Película: Capitán América: El soldado de invierno

El éxito de Capitán América: El primer vengador (2011) y, sobre todo, de Los vengadores (2012), hacía prever que una continuación en las aventuras del Capitán América, el más patriota de los tíos en mallas que el cómic y el cine han dado, era sólo cuestión de tiempo. No ha sido mucho, pero lo cierto es que se agradece, porque esta nueva historia del alter ego de Steve Rogers (como Supermán lo es de Clark Kent, Batman lo es de Bruce Wayne o Spider-Man de Peter Parker) mejora claramente el primer capítulo de la serie producida por Marvel, la mentada Capitán América: El primer vengador.


Porque los hermanos Anthony y Joe Russo tienen bastante más personalidad que Joe Johnston, el director de aquella inicial entrega. Los hermanos Russo no tienen una gran carrera en la gran pantalla, pero sí se han cargado de buena experiencia en una ya dilatada trayectoria en series televisivas, destacando en títulos como Community o Animal Practice. Son dos cineastas con las ideas bastante más claras que Johnston, y sobre todo, dan intensidad a sus productos. Porque el primer capítulo parecía ir dirigido a niños y jóvenes, no especialmente interesados en otra cosa que no fueran las numerosas escenas de acción que el filme presentaba, pero esta segunda entrega, en la línea ya iniciada por otros superhéroes, como el Batman de la trilogía realizada por Christopher Nolan (Batman begins, El Caballero Oscuro y El Caballero Oscuro: La leyenda renace), se dedica a bucear en temas mucho más serios que los vacuos mamporros que encandilan al personal adolescente en los capítulos más superficiales de estos cómix de lujo.


En el caso del filme que comentamos los temas son nada menos que la penetración por parte de una organización de corte nazi (Hydra) de la que supuestamente protege las libertades de los países democráticos (S.H.I.E.LD., trasunto de organismos tales como el FBI, la CIA y la NSA). A partir de esa penetración total se llegaría a erradicar las libertades formales mediante la eliminación de aquellos individuos que en el futuro pudieran entorpecer la causa de Hydra para, previa creación de un caos total, convencer a la opinión pública de que es preferible ceder la libertad a cambio de la seguridad, el paso previo a instaurar un nuevo orden mundial basado en una dictadura disfrazada de leve democracia, en este caso sí que sería puramente “formal”.


Ese tema, que emparenta el filme con ilustres precedentes como el Metrópolis de Fritz Lang o El gran dictador de Charles Chaplin, supone hacer madurar al personaje y plantear que el Capitán América, además de humanizarse con el descubrimiento de su antiguo y más íntimo amigo, ahora convertido, previa lobotomización psíquica y conversión en un brutal cyborg, en el peor enemigo imaginable, habrá de enfrentarse a él desde el temor de hacer daño a quien quiere, pero al tiempo impedirle acabar con la vida de millones de personas.


Por supuesto, Capitán América: El soldado de invierno es, antes que nada, un fastuoso espectáculo visual. Alguna vez habrá que glosar como se merecen los avances excepcionales que se han producido en el sector de los efectos especiales, sobre todo desde que las técnicas informáticas permiten representar en pantalla cualquier cosa que se quiera, no importa cuán gigantesco sea, cómo de improbable pueda parecer, cuánto de inverosímil se nos antoje: los F/X, hoy por hoy, pueden hacer aparecer en pantalla cualquier situación, por imposible que pueda ser. En ese sentido, la película es ciertamente sobresaliente, con escenas que hacen generar torrentes de adrenalina en el espectador o que le sobrecogen el ánimo con imágenes impactantes.


Pero, siendo ese el centro y eje del filme (habiendo costado 170 millones de dólares otra cosa no sería factible, so pena de darse la gran costalada en taquilla y poner en peligro la viabilidad de las productoras, la propia Marvel y Sony), me quedo con la historia subterránea, casi de espionaje a lo John LeCarré, que conlleva que una organización que parece tomar su referencia en la siniestra SS de Himmler, metabolizada por científicos locos al estilo del Dr. Mengele, haya anidado callada, arteramente durante décadas en el mismo corazón del organismo de seguridad que (se supone…) ha de velar por las democracias.


Los hermanos Russo demuestran clase y personalidad en la dirección, y un estilo que no desmerecería el de un Martin Scorsese que se dedicara a estos menesteres. Rara sería esa eventualidad, ciertamente, pero también lo es ver a Robert Redford en un producto como éste, haciendo además de villano. Del resto del elenco me quedo con un Samuel L. Jackson que se ha convertido ya en el actor que mejor interpreta personajes torvos, que parecen malos pero que, en el fondo, no dejan de ser unos pedazos de pan…


 


Capitán América: El soldado de invierno - by , Sep 16, 2017
3 / 5 stars
Seguridad vs. Libertad