Película: Capitán América: El primer vengador El Capitán América es, de todos los superhéroes de Marvel, el de corte más abiertamente patriótico, entendiendo por tal el que encarna con mayor propiedad los valores norteamericanos, con independencia de lo que esto quiera que sea. Tengo escrito que, en contra de lo que se suele decir, los norteamericanos no creen en Dios (o Yahvé) sino en los Estados Unidos, como si su país fuera una deidad, terrenal aunque intangible, temporal pero con (vana) vocación de eternidad, ni de derechas ni de izquierdas, aunque sean las primeras las que con más facilidad invocan sus supuestas virtudes y los que, por qué no decirlo, se aprovechan mejor de ellas, utilizándolas para fines generalmente poco virtuosos…

Dicho lo cual, el cómic del Capitán América ha aparecido en el cine y la televisión de forma intermitente, y generalmente de forma más bien casposa, hasta que el éxito de grandes blockbusters de otros superhéroes, mayormente Batman, ha animado a que toda una pléyade de tíos en leotardos asaltaran las pantallas, ahora con grandes recursos económicos, espléndidos efectos especiales y, en una fase relativamente nueva, con temáticas y tonos mucho más adultos que los habituales en este tipo de cine, más próximo a acercamientos a las mentes infantiles, sean éstas de niños en sentido estricto o de niños con muchos pelos en las piernas pero meninges muy pueriles…

No es el caso de este nuevo acercamiento, mucho más costeado que los anteriores, al  superhéroe USA por excelencia, tanto que lleva las barras y estrellas en su atuendo y su escudo. El Capitán América como personaje de cómic nace en 1940, en tiempos prebélicos, cuando Estados Unidos, que aún nominalmente mantenía su neutralidad en el conflicto que la Historia conoce como Segunda Guerra Mundial, sin embargo barruntaba, con más razón que un santo, que más temprano que tarde entraría en la conflagración; con independencia de que le gustaran más o menos las tesis nazis (con sus vainas de la supremacía nazi y otras mamarrachadas), el hecho de que otra potencia, en este caso Alemania, estuviera creciendo militarmente de forma alarmante, apoderándose de países europeos como el que compra casitas en el Monopoly, ciertamente suponía una amenaza clarísima a su preponderancia mundial y en esas condiciones el choque de trenes se antojaba inevitable. Con esa perspectiva, estaba cantado el nacimiento de un superhéroe de corte militarista que se enfrentara de forma monotemática a personajes de corte abiertamente nazi. Esa fue la génesis del Capitán América, y durante la guerra el cómic contribuyó poderosamente a mantener unido al país, como tantos otros símbolos y gestos de la época.

Terminado el conflicto el superhéroe cayó algo en el olvido, si bien sucesivas reediciones y nuevas historias han conseguido que continúe en el imaginario colectivo, mayormente en el norteamericano, si bien es cierto que ha sido claramente superado por la tríada formada por Supermán, Spider-Man y Batman, no necesariamente por ese orden.

Capitán América: El primer vengador se basa en la genealogía moderna del héroe, en su reescritura actual, que lo convierte inicialmente en un escuchimizado muchacho que, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, intenta alistarse en el Ejército, con escaso éxito, dada su precaria constitución física; finalmente, su bonhomía a carta cabal, su abnegación absoluta, le harán ser el elegido en un experimento científico-militar, denominado Operación Soldado Renacido, que dotará al susodicho de unas cualidades físicas y mentales extraordinarias: donde había un chico de poco más de metro y medio la estatura crecerá hasta casi los dos metros: donde sólo había poco más que huesos y pellejo, ahora habrá músculos imponentes; donde antes todo era enfermiza debilidad, ahora habrá un cuerpo con capacidad de auto-regeneración, un superhombre que ríase usted del de Nietsche…

Joe Johnston, el director elegido, quizá no fuera el más adecuado. O sí, teniendo en cuenta que entre sus créditos están títulos de corte juvenil, tales como Jumanji, Parque Jurásico III u Océanos de fuego. Así las cosas, si lo que se quería hacer era una versión infantil-juvenil del héroe USA, parece que Johnston sí que era la elección adecuada. Ello, eso sí, conllevaba inevitablemente una infantilización del tema, una dirección profesional pero rutinaria, sin personalidad, y una desarmante falta de estilo.

Me quedo con la primera parte del filme, cuando el feble muchacho deseoso de servir a su patria pero rechazado continuamente por su débil físico, resulta ser lo más próximo a un chico traumatizado por sus carencias, que le deparan, en tiempo tan sensible como la primera juventud, el rechazo femenino, el desprecio de los varones más fuertes (o sea, todos), la displicencia de un Ejército que sólo valora los cuerpos diez pero no las almas un millón.

Tampoco es deleznable el papelito de oropel que inicialmente, tras su prodigiosa transmutación en Míster Musculitos, le reserva las Fuerzas Armadas, poco más que la corista de bonitas botas a la que aluden, con menosprecio, su superior militar y sus colegas que sí luchaban en el frente de batalla.

Pero a partir de ahí casi todo es inane: las luchas del Capitán América, ya investido de su rol heroico, se convierten en una rutinaria sucesión de enfrentamientos en los que, obviamente, los buenos conseguirán derrotar a las pérfidas fuerzas del Mal, con trasuntos del propio Hitler, como el personaje del Cráneo Rojo, o de científicos vesánicos del mismo régimen, a la manera del Dr. Mengele, aquí con el nombre del Dr. Zola (cielos, como el autor del famoso J’accuse) y los rasgos de un Toby Jones que recuerda poderosamente el Peter Lorre de M, el vampiro de Düsseldorf, uno de los filmes expresionistas que preanunciaron la llegada del nazismo.

Chris Evans me interesa más en su versión enflaquecida (conseguida mediante complejas técnicas combinadas) que en su aspecto de Míster Proper: raro que es uno. Entre los secundarios me quedo, además de con Toby Jones, siempre estupendo, con el notable Hugo Weaving, capaz de los mejores villanos (el Smith de Matrix, aquí el casi homónimo Schmidt, algo así como un Himmler –el torvo jefe de las SS—al que se le hubiera ido –aún más—la pinza) pero también de los mejores personajes buenos (el rey elfo Elrond de la trilogía de El Señor de los Anillos), e incluso locazas totalmente despendoladas (la Mitzi del Bra de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto). Además de los siempre excelentes Tommy Lee Jones y Stanley Tucci, por supuesto.

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124'

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Capitán América: El primer vengador - by , Apr 05, 2014
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De alfeñique a primo de Zumosol