Película: Black Mass. Estrictamente criminal

Scott Cooper es un actor que nos sorprendió hace unos años como director con la magnífica Corazón rebelde (2009), en la que nos contaba una historia de amor y perdedores, con un espléndido Jeff Bridges en tono crepuscular y hermosas canciones “country”. Tras un segundo largometraje, Out of the furnace (2011), que fue un fracaso comercial (de hecho, no llegó a estrenarse en España), a pesar de contar con Christian Bale, vuelve por sus fueros pero con un thriller, la verídica historia de un gánster de origen irlandés que asoló el South Boston durante casi tres décadas, contando con la connivencia de un agente del FBI con el que se crió de niño en las calles del populoso barrio bostoniano, y además con la complicidad del hermano del matón, que llegó a ser senador por el Estado de Massachussets (vamos, como Ted Kennedy…). Esa alianza contra natura entre la mafia irlandesa y el Buró Federal de Investigación permitió que el felón irlandés campara a sus anchas, imponiendo un régimen de terror con una violencia visceral, sin límites.
 
Sobre el libro-documento Black Mass: The True Story of an Unholy Alliance Between the FBI and the Irish Mob, escrito por Dick Lehr y Gerard O'Neill, los guionistas Mark Mallouk (en su primer libreto para el cine) y Jezz Butterworth (con créditos en su haber como La última legión, Al filo del mañana y el nuevo Bond, Spectre) han urdido una interesante historia plagada de complicidades entre los agentes del orden y la organización criminal, en una macabra coyunda que terminó cuando alguien tuvo los arrestos suficientes para dejar de mirar hacia otro lado y tomar el toro por los cuernos.

Scott Cooper, como director, se unió al proyecto una vez que Barry Levinson, el cineasta inicialmente previsto, lo dejó. Conociendo la impersonalidad, la chata profesionalidad artesanal de Levinson, se puede decir que hemos ganado con el cambio. Sin llegar a la excelsa calidad de su anterior Corazón rebelde, este Black Mass. Estrictamente criminal supone un potente thriller, un policíaco que denuncia las lamentables fisuras en el sistema que permitieron que una mala bestia como fue Jimmy “Whitey” Bulger hiciera y deshiciera a su antojo en el South Boston (y fuera de allí, cuando le plugo). Con escenas de percutante violencia, Black Mass resulta ser un policíaco moderno, con un inevitable toque vintage, dada la época que retrata (las décadas de los setenta a los noventa), redondeando un filme sólido, muy estimulante.

No es difícil adivinar qué interesó a Johnny Depp del personaje de Bulger: los roles de villano son un bombón para un actor, y no digamos para una estrella como Depp, últimamente encasillado en papeles cómicos (véase la saga de Piratas del Caribe o incluso su Tonto de El Llanero Solitario), que necesitaba desengrasar con un papel en las antípodas. Además, con lo que le gusta las caracterizaciones extravagantes, la de este irlandés gordezuelo, con más mala leche que la Bruja de Blancanieves y la Madrastra de Cenicienta juntas, era un “tour de force”: con afeites consigue dar los kilos de más que tenía el felón, y un peinado “ad hoc” y unas horribles gafas de la época hacen el milagro de que Depp, que generalmente aparenta (cirugía y bótox mediante, entre otras cosméticas) veinte años menos de los que realmente tiene, aquí parezca ser efectivamente un cincuentón: gástate una pasta para parecer un treintañero y al final tienes en la película el mismo aspecto que te corresponde por tu edad, no te jode…

Bromas aparte, Depp consigue dotar a su personaje de esa mala hostia que sólo los muy canallas rezuman por todos sus poros. Según la composición de Depp, Bulger fue uno de esos individuos que, si tienes la mala suerte de encontrártelo en la vida, estás listo de papeles, uno de esos tipos que, si su madre hubiera abortado, el mundo sería algo mejor de lo que es.

Del resto del reparto me quedo con un Joel Edgerton que, si bien fue un error de casting en Exodus. Dioses y reyes (2014), aquí está muy entonado, consiguiendo un personaje (el agente del FBI conchabado con el capo irlandés, más por razones de afinidad sentimental que por real ambición crematística) que juega permanentemente con la ambigüedad, ley y delito en una misma persona. También hay que citar al inglés Benedict Cumberbacht, que lleva camino de convertirse en un imprescindible, aquí en el taimado personaje del senador bostoniano que usó su cargo para proteger al marrajo de su hermano.


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122'

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Black Mass. Estrictamente criminal - by , Nov 01, 2015
3 / 5 stars
Una mala bestia