Película: Colosio: el asesinato Si tienen al menos cuarenta años, les hago al corriente del asesinato en 1994 de Luis Donaldo Colosio en Tijuana; Colosio era en aquellos momentos el candidato del todopoderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI), que llevaba rigiendo los destinos del país azteca desde prácticamente siete décadas atrás. En cualquier caso, si no tienen esa edad, o no recuerdan qué paso, lo ocurrido sucintamente fue lo siguiente: Colosio, ungido (como era habitual) por el “dedazo” del entonces presidente priista, Carlos Salinas de Gortari, se reveló en un discurso contra las políticas de su partido y su presidente, cometiendo entonces para la cúpula del PRI un pecado de lesa patria, morder la mano de quien te ha elegido para ser el sucesor en la presidencia de la república. Unas semanas más tarde, Colosio era asesinado entre la gente cuando había acudido a un mitin en Tijuana. El asesino, un tal Mario Aburto (venía predestinado el hombre, con ese apellido…), sospechosamente pareció haber mutado en su estancia en la cárcel, y unos días después, cuando fue mostrado al público, estaba más obeso y tenía rasgos un tanto distintos a los de las fotos de su captura. Se iniciaron investigaciones oficiales, pero finalmente la conclusión fue que el tal Aburto actuó solo, y que no hubo conspiración de ningún tipo en el magnicidio.

Sobre ese evento, el cineasta Carlos Bolado, procedente del campo del montaje, aunque ya tiene una pequeña carrera también como director, afronta un thriller histórico y político, en lo que reconocen al comienzo del filme como una ficción basada en hechos reales, pero que, en su eje central, parece estar muy en razón. Bolado opta por contar la historia desde la perspectiva del oficial de policía al que se le encarga que investigue el asesinato, de forma paralela a la judicial. Poco a poco, el policía y su equipo, pero también el fiscal responsable del caso, un hombre independiente pero “con pasado”, llegan a la conclusión de que el crimen de Colosio fue un complot de Estado, y que en él estuvo involucrado el entorno del propio presidente de la república, Carlos Salinas de Gortari, si no él mismo en persona. Obviamente, tal descubrimiento en un país en el que la clase política (al menos la del priismo entonces eternamente gobernante) tiene bien ganada fama de mafiosa, no podía tener un buen fin.

Bolado se muestra como un cineasta con buen pulso narrativo, mezclando con naturalidad las distintas líneas de investigación, aflorando datos reales ocurridos en aquel asesinato, mostrando la extrema debilidad de la postura gubernamental sobre el asesinato. La propia pregunta habitual en estos casos, “qui prodest?”, a quién beneficia, conduce hasta el mismo sitio, el palacio presidencial de quien, en caso de haber llegado Colosio a la presidencia (y, de no haber sido matado, habría llegado: en aquel tiempo el PRI era imbatible, bien por las buenas o por las malas), se habría encontrado a la intemperie, sin la protección ni la connivencia para el chanchullo a gran escala que caracterizaba al partido. Todo ello confiere a la película un tono de thriller político, como aquellas viejas y buenas películas de Costa-Gavras, Z, La confesión, Estado de sitio, Sección Especial.

Dicho lo cual, queda sin embargo un fleco importante en el guión, que la película no aclara: si la conclusión del filme, como es evidente, es que el entorno de Salinas de Gortari se confabuló para la muerte del díscolo Colosio, ¿por qué fue ese mismo entorno el que ordenó la investigación a un policía famoso por su sagacidad y por su incorruptibilidad, y a un fiscal celoso de su independencia, dando a ambos carta blanca absoluta para que ejercieran sus cometidos? Ese punto de incoherencia lastra una película que, por lo demás, resulta muy notable, con un potente ritmo narrativo que hace que no decaiga el interés en ningún momento, y sobre una de esas historia de la Historia de la que, por qué no decirlo, todos llegamos a la misma conclusión sin necesidad de investigar tan a fondo como lo hicieron aquellos hombres buenos que pagaron una carísima factura por su insobornable profesionalidad.

Mención aparte para la representación de los personajes reales de la política mexicana de la época, como el siniestro José María Córdoba Montoya (aunque no aparezca en ningún momento como tal, sólo con el apelativo El Doctor), un personaje clave en la mafia política que dominaba en aquel entonces el Palacio Nacional; lo interpreta sobresalientemente Daniel Giménez Cacho, confiriéndole una apariencia veladamente peligrosa, como de padrino de la Cosa Nostra. José Francisco Ruiz Massieu, excuñado del presidente Salinas de Gortari, también asesinado poco después al rebelarse contra la postura obstruccionista del “establishment” sobre el asesinato de Colosio, es interpretado por Odiseo Bichir, con un extraordinario parecido con el representado. En cuanto al policía, el papel lo resuelve con solvencia José María Yazpik, al que no hace mucho veíamos en Los amantes pasajeros, de Almodóvar.

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100'

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Colosio: el asesinato - by , Aug 01, 2013
3 / 5 stars
Crimen de Estado