Película: Che: Guerrilla

Nos lo temíamos: en la crítica de la primera parte de este díptico, Che, el argentino, ya barruntábamos premonitoriamente que las vibraciones para la segunda entrega no eran precisamente positivas. Vista ésta Che: Guerrilla, las previsiones se confirman. Aquí, salvo la introducción, con la entrada clandestina de Ernesto Guevara en Bolivia, disfrazado, contada con una notable austeridad sonora (apenas se dice una palabra en bastantes minutos), el resto es de una inanidad lamentable. A partir de la llegada al país suramericano, Steven Soderbergh se limita a poner en imágenes, con una meticulosidad digna de mejor causa, el año largo que el Che anduvo por la selva boliviana, intentando montar una revolución contra el gobierno de René Barrientos, militar que había dado años antes un golpe de Estado, aunque en ese momento presidía el país tras unas dudosas elecciones.


Durante muchos minutos la acción se limita a las andanzas del Che y de sus comandantes y soldaditos, con escenas manifiestamente prescindibles que nada aportan ni a la trama, ni al conocimiento del personaje ni, mucho menos, a un mínimo interés por parte del espectador, perdido en el dédalo de personajes que pueblan el filme, históricos pero desconocidos para la inmensa mayoría del público; para más inri, lo más granado y sustancial de la historia del Che en Bolivia, con toda seguridad su apresamiento y posterior asesinato en la aldea de La Higuera, el 9 de octubre de 1967, aquí se solventa con apenas unos minutos, sin grandeza, sin la sobresaliente importancia que aquel hecho tendría: estaba naciendo nada menos que un mito, un icono del siglo XX, alguien del mismo rango de algunos, muy pocos personajes contemporáneos: Gandhi, Kennedy, Martin Luther King, Juan Pablo II, Mao. Para remate de los tomates, la famosa frase (“Serénese y apunte bien: va a matar a un hombre”) que Ernesto Guevara espetara a su ejecutor, Mario Terán, y que éste (no había nadie más, aparte del inminente cadáver del Che) refirió, es escamoteada por otra distinta, con lo que se pierde parte del valor histórico de la recreación del momento.


Hay quien ha dicho que este segundo segmento no es, como el primero, una vida de santo (laico). Hombre, no es que Ernesto (o Ramón, o Fernando, heterónimos de guerra que utilizó en su intento de hacer la revolución en Bolivia) aparezca en el filme de Soderbergh con potencias (ni siquiera laicas…), pero es cierto que su tratamiento por parte del director es colindante con la hagiografía: en todo momento se le muestra como un hombre estricto, honesto a carta cabal, justo con sus hombres pero implacable con los que se muestran indolentes, o insidiosos, o marrulleros, volcado con los campesinos y su utópica visión de un bienestar para ellos; cuando se ve perseguido, lejos de escaquearse y salir por piernas, se mantiene en sus trece hasta ser apresado como cordero al degolladero… Vamos, un San Ernesto Guevara en toda regla, que además fue mártir (y comandante, no lo olvidemos…). Nada más que le hacía falta un milagro para ascender al altar de la progresía, y éste pudiera ser muy bien el incomprensible hecho de que Soderbergh haya conseguido financiación (70 millones de dólares en el conjunto del díptico, nada menos) para un proyecto como éste, cuya primera parte ha recaudado en Estados Unidos una cifra que no llega ni a los 2 millones de dólares. Lo dicho: ¡milagro, milagro!


Nota a pie de página: Hay que ver la constelación de actores españoles, portugueses, hispanoamericanos y lusoamericanos que aparecen en el filme: entre los primeros, Jordi Mollá, Oscar Jaenada, Pedro Casablanc, Eduard Fernández o los andaluces Antonio de la Torre y Jesús Carroza; entre los segundos, el muy internacional Joaquim de Almeida; entre los terceros, mexicanos como Demián Bichir (que hace un Fidel muy apropiado, sin caer en la tentación de la parodia); entre los cuartos, el brasileño Rodrigo Santoro; todos ellos hacen un encomiable esfuerzo por conseguir un acento hispanoamericano más o menos neutro. Me gusta en especial el que consigue el sevillano Carroza, que tiene mucho más mérito si tenemos en cuenta que el estupendo actor de 7 vírgenes es un chico todavía con pocas tablas y en proceso de formación: ¡bien, tío, bien!


 


Che: Guerrilla - by , Oct 08, 2016
1 / 5 stars
San Ernesto Guevara, comandante y mártir