Película: Código fuente

Dentro de la amplia nómina de filmes sobre viajes en el tiempo, este Código fuente debe ser de los más curiosos, al menos en cuanto a su concepto inicial: el protagonista, un militar USA, es enviado virtualmente a la mente de un hombre que ha fallecido por la mañana, gracias al aura de su cerebro (algo así como el aura que deja un bombilla tras estar encendida, según explica el cuasi Mad Doctor de rigor), a los últimos ocho minutos de su vida, de su memoria, a fin de que pueda encontrar al terrorista que destruyó el tren en el que viajaba ese hombre, y que se dispone a estallar una bomba bacteriana en pleno centro de Chicago.


El militar habrá de ser transferido a esa realidad virtual, sin su consentimiento (por razones que, obviamente, no se deben destripar, aunque este verbo, en este caso concreto, quizá no sea el más adecuado; o sí…), pero en cada viaje que realice encontrará nuevas circunstancias que le hacen ver que está siendo utilizado como un conejillo de Indias, aparte de usarlo para encontrar al asesino de masas. Será entonces, además de la relación que inicia con la mujer que acompañaba al difunto en cuya mente se introduce constantemente, cuando conciba dar a la historia un impensable final.


Duncan Jones, por cierto hijo de David Bowie, lo que sin duda debe marcar impronta en cuanto a la dedicación al arte y la cultura, se revela como un cineasta si no brillante, que no lo es, sí como un más que aceptable racconteur, un narrador de ritmo vertiginoso que se pone a prueba con las constantes idas y venidas al tren de la muerte, procurando que tanta repetición no deje sensación de déjà vu (mecachis, suena casi a aliteración…).


Desde el punto de vista comercial, estamos ante una apañada historia en clave de thriller con algunos evidentes esquejes de otros géneros, desde la ciencia ficción a la acción. Desde el punto de vista del Cine, con mayúsculas, no es precisamente eminente, pero sí es cierto que temáticamente aporta un elemento relativamente nuevo, los viajes virtuales en el tiempo, que pueden dar mucho juego en el futuro. Y es que con conceptos tales como la física cuántica y la memoria parabólica (¡ay!, el prestigio de las esdrújulas…), ¿quién no se imagina Dios sabe qué universos paralelos a los que viajar?


Jake Gyllenhaal confirma que hay en él un actor dúctil, capaz de filmes de hondo calado dramático, como Brokeback Mountain, pero también de ser héroe de películas comerciales al más puro estilo mainstream, como Prince of Persia. Entre ambos está este Código fuente, un entretenimiento adulto que no ofende al público al que va destinado, lo cual, tal y como están las cosas, es lo más parecido a un elogio…


 


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93'

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Código fuente - by , Jun 16, 2016
2 / 5 stars
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