Película: Christine

En su particular repaso por el "monstruario" del género del terror, Stephen King aportó algunas novedades que habían sido poco o nada utilizadas. Es el caso de un enigmático coche con vida propia, del que sólo se recuerda, en cine, sus parientes de El diablo sobre ruedas, de Spielberg, y Asesino invisible, de Elliot Silverstein, antecedente éste que es llevado hasta sus últimas consecuencias en la novela de King (y en la película de John Carpenter) al hacer que el misterioso coche tenga un dueño al que vampiriza y transforma.


Estamos ante una versión terrorífica y libérrima de un cuento infantil, un patito feo motorizado, el arquetípico chico que hay en todas las escuelas, poco agraciado, patoso, miedica, sin suerte con las chicas, empollón, al que todos los demás jóvenes odian y proyectan en él la crueldad propia de los niños. Lo que plantean King y Carpenter en la novela y en la película es, ¿qué pasaría si esa especie de nieto del inspector Clousseau se hiciera con un coche poseído por un extraño poder maléfico, dotado de auténtica inteligencia, que a su vez fuera capaz de inocular en su propietario toda su mortífera capacidad para el Mal, con mayúsculas? El resultado es Christine, novela y película, donde escritor y cineasta profundizan en el culto del americano medio hacia su coche, hasta el punto de que es posible ver esta obra no sólo como una terrorífica adaptación de un cuento infantil, sino como una reflexión sobre la autoestima que en el yanqui de clase media supone la posesión de un "haiga", a ser posible tan irresistiblemente bonito como el precioso "Plymouth" rojo (siempre el color de la sangre, en un código cromático que tanto importa a King) que aparece en el filme.


De hecho, el proceso de transformación en el joven Arnie se produce de forma paralela al arreglo que va realizando en el vehículo, de tal forma que culmina en la escena del partido de fútbol, cuando su amigo Dennis contempla como su atolondrado amigo no sólo ha conseguido restaurar a Christine hasta dejarla impecable, sino además ligarse a la chica más explosiva del colegio, con la que ni siquiera él, el guapo oficial del lugar, pudo salir. La transformación ha concluido: Arnie ya no será el chico patoso y feo: al contrario, gana en belleza, pero como si fuera un nuevo Paris al que las deidades le negaran virtudes por haber sido favorecido por Afrodita, se endurecerá, se envilecerá, se encanallará, hasta el punto de agredir a su padre, tratar con desprecio a su novia, atacar y matar a los gamberros que atacaron a su coche.


Mención aparte para la tensión conseguida cada vez que el maléfico vehículo aparece en pantalla. Le basta a Carpenter un plano estático del morro del coche, con esa parrilla delantera que parece esconder la bien armada caja de dientes de un tiburón, junto a unos simples pero inquietantes acordes musicales, para crear la atmósfera de ansiedad que recorre el filme en casi todo momento. Una película tan inquietante tenía que terminar también "en punta", dejando en el espectador la sensación de que no todo había acabado, incluso la impresión de que a partir de ese momento en el que comienzan a aparecer los créditos, todo será aún mucho peor; Carpenter lo resuelve admirablemente con un falso susto final y un carpetazo sonoro.


Christine constituye una obra mayor sobre uno de los emblemas de la sociedad americana, vista desde su perspectiva más oscura, más tenebrosa, el reverso de la nación opulenta que se mira en sus ostentosos coches, en los brillos de sus embellecedores, una fábula, también, sobre el otro lado del sueño americano, en clave terrorífica.


 


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110'

Año de producción

Christine - by , Nov 24, 2014
3 / 5 stars
El patito feo motorizado