Película: Combustión He aquí una extraña cohabitación: Daniel Calparsoro es un cineasta perito en cine de testosterona, rama seria (entiéndase: no hablamos de Chuck Norris, sino de cine “macho” que intenta contar cosas), pero la productora de este film, Zeta Audiovisual, se ha hecho rica con las ganancias de un par de películas, Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti, adaptaciones de sendas novelitas de Federico Moccia dirigidas evidentemente a un público adolescente con faldas (muy cortas, sí). Entonces parece que Calparsoro y los de Zeta Audiovisual han debido llegar a un acuerdo: hacen una película con cuerpos cañón que se pegan el filete de vez en cuando, con gran profusión de epidermis depilada, pero también una película muy masculina, a la manera del cineasta barcelonés, con mucho motor a toda pastilla, mamporros y, consecuentemente, caras y cuerpos adecuadamente contusionados, magullados y ensangrentados.

Pero, como suele ocurrir, los híbridos no funcionan, y este por lo demás evidente producto industrial no ha conseguido lo que preveía, reventar las taquillas a la manera de las citadas adaptaciones de Moccia. Es lo que tienen estas cosas de no gustar ni a tirios ni a troyanos: a las niñas púberes, porque el protagonista supera ya de lejos la treintena y, aunque guapo, no tiene color al lado de “su” Mario Casas; los que gustan del cine “macho”, porque es cine demasiado relamido, demasiado blando, demasiado romanticón, una mariconada según sus esquemas.

Así las cosas, era obvio que Combustión, como producto comercial, se iba a dar la gran costalada, como así ha sido. Si además resulta que como producto cultural tampoco da la talla, la conclusión no puede ser otra que la de que estamos ante un filme fallido.

El thriller es un género que, digámoslo ya, requiere de ciertas dosis de artificiosidad: recuerden cualquier filme del género, por distinguido que sea, y no me digan que no resulta, en general, bastante poco realista; tienen estas películas un punto marciano que parece consustancial al thriller, que le otorga una cierta aura extraña, casi como de sueño. Pero en Combustión esa irrealidad se lo come todo, y a partir de ahí ya no nos creemos nada, cuando supuestamente no se nos está contando una historia fantástica sino, teóricamente, con claves realistas.

Nadie puede creerse esta banda de tres malhechores, que parecen los Tres Sudamericanos (ya saben, marido, mujer y otro que pasaba por allí…), dedicados a engatusar a pánfilos riquitos a los que esquilmar, y cuya pasión secreta son las carreras de bólidos, y menos aún el tipo que, a punto de emparentar con una familia de ringorrango, se encoña con la componente femenina de la banda; claro que, teniendo en cuenta que la novia del tipo parece doña Rogelia con algunos años menos, a lo mejor se entiende…

Calparsoro nunca ha sido un exquisito en la realización, y aquí tampoco demuestra que haya mejorado; si además resulta que cada dos por tres mete la cámara lenta para remarcar los caderazos y las curvas de vértigo de Adriana Ugarte y otras chicas boom al dar la salida de las carreras de bólidos, parece enteramente que está rodando el anuncio del Martini en lugar de un thriller…

Los arbitrarios giros del guión tampoco ayudan mucho. No cabe echar la culpa a los intérpretes porque carecen, sensu stricto, de personajes que representar, aunque es cierto que Álex González resulta ser uno de los guapos más sosos del último panorama español (y mira que está reñido el cetro…); no sabemos qué verían los americanos para llevárselo a los USA en 2011 para hacer X-Men: Primera generación. Adriana Ugarte no termina de convencer en su papel de vampiresa, de mujer fatal (toda una institución en el thriller, no digamos en la série noire, si consideráramos este filme como tal –lo que no es el caso…--). Alberto Ammann resulta poco creíble en su papel de villano a tiempo completo, como si le faltara la mala leche que se le presupone a tal personaje. Mala leche que, por qué no decirlo, le sobra a Juan Pablo Schuk, un actor colombiano que se afincó en España a raíz del enorme éxito que aquí tuvo el culebrón televisivo Pasión de Gavilanes, y que se ha especializado, con gran fortuna por cierto, en papeles de malo en el cine y la televisión de España.

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106'

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Combustión - by , May 04, 2013
1 / 5 stars
Se nos gripó el motor/ de tanto usarlo…