Película: Carmina o revienta Hago gracia al lector español de explicarle quiénes son Omaíta y Antonia. Al ajeno a ese ámbito geográfico le diremos que Omaíta y Antonia son unos personajes creados por Los Morancos, dúo cómico sevillano de larga trayectoria, que caricaturizan un estereotipo propio de determinados barrios de clase media-baja, en primera instancia sevillanos, pero ciertamente generalizable a otras realidades similares de España e incluso de otros países: hablamos de personas de nivel educativo ínfimo, generalmente unido a un también escaso nivel económico, cuyo humor se desprende precisamente de la caricatura de su modus vivendi, de su exacerbada exageración, pero que parte, al fin y al cabo, de una realidad cierta.

Pues con Carmina o revienta, opera prima como director del actor Paco León, parece que el intérprete sevillano hubiera optado por poner en escena una Omaíta real, su propia madre, cuyas intervenciones fuera de la película, en promociones y entrevistas, confirman que, efectivamente, no está interpretando un personaje sino a sí misma. Porque la Carmina del filme es ella, y las trapisondas que nos cuenta Paco León tienen todo el aroma (en alguna secuencia, como la escatológica, hablar de aroma quizá no sea lo más adecuado…) de ser historias, anécdotas, pequeñas peripecias que le han acontecido a su progenitora, que sin duda han dado lugar a muchas risas en torno a la mesa camilla familiar, en su momento, y que ahora Paco ha decidido compartir con el resto de España.

Ciertamente Carmina o revienta tiene algunos méritos, pero también ciertos defectos. Entre los primeros, la búsqueda de la autenticidad en los comportamientos; en caso de Carmina Barrios no ha hecho falta gran esfuerzo: con que se supiera (más o menos…) sus diálogos ya estaba todo hecho, sobre todo porque (hay que reconocerlo) es una mujer que, con formación interpretativa, podría haber sido una Anna Magnani o una Susan Hayward: tiene una brutal fuerza en pantalla que empequeñece a quien esté a su lado. Más difícil lo tenía María León, que hace de nini, ni estudia ni trabaja, una Debo, una Vane o una Yeni (por seguir con la serie de Omaíta: las tres chicas adolescentes con menos seso que un mosquito y más tonterías que un mueble bar), que sí tiene que interpretar un personaje, moviéndose en el difícil equilibrio de hacerlo bien pero a la vez que resulte gracioso en su petardeo. Es curioso porque en algunos momentos, como en el monólogo que dirige a cámara al comienzo del filme, la chica León parece enteramente estar imitando a su hermano Paco cuando éste hacía para el programa televisivo Homo Zapping la parodia de Raquel Revuelta, aquella (efímera) presentadora sevillana, de la que el actor hacía una divertidísima creación. De María León tenemos la mejor de las impresiones desde que fuera lo más granado de La voz dormida, una actriz que hace de la veracidad, de la credibilidad, su arma interpretativa más valiosa.

También es de ameritar en la película (al fin y al cabo un docuficción) la apuesta por jugar con los límites de documental y ficción: ella, Carmina, es así, y lo que se nos cuentan son sus pequeñas fullerías, sus picardías de mujer de colmillo retorcido que ha sacado a sus hijos adelante con más fatigas que un cólico miserere, ese saber desenvolverse en la vida según la renombrada Universidad de la Calle, la que dice que, cuando no puedes ir por derecho, quizá tomando el camino torcido consigas lo que en buena ley realmente te pertenece.

También en el apartado de las virtudes habría que incluir la divertida escena con Ani, la supuesta amiga de la Reina, que juega con gracia con ese personaje arquetípico, tan peculiar, del que todos conocemos algún ejemplo, que alardea, generalmente tirando demasiado alto, de sus supuestas amistades de relumbrón, y cuyo plano final (tras los créditos) realiza una deliciosa finta que quiebra más de una certeza...

Pero entre sus defectos habría que incluir el recurso a la más soez escatología que, ciertamente, a estas alturas está de más, y en la que no hubieran osado incurrir sus modelos, esas Omaíta y Antonia moranquianas, siendo éstas no precisamente un dechado de modales. Es posible que en la época del dadaísmo, de Apollinaire, de los surrealistas, la escatología supusiera épater la bourgeoisie, pero a estas alturas simplemente queda como un recurso al humor marrón que, ciertamente, es el más zafio de todos los humores, el de menos clase y, desde luego, el menos inteligente.

No ha estado mal el debut en la dirección de León; evidentemente, habrá que verlo en otros registros, porque el sevillano ha demostrado, tanto en su carrera como actor como en su estreno como director (y productor, y distribuidor: su apuesta por exhibir simultáneamente el filme en casi todas las plataformas posibles –salas de cine, dvd, páginas webs de pago— fue arriesgada pero se saldó con éxito), que tiene la cabeza bien puesta sobre los hombros y tiene cosas que decir. Tendrá que afinar el tiro, desde luego, pero el comienzo no ha sido malo.

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70'

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Carmina o revienta - by , May 03, 2014
2 / 5 stars
Una Omaíta real