Película: By the sad sea waves Desde que empezó a hacer cine en 1913, entonces aún en papeles sin acreditar, Harold Lloyd fue realizando un callado aprendizaje en las técnicas cinematográficas; aunque generalmente se acreditaba como actor, lo cierto es que llegó el momento, en la cima de su gloria, en el que dominaba totalmente sus películas y ordenaba sobre los directores de turno, que no eran sino empleados bajo su mando.

Pero hasta llegar a ese glorioso momento, que puede datarse durante los años veinte, lo cierto es que Lloyd tuvo que lidiar con diversos avatares hasta conseguir tener las manos libres y, no menos importante, acuñar un personaje que le distinguiera de los diversos cómicos de la época, sobre todo de Chaplin, quien había impuesto el arquetipo del vagabundo del bigotillo y el bastón.

En 1917 Lloyd trabajaba para el productor Hal Roach, a razón de varias decenas de cortos cómicos por año, pero en ese año por fin encuentra el perfil del personaje que ya le acompañará hasta el final de su carrera cinematográfica, el joven de redondas gafas de carey, generalmente con sombrero canotier y con aspecto de petimetre de “middle class”. Es ése entonces otro punto de partida, como lo fue 1913 cuando comenzó a interpretar cine. Además, en esta By the sad sea waves debutaría en la dirección Alfred J. Goulding, un australiano emigrado a Estados Unidos que le dirigiría en múltiples ocasiones, pero que en este su primer empeño cinematográfico mostraba sus evidentes carencias.

Porque ciertamente este filme no es precisamente de los mejores de Lloyd. Se tiende a creer que todo el cine cómico de la edad silente es bueno, pero ello no es verdad, como podemos comprobar por este corto de cortas luces, si se nos permite el retruécano, en el que los gags son muy limitados: el protagonista ejerciendo un poco de “slapstick” con la autoridad de turno, primero un socorrista barrigón y con mostachones, y después el típico poli carajote de la época; los besos que roba a la bella con una añagaza de colegio de párvulos; el rescate de la que será amada, rodada con una falta de imaginación galopante.

Filmes como éste dan mayor valor a posteriores maravillas como El hombre mosca o Ay, mi madre: y es que los genios también pasaron por el cole, qué diantre…

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By the sad sea waves - by , Oct 07, 2013
1 / 5 stars
Aprendiendo a hacer cine