Película: Che, el argentino Continúa Steven Soderbergh con su sorprendente filmografía (recomiendo leer el artículo de CRITICALIA titulado “El inclasificable Steven Soderbergh, de 5-3-2004); cuando no se le conocían intereses políticos de ningún tipo en su ecléctica carrera, se nos descuelga en 2008 con un díptico nada menos que sobre Ernesto “Che” Guevara, uno de los iconos incuestionables del siglo XX. Bien es verdad que, si este idealista argentino hubiera seguido en Cuba como ministro de Castro, en lugar de irse a hacer las Américas (para la ocasión debe traducirse como exportar la revolución al resto del continente, con su conocido fin en 1967 en Bolivia, a manos del ejército del país, manipulado por la CIA), podrían haber ocurrido dos cosas: una, que hubiera mantenido su idealismo a macha martillo, con lo cual no hubiera tardado mucho en convertirse en otro Huber Matos, el comandante guerrillero al que Castro encarceló durante 20 años por su oposición al incipiente régimen que derrocó a Batista en 1959; dos, que se hubiera adocenado, como la inmensa mayoría de los revolucionarios de la época, convirtiéndose en un burócrata más. Así que, aun lamentando la pérdida de cualquier vida, lo cierto es que la muerte prematura de Ernesto Guevara, y sus circunstancias, le han elevado a la categoría de icono mundial, como en otros casos similares aunque de carácter muy distinto: léanse James Dean o Marilyn Monroe.
El problema con “Che, el argentino” (y me temo que con su segunda parte, “Guerrilla”, aún por estrenar en España), es que Soderbergh toma partido enseguida: por Castro, pero sobre todo por Ernesto Guevara. No seré yo quien no reconozca la contribución del Che a la causa de la lucha por la mejora en la situación de las clases pobres, pero el tiempo ha situado todo en su sitio y aquella revolución cubana que a principios de los años sesenta encandiló al mundo con su promesa de construcción de una sociedad más justa, hoy no es sino un lamentable remedo de lo que fue, como esas viejas que fueron tipas despampanantes pero a las que la edad ha convertido en rancias muñecas pintarrajeadas, de flácidas mejillas pintadas como una puerta, que siguen creyéndose que son lo que fueron hace ya tanto tiempo.
Soderbergh apuesta, extrañamente, por la reconstrucción aplicada, algo que a él, uno de los cineastas más peculiares surgidos en los años ochenta, no le va en absoluto. ¿Dónde está el cineasta innovador de “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”? ¿Dónde el autor brillante de “Traffic”? “Che, el argentino” nos cuenta parte de la vida de Ernesto Che Guevara, con una línea argumental central, su lucha en Sierra Maestra contra la dictadura de Batista, y dos colaterales que intermitentemente aparecen: una, la que nos muestra el primer encuentro del Che con Fidel, en un apartamento en México, a mediados de los años cincuenta, y dos, la que nos lo presenta, ya convertido en todopoderoso ministro de Industria de Cuba, en la reunión de la Asamblea de Naciones Unidas a la que asistió en 1964. El núcleo central, empero, la lucha de los revolucionarios contra el ejército de Batista, pronto se revela como una castaña de mucho cuidado: el director opta por reflejar con todo detalle las distintas incidencias que surgieron en esa larga guerra de guerrillas, y el espectador llega un momento que se divorcia de aquella sucesión de hazañas bélicas, rodadas con monotonía y desgana, como si Soderbergh no fuera sino un aplicado artesano en lugar del director totalmente entregado a la causa que realmente es, teniendo en cuenta que no sólo dirige el filme, sino que además también lo produce.
A lo mejor a los escasos revolucionarios de aquella época que aún lo sean (recuerden la teoría de las vísceras: el que a los 20 años no es revolucionario, no tiene corazón; el que sigue siéndolo a los 50, lo que no tiene es cerebro…), con sus canas o sus calvas, les guste esta vida de santo (laico). Es posible, porque la ideología no tiene mucho que ver con el cine, aunque a algunos les parezca que es lo mismo. Al resto de los mortales me temo que no les interesará mucho. Ya veremos en “Guerrilla”, pero esta primera parte no ayuda a ser optimistas…

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131'

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Che, el argentino - by , Sep 12, 2008
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Vida de santo (laico)