Película: Brooklyn

Hay veces en las que un actor o una actriz se convierten en el centro y eje sobre el que gravita todo un filme, con independencia de quien lo haya escrito, producido o dirigido. Con Saoirse Ronan, a sus escasos veintidós años cuando se escriben estas líneas, se está dando esta circunstancia. Convertida en la más talentosa actriz de su joven generación, sus películas se cuentan por éxitos personales, con independencia de que éstas sean mejores o peores. De esta forma, desde la primera vez que la vimos en pantalla, aún una adolescente, en Expiación. Más allá de la pasión (2007), títulos posteriores como The lovely bones (2009), Hanna (2011), La huésped (2013) y El gran Hotel Budapest (2014), han ido cimentando su fama de actriz sensible, dotada de un evidente magnetismo personal, con una excepcional capacidad para transmitir emociones.

Esta Brooklyn no sería, seguramente, la misma película sin ella. Y ello sin desmerecer el noble trabajo de su director, John Crowley, de escasa pero interesante carrera como tal (a pesar de lo cual en España lo único que se han visto han sido dos capítulos dirigidos por él de la serie televisiva True Detective), ni la estimulante materia argumental aportada por el guión de Nick Hornby sobre la novela de Colm Tóibín.

Irlanda, años cincuenta. Una joven sin porvenir ni motivación alguna emigra a Estados Unidos buscando una vida mejor. Atrás queda su madre y su hermana, a la que está muy unida, y que ha sido la que generosamente ha impulsado su viaje, para intentar que deje atrás la abulia de una vida pueblerina sin futuro. En Nueva York los primeros tiempos son duros, pero un inesperado noviazgo con un chico italoamericano consigue revivirla y hacerle olvidar sus nostalgias célticas. Pero desde su tierra le llega una noticia trágica…

Brooklyn pertenece a la estirpe de películas hechas a la vieja usanza, y no hay ningún tipo de calificativo peyorativo en ello. Al contrario, se trata de un filme pausado, reposado, donde lo fundamental no es que pasen muchas cosas sino que las que suceden nos lleguen, tengan poso, sustancia, sean importantes aunque afecten teóricamente sólo a la esfera familiar, personal, sentimental de la protagonista. Rodada con calma, como si estuviéramos en los años cincuenta que la película recrea tan acertadamente, son notables los retratos del ambiente de la Irlanda campesina de los tiempos de Éamon de Valera como presidente (aquel beato meapilas que gobernó durante décadas la República de Irlanda bajo los faldones de su metafórica sotana de cura laico), un ambiente en el que la apariencia lo era todo, en el que cualquier devaneo sexual suponía la crucifixión moral (porque no podían física…) de los interfectos; y del Nueva York de los fifties, tan distinto, un oasis de glamour y de libertad.

Filme sobre la necesidad de elegir, y de elegir bien, la protagonista, escindida entre dos amores, entre dos civilizaciones, entre dos formas de vida, habrá de tomar una difícil elección. Y quién lo diría, la ayuda quien menos pudiera imaginarse…

El personaje central, a la manera del protagonista de El hombre tranquilo (1952), de John Ford, también chocará con su Irlanda natal, aunque es evidente que hay diferencias. Su forma de afrontar la vida, su querencia entre los dos mundos a los que pertenece, a los dos hombres a los que ama, lo hará también como la mujer tranquila que es, como la mujer sensata, inteligente, prudente y avanzada a un tiempo, quizá una mujer adelantada a su época.

Con algunas escenas bellísimas (cfr. el canto en dulce, nostálgico gaélico de un paria en el comedor donde se sirve una benéfica cena de Navidad; el primer encuentro amoroso entre los amantes en Nueva York, prodigiosamente contenido y apasionado a la vez), Brooklyn es una hermosa historia que merece ser vista y paladeada sin prisa. Vamos, lo que se estila hoy día…


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111'

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Brooklyn - by , Mar 05, 2016
4 / 5 stars
La mujer tranquila