Película: Camino a Guantánamo Michael Winterbottom es un ecléctico cineasta británico que ha rodado casi de todo: desde dramas románticos a semipornos (aunque adornados con toques “cult”), pasando por dramas químicamente puros e intrigas cuasi policíacas. Ahora afronta el docudrama de denuncia política, en este caso sobre las condiciones infrahumanas en las que están recluidos los presos en la cárcel de Guantánamo (cabe decir también en la de Abu Grahib, de cuyas aberrantes fotos y vídeos hay aquí cierto recuerdo icónico: esos presos desnudos corriendo por el patio con una capucha en la cabeza, mientras su guardián le azuza un perro…). Este filme, rodado inicialmente para televisión, refleja la historia real de cuatro británicos de origen pakistaní, que tuvieron la infortunada idea de visitar el país de origen de sus ancestros y, sobre todo, el vecino Afganistán, justo en los días en los que comenzó la invasión de este país por las fuerzas de la coalición comandada por Estados Unidos, poco tiempo después de la catástrofe del 11 de Septiembre. Aquellos pánfilos que fueron a la boda de uno de ellos con una chica pakistaní se verían involucrados, sin comerlo ni beberlo, con los presos talibanes que el ejército USA retuvo (perdón, retiene…) en Guantánamo, aprovechando que, al no ser suelo norteamericano, no está sujeto a la jurisdicción ordinaria de su país y, por tanto, pueden hacer las tropelías imaginables e incluso las inimaginables. Evidentemente, toda tortura es execrable, pero si además le pasa a unos memos como éstos, que estaban en el sitio inadecuado en el peor momento posible, mucho peor. Winterbottom y su colega Whitecross, que ha trabajado con él como montador y esta vez comparte con su jefe la tarea de dirección, eligen para esta recreación un tono realista, que intenta reproducir lo más fielmente lo que pudo acontecer con estos cuatro chicos (uno de ellos desaparecido, al parecer muerto en un bombardeo). Entreverando fragmentos de entrevistas con los actores protagonistas, que recuerdan en “flashback” las sevicias a las que fueron sometidos por sus captores, el relato fluye con facilidad, sobrecogiendo al espectador con las sucesivas humillaciones y vejaciones que los militares infligían a estos tres pánfilos, pero también al resto de presos, probablemente talibanes y, por tanto, en absoluto unos angelitos. Pero la Convención de Ginebra protege a todos, nazis o estalinistas, integristas islámicos o judíos, y nadie tiene carta blanca para cebarse con los presos de guerra (ni con los otros, claro…). Filme percutante más por la forma cuasi entomológica de exponer las atrocidades a las que fueron sometidos estos inocentes, como se demostró algunos años después (conocidos entonces como “los tres de Tipton”), Camino a Guantánamo es, sobre todo, un baldón para una democracia a la que, por qué no decirlo, muchos admiramos como sociedad en su extraordinaria defensa de las libertades civiles, pero también de la que muchos abjuramos, en cuanto a según que Administración toque regirla. Y esta de Bush II, desde luego, es una de ellas. Ojalá desaparezca cuanto antes Guantánamo como lugar de oprobio para la Humanidad; como también esperamos que desaparezcan otras cárceles también situadas en Cuba, en este caso gobernadas con mano de hierro por el castrismo imperante desde hace ya demasiados años, en las que se pudre gente cuyo único delito es haberse opuesto al dictador. Porque, ¡ay!, la felonía no es patrimonio exclusivo del señor Bush…

Género

Nacionalidad

Duración

95'

Año de producción

Camino a Guantánamo - by , May 29, 2006
3 / 5 stars
Cuatro pánfilos