Película: Cars Definitivamente, el talento en el cine de animación se ha refugiado en las películas realizadas con tecnología digital. La irrupción de la productora Pixar a partir de Toy Story ha supuesto un venero riquísimo que ha aportado a los dibujos animados una frescuera, una sencillez y a la vez una madurez ciertamente admirables. El nombre de Pixar se ha convertido ya en sinónimo de calidad, e igual que antes se esperaban los filmes de Disney como garantía de acierto, ahora son los que llevan como imagen el humilde flexo de la marca de John Lasseter los que hacen confiar en que, sin lugar a dudas, su nuevo producto será tan fiable como los demás. En este caso se da la circunstancia de que ambas empresas coproducen el nuevo empeño.

Filmes como la mentada Toy Story o Bichos, entre otros, prepararon el terreno para esta nueva vuelta de tuerca. Si en la primera eran los juguetes infantiles los que cobraban vida cuando sus amos no estaban cerca, y en la segunda era una pequeña partida de insectos los que adoptaban comportamientos humanos hasta reproducir, aproximadamente, Los siete magníficos, en esta Cars son directamente coches los que, merced al ingenio de la casa del flexo, cobran vida para actuar (quién lo diría…) como lo harían otros seres humanos, con sus mismos defectos y virtudes.

La acción se ambienta en un mundo imaginario totalmente habitado por vehículos, ya sean automóviles de turismo como camiones, segadoras o tractores, todos ellos antropomorfizados, en una a modo de fábula que quizá no hubiera desagradado a los mejores cultivadores clásicos de ese género literario, de Esopo a Samaniego. En ese contexto, la acción se centra en un campeonato de velocidad, en el que un novato, McQueen (a buen seguro guiño al gran actor del cine de acción y aventuras de los años sesenta y setenta, Steve McQueen), tiene la oportunidad de ganar la Copa Pistón y con ello convertirse en una gran estrella mundial. En el viaje (por carretera, of course) hacia la localidad en la que habrá de producirse esa competición decisiva, McQueen, un individuo pagado de sí mismo, egocéntrico, renuente a la colaboración en equipo, se extraviará para aparecer en un pueblito perdido de la mano de Dios, que añora la vitalidad y pujanza que una nueva autopista les arrebató, dejando de ser lugar de paso para nadie, menos aún un lugar de destino.

Allí, como si fuera una Arcadia feliz, o un Calabuch con bujías, conocerá a una jovencita de carrocería aerodinámica, harta de la gran ciudad y refugiada en aquel remanso de paz, y a otros personajes singulares, desde un oxidado coche-grúa tan simple como bonachón a un juez cascarrabias que esconde un íntimo secreto. En principio hosco y desabrido frente a los moradores del pueblo, McQueen pronto irá descubriendo que allí hay mucha más verdad que en los oropeles y fanfarrias del circuito de carreras.

Como buen filme en principio dirigido a un público infantil, Cars no rehúye el mensaje constructivo, o la moraleja si lo prefieren, ya que andamos con fábulas, que habla sobre el poder de la generosidad, la solidaridad o el amor. Pero incluso por encima de ese mensaje bienintencionado, del que no estamos sobrados precisamente en un mundo que boga justamente en dirección contraria, lo que resulta notable es la gran calidad de la puesta en escena, la perfección técnica de los dibujos, la adecuación impecable de la trama a estos personajes de cuatro ruedas espléndidamente antropomorfizados.

John Lasseter, como director, vuelve a dar en la tecla, como ya lo hiciera en anteriores productos de Pixar. Aquí le ayuda en la tarea un Joe Raft prematuramente fallecido, al que va dedicado el filme. El hecho de que entre las voces protagonistas esté la del gran Paul Newman, pocos años antes de morir, le confiere, además, un tono crepuscular que convierte a este filme para niños en, también, una obra a paladear por gentes de edades más provectas.

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117'

Año de producción

Cars - by , Sep 09, 2012
3 / 5 stars
Calabuch con bujías