Película: Carmina y amén Paco León debutó en la dirección cinematográfica con la primera parte, Carmina o revienta, de lo que parece se quedará en un díptico, pues no son previsibles continuaciones; en este sentido, el propio director bromeaba en una entrevista en El hormiguero, diciendo que, salvo que se le ocurra una precuela o haga Carmina, el musical, no tenía previsto seguir con el tema.

Sugiero al lector foráneo (entendiendo por ello el que vive allende los Pirineos) la lectura de nuestra crítica de la citada Carmina o revienta para entender lo que supone el personaje de Omaíta (y toda la recua adyacente: Antonia, Paco, la Debo, la Vane, la Yeni, el Yosua…) en la España del siglo XXI. Sobre ese arquetipo, Paco León hizo en la primera parte del díptico la recreación, en clave de docuficción, de un personaje verídico, una Omaíta real, con los rasgos, y las anécdotas, de su propia madre, una Carmina Barrios que, sin duda, es un personaje en sí mismo, una Anna Magnani sin pulir, un talento interpretativo que, con algo de formación, habría mandado por tabaco a más de una diva.

Carmina y amén pretende, digo ya que sin conseguirlo (y ya me hubiera gustado: Paco León es un tío que cae irremediablemente simpático), hacer una continuación con el mismo tono, la misma gracia y los mismos resultados que su antecedente, pero creo que no ha sido posible. Ya era difícil, por varias circunstancias: la primera y evidente, que aquí se ha perdido el factor sorpresa: el personaje de Carmina, a la manera de una Omaíta de verdad, ahora ya es conocido y (re)conocido; la segunda, que las anécdotas carminianas que en el primer segmento sonaban a divertidas, con frecuencia por bizarras, aquí ya son más endebles; también ocurre que la historia central (la muerte del marido de la protagonista y el ocultamiento del fiambre durante dos días para así poder cobrar la paga extra) es feble y las otras historias paralelas resultan también bastante flojas; en algunos casos se alargan extenuantemente, como la conversación entre Carmina y la catalana, que parece hecha bajo los efluvios de la maría de la que hablan (y no sólo en el caso de las dos protagonistas, sino también del director, que no ve el momento de cortar…); incluso el personaje de Ani, la supuesta amiga de la Reina, está aquí desdibujado, sin la gracia porculera de este estereotipo, el de los que alardean de amistades imposibles.

Queda, por supuesto, la creíble pintura de un ambiente social muy determinado, y algunos instantes de una intensidad dramática poco común, como la confesión del personaje de Teresa sobre el incierto futuro de su hijo, con un fuerte retraso psíquico, momento en el que sobrevuela la sensación de terrible tragedia, quizá tan lejana al tono de humor (aunque sea negro) de la película. Queda la reafirmación de un personaje, la Carmina sobre la que todo gira, ahora ya más segura en su papel/no-papel (porque se interpreta a sí misma, obviamente), a los mandos de esta pequeña picardía que pretende beneficiarse, de forma tan leve, del sistema, aunque finalmente conozcamos el alcance real de tal historia, de bastante más calado, de corte mucho más humano: cerrar el círculo de la propia vida. Omaíta como Rinconete, aquel pícaro sevillano que, junto a Cortadillo, compuso en la pluma de Cervantes el arquetipo del personaje que ha de buscarse las habichuelas al margen de la ortodoxia, quizá de la ley.

Aparte de Barrios, que está inmensa (y no sólo por una cuestión de volumen físico, que también…), nos quedamos con el desparpajo de una María León que está espléndida en su papel que también, a ratos, es no-papel, un personaje demediado entre ella misma como la hija de Carmina y la actriz que compone el personaje: qué cosas…

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90'

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Carmina y amén - by , May 18, 2014
1 / 5 stars
Omaíta como Rinconete