Película: Conducta

Ernesto Daranas es un guionista y director de televisión cubano que desde principios del siglo XXI está dirigiendo también para la pantalla grande. Conducta es su tercer largometraje de ficción, tras ¿La vida en rosa? (2004) y Los dioses rotos (2008), ambos inéditos en España. Daranas es un cineasta socialmente preocupado, y sus temas (también es guionista de sus filmes) siempre giran en torno a los desamparados por la fortuna, la economía y la incuria de una sociedad que no sabe incluir a todos sus miembros.

Conducta habla sobre un tema que ciertamente no es novedoso, el intento por parte del profesor o profesora de turno por rescatar de un destino que se adivina tenebroso al niño, al joven en el que ven los buenos sentimientos, la buena madera que nadie más que ellos ven. Pero el hecho de que el tema no sea nuevo no le quita valor: lo importante no es tanto la originalidad del planteamiento como la forma de plantearlo, y en este caso Daranas ha sabido imbricar su historia en un contexto interesante, ese colegio de grado medio en el que una maestra, al borde de la jubilación, habrá de luchar contra carros y carretas para evitar que su alumno predilecto (a la vez el más conflictivo de todos) sea enviado a una “escuela de conducta”, que en Cuba es lo más parecido a lo que podríamos llamar un reformatorio, un lugar donde amontonar los niños con problemas para (ocioso es decirlo) no solucionarlos sino agravarlos.

La lucha de esta vieja maestra, lidiando contra las autoridades docentes, procurando que la casa del crío sea un hogar, y no el lugar donde el adolescente contempla a diario el suicidio a cuentagotas de su madre yonki y prostituta, intentando separarlo de la espiral de marginación y delincuencia al que parece abocado, constituirá el eje de la trama de este drama que, si bien es cierto que comienza algo dubitativo, enseguida va creciendo en intensidad y densidad, enriqueciéndose con algunas historias paralelas, a la vez concomitantes con la central, con el ingenuo romance del niño protagonista con la lista de la clase, también ella una marginada por una cuestión de empadronamientos y burrocracias varias.

Aunque a veces se aprecia cierto acartonamiento, Conducta nos gana por su apuesta sincera y honesta por la lucha contra los más desfavorecidos, los que no tuvieron la suerte de nacer en un buen barrio, en una alta (ni siquiera media) cuna, los que no conocieron a su padre y, cuando parecieran encontrarlos, tanto hijo como progenitor se resisten a reconocerse como tales. Consigue con frecuencia emocionar el filme de Daranas, sin usar de los viejos trucos de los taimados directores, peritos en las emboscadas sentimentales. El cineasta cubano lo hace a cuerpo, sólo con la interpretación de sus actores, con sus buenos diálogos, con su mirada cómplice y cercana a sus criaturas.

Gran película esta Conducta, necesaria, precisa y preciosa a pesar de su feísmo no buscado, feísmo que nace de la filmación de una realidad, la cubana de la segunda década de la centuria vigésimo primera, una sociedad en la que la escasez se ha convertido en la cotidiana carta de naturaleza, donde la pobreza se sobrelleva con la dignidad de quien no ha conocido otra forma de vida. Esos viejos coches de los años cincuenta circulando por La Habana, reparados una y mil veces para que sigan funcionando contra toda esperanza; esas casas de la hermosa capital caribe, que no han visto una capa de pintura desde (literalmente) el siglo pasado; esa sociedad quizá ya resignada a vivir en la permanente penuria por (digámoslo ya) el bloqueo infame que los Estados Unidos mantienen desde hace más de medio siglo y que cuando se escriben estas líneas parece que, por fin, pudiera tener su tiempo tasado.

Notable la composición de la veterana actriz Alina Rodríguez: ella es media película, inmensa en su papel, nada fácil, de maestra que lucha contra los elementos aun sabiéndose el eslabón más débil de la cadena: y es que resulta tan difícil hacer lo correcto, que aquellos que lo hacen no pueden sino ser considerados héroes, sin leotardos ni capa. También está estupendo el jovencísimo Armando Valdés Freire, en su primer papel en la gran pantalla, un niño de inestimable capacidad para interpretar con la mera mirada.


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108'

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Conducta - by , Jul 08, 2015
4 / 5 stars
Precisa y preciosa