Película: Black coal

Ya sabemos desde hace tiempo que las decisiones de los jurados cinematográficos suelen incurrir en la doble acepción de la palabra fallo: veredicto, que es el teórico, pero también error, porque los jurados, casi por definición, petardean cual escopeta de feria. Otorgar el Oso de Oro de Berlín, el premio mayor del que se reputa como segundo festival más importante de Europa y por ende del mundo (tras Cannes, obviously), a una película como esta Black Coal, evidencia varias posibilidades: una, la más lamentable, que se trataba de pasarle la mano por el lomo a la pujante economía china (la segunda del mundo en términos de PIB absoluto, aunque es la número 88 en PIB per capita); dos, que es bastante habitual, la de premiar algo exótico, en este caso un policíaco de ojos rasgados, siendo el género negro tan poco frecuente (al menos en lo que nos llega a Occidente) en la cinematografía china; tres, un punto de exhibicionismo: vamos a premiar esta intriga criminal china para que se fijen en nosotros, el jurado, y vean qué exquisitos y qué modelnos somos. Pues va a ser que no, que no son tan exquisitos, ni siquiera modelnos...


Black coal es una historia policíaca que tiene mucho más interés en su propia enunciación que en su plasmación cinematográfica. Lo que se nos cuenta, desde luego, resulta estimulante: la aparición de un cuerpo desmembrado en diversas partes del país lleva al grupo policial encargado de la investigación a detener a unos hombres que parecen ser los culpables del crimen. Sin embargo, un desafortunado accidente hace que los detenidos y los policías se maten entre sí (en una de las escenas más percutantes de esta en general inane cinta); uno de los escasos supervivientes, el jefe del grupo policial, abandona la institución, sumido en la depresión y en la carencia de autoestima, y se emplea como vigilante de seguridad, aunque los problemas del alcohol subsiguientes a la pifia de aquel malhadado día de la balacera le hacen fallar constantemente en su nueva ocupación. Pero cuando entrevé la posibilidad de enmendar aquel error, las cosas empiezan a cambiar, y esa redención se convertirá en obsesión, en su única razón de vivir…


La historia es subyugante, su formulación en pantalla bastante menos: la intriga está llena de interesantes recovecos, pero Diao Yinan, en su tercer filme como director, nos confirma que está a años luz de las estrellas en la dirección de su país, los Wong Kar-wai, Zhang Yimou, Lu Chuan o Chen Kaige. Diao antes que director fue guionista, y como tal fue coautor del libreto de La ducha (1999), que llegó a Occidente y parecía confirmar que tenía talento como creador de historias. Sin embargo, como director resulta incompetente, con una planificación pésima, un gusto por el encuadre que es de Primero de Dirección en la facultad de Ciencias de la Información más penca que imaginarse pueda, y con un sentido narrativo de una ineficacia digna de estudio. Lo que sobre el papel es una historia rica en matices y en sorpresas, bajo su égida resulta un relato bronco, pesado, pelmazo, insípido y con frecuencia bostezante. Entonces, ¿a qué el Oso de Oro? (véase el párrafo primero…).


Black Coal, que en su título internacional es Black Coal, Thin Ice (o lo que es lo mismo, Negro carbón, delgado hielo) tiene entonces el mérito de la estimulante historia narrada y el baldón de la pésima realización. De la mezcla de ambas circunstancias queda una película con interés argumental y poco más: el paisaje casi permanentemente nevado, la inhóspita ciudad de feos edificios, la rutinaria cotidianidad de la vida. Un final de lo más artificioso (nunca mejor dicho…) no mejora, precisamente, una buena historia que hubiera merecido una mejor puesta en escena.


 


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106'

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Black coal - by , Oct 12, 2014
2 / 5 stars
Negro carbón, delgado hielo