Película: Conocerás al hombre de tus sueños Tras un apreciable repunte en su carrera con su anterior Si la cosa funciona, el nuevo Allen confirma que el cineasta neoyorquino por excelencia ha entrado en una guadianesca fase de altibajos, donde el interés está en proporción directa a la inspiración guionística del bueno de Woody: si el libreto cuenta con sus habituales diálogos chispeantes, con personajes de carne y hueso, reconocibles, y con situaciones cinematográficamente estimulantes, la película funcionará. No es el caso, lamentablemente, de este nuevo Conocerás al hombre de tus sueños, comedia romántica que cuenta con las diversas y consabidas líneas argumentales, algunas de las cuales confluyen y otras no. Pero esta vez parece que Allen fuera con el piloto automático, y los diálogos carecen del desparpajo y la gracia woodiana de siempre: es como si estuvieran escritos por otro. No sé si hablar del poético arrabal de senectud, o quizá de senilidad, pero no es éste el Woody de textos brillantes, de sobresalientes retruécanos, de frases lapidarias admirablemente incrustadas en los diálogos de los actores. Tampoco los personajes dan la talla: ni la insulsa anciana abandonada por su esposo que toma como tótem a una adivina más falsa que Aramís Fuster, ni su hija, cuya vida es un desastre y pretende empezar una nueva, pasando por su marido, un escritor creativamente vacío al que la tentación (que aquí vive enfrente, en contra de lo que ocurría con Wilder) tienta endemoniadamente, o el divorciado marido de la vieja, casado de nuevo con una actriz que a ratos ejerce de pelandusca (o al revés, no queda muy claro…). Quizá esta última línea argumental sea la que ofrece mejores perspectivas, pues tiene varios puntos de interés: por un lado, es imposible no ver en esa pareja, él setentón, ella apenas treintañera, un velado trasunto de la propia pareja Woody/Soon Yi, lo que equivaldría a augurar que a la china le quedan dos telediarios como mujer de Allen, si tenemos que hacer caso de lo que ocurrió con Mia Farrow, a la que el cineasta despedazó (muy gentilmente, eso sí) en su último filme antes de romper con ella. Otra cuestión, quizá de más calado intelectual, sea el interesante tema de la búsqueda de la eterna madurez, ese momento en el que el hombre quiere evitar a toda costa convertirse en el anciano que ya es, con toda la quincalla que la tecnología y la farmacopea moderna ofrecen para ello: gimnasios donde muscular las arrugas, milagrosas pastillas azules para empinar lo flácido, una mujer joven y bonita (aunque más basta que un condón de esparto) que te haga creer que sigues siendo un cuarentón de buen ver… Lamentablemente, Allen desaprovecha ese venero y se adentra por otro de menor enjundia, el tan trillado de la joven casada con un viejo al que le pone los cuernos por un quítame allá esas pajas (uy, perdón, el término quizá no sea el más adecuado, dado el tema…). Esta línea argumental entonces queda como un tópico remedo de tantas historias, y tan sabidas, de carcamal engañado por su joven esposa, algo tan viejo como el mundo, y a lo que Allen tampoco aporta novedad alguna. A resaltar también el desprecio que, de nuevo, Allen muestra hacia la gente inculta: la actriz/puta, o viceversa, es un dechado de imperfección intelectual, no muy lejana a los personajes centrales de Granujas de medio pelo o a la putita ingenua que hacía Mira Sorvino en Poderosa Afrodita. Todos ellos, salvo quizá Sorvino, son personajes desagradables, que se refocilan en su propia ignorancia, aunque, como en el caso de Granujas…, pretendan darse una improbable pátina de culturita general cuando nadan en dinero. Lo cierto es que con Allen, en los últimos años, no hay forma de tener certeza alguna: igual hace filmes estimables, como La maldición del escorpión de jade, Scoop o Match Point, como pierde los papeles de forma penosa en películas como Vicky Cristina Barcelona, Cassandra’s Dream o esta Conocerás al hombre de tus sueños. Bueno, eso tiene al menos una virtud, aunque no sé si será muy apreciada: cualquier filme de Allen es ahora un melón por calar, así que, al menos, la intriga sobre la calidad de sus nuevas propuestas está garantizada; y es que el que no se consuela es porque no quiere…

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Conocerás al hombre de tus sueños - by , Sep 04, 2010
2 / 5 stars
Arrabal de senectud... o de senilidad