Película: Brüno

Ea, pues ya ha encontrado Sacha Baron Cohen su estilo: ya se presagiaba en su anterior Borat, en la que con cierta frecuencia buscaba la respuesta airada de sus (supuestamente…) desprevenidos “partenaires”, pero aquí ya se dedica a tocarle las narices (¡y de qué forma!) a todo quisque. Si en su anterior filme la manera de provocar (moderadamente todavía) era representar el papel de un hirsuto y cateto reportero kazajo inmerso en la cosmopolita, moderna y (por qué no decirlo) cursi sociedad neoyorquina, ahora se va al otro extremo, figurando ser un extravagante gay austriaco, que se despepita por ser famoso, objetivo al que intentará llegar de muy diversas formas, a cual más disparatada (es cierto que inspiradas en auténticas maneras de ser famoso, lo que podría considerarse, siendo muy benévolos, como cierta crítica social…).


Con ese pretexto el tal Brüno del título realizará también su particular inmersión en Hollywood (previamente habrá provocado a modo en la Semana de la Moda de Milán o en Israel, donde su “look” de loca con sombrerito de fundamentalista judío causará estragos), donde desplegará la pluma a toda vela, con los previsibles resultados. Hay que reconocerle una dosis de cara dura extraordinaria, como en la escena en la que acosa sexualmente nada menos que a un provecto candidato republicano a la nominación presidencial de las elecciones de 2008, Ron Paul, o aquella otra en la que realiza un “contacto” paranormal (y tanto…) con el difunto miembro del grupo Milli Vanilli, Rob Pilatus, ante las narices de un famoso “medium” yanqui.


Sin embargo, y aunque se ha dicho por activa y por pasiva que todas las situaciones (salvo las estrictamente de ficción entre actores: vale decir los iniciales numeritos desopilantemente pornos del protagonista con su supuesto novio, entre otras) son reales, ciertamente cuesta mucho trabajo creerlo.


Uno puede creerse a Paula Abdul diciendo insensateces sobre lo que le gusta hacer cosas para los demás mientras asienta sus posaderas en un mexicano garrulo, porque, como decía Einstein, la estupidez del ser humano es infinita; pero hay cosas increíbles. Por ejemplo, que Brüno y su ayudante, vestidos con toda la quincalla habitual del sadomaso (cuero, cadenas, esposas, correas…) y atados uno tras el otro como perros en celo, se paseen como si nada entre un grupo de furibundos manifestantes antigays, sin que éstos les rompan la cara; o que el Ejército americano permita filmar la supuesta iniciación a la instrucción del recluta Brüno, con toda su pluma al viento.


Y es que, ¡ay!, qué crédulos y olvidadizos somos: Andy Kaufman (véase su “biopic” realizado por Milos Forman, Man on the moon) inventó, allá por los años setenta y ochenta, las “performances” en las que parecen ocurrir cosas reales que no son tales, sino producto de un depurado guión y de muchas horas de ensayo. Esa “realidad” ficcionalizada es la que, me temo, hace suya Sacha Baron Cohen en este Brüno, al menos en buena parte del metraje.


Así las cosas, el ánimo provocador del filme hay que ponerlo en solfa, porque es fácil escandalizar cuando sabes que no te van a partir la nariz porque tienes a sueldo al escandalizado. Estamos, entonces, ante un falso documental (al menos en su mayor parte: no creo que Paula Abdul, que queda como una boñiga de vaca, estuviera en el ajo; ni Ron Paul, el congresista con más de 2.500 años de edad, que quería ser elegido en lugar de Obama), lo que podríamos llamar “docuficción”, o “documedia” (alguno dirá “documierda”, pero esa es otra cuestión…).


¿Qué se consigue con una película como ésta? Sin duda, que la facción conservadora USA se haga cruces ante semejante sarta de majaderías y de inmoralidades (ya saben lo que dicen de la moral: es como el culo, cada uno tiene el suyo…). Que se escandalicen, pues, y la película tenga un plus de notoriedad vía publicidad gratuita ofrecida por los movimientos neocons “et allii” ; si es lo que buscaban, y con ello hacer subir como la espuma los dígitos de su cuenta corriente (treinta millones de dólares de recaudación en el primer fin de semana en el mercado USA-Canadá), habrá que convenir que han acertado.


Otra cosa es que esto sea cine, y no un basto programa trucado de cámara indiscreta. Y la pregunta final es: y después de provocar mediante el primitivo reportero kazajo en Borat y de la locaza divina de la muerte de Brüno, ¿con qué lo hará la próxima vez el cómico inglés? Se admiten apuestas…


 


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81'

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Brüno - by , Sep 16, 2015
1 / 5 stars
La provocación como estilo