que el propio deseo de los protagonistas por escapar de una vida que se les antoja fútil.

Pascale Ferran, la directora, tiene buena mano para poner en escena sus filmes, como demuestra en toda la primera parte, e incluso está dotada para las escenas de fuerte contenido dramático, como vemos en la conversación por Skype que mantienen el protagonista yanqui y su esposa, quizá de lo mejor de la película, escena en la que afloran los agravios, los resentimientos de una vida en pareja pero sin comunicación, los rencores apenas escondidos que saltan a la palestra en cuanto se producen los primeros enfrentamientos. Pero la visión del segundo segmento, totalmente entregado a la fantasía, disminuye ostensiblemente el interés del filme, porque, aparte de la licencia poética que se le concede, esa parte como de fábula no aporta nada de verdadero interés al problema, tan real, de la ansiedad que provoca toda vida, no digamos ya determinadas formas de vida. Si la solución está en volar, metafórica o realmente, mala cosa. Alguno puede tomarse la receta al pie de la letra y ya sabemos cuál es el final, la cabeza reventada contra el suelo.

Buena interpretación de Josh Charles y Anaïs Demoustier, siendo en el caso de la segunda más elogiable, por cuanto su papel es bastante menos agradecido; sin embargo, se trata de una actriz que, a pesar de su juventud, cuenta ya con una filmografía de lo más interesante, con títulos como El último invierno, Thérèse D. y Crónicas diplomáticas.


 


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128'

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Bird people - by , Nov 13, 2014
1 / 5 stars
Deshacerse como un terrón de azúcar