Película: De-mentes criminales

Hay una veta de humor, fundamentalmente norteamericano, que apela a la estupidez de los protagonistas para producir la carcajada o, al menos, la sonrisa en el espectador. En esa línea hay ilustres precedentes, desde las películas de Stan Laurel y Oliver Hardy, los inolvidables Gordo y Flaco, a las que protagonizaron en los años cincuenta y primeros sesenta el dúo Jerry Lewis-Dean Martin, trasunto al fin y al cabo de los papeles clásicos del clown y el augusto circenses.

Pero ese mismo cine que ha dado muy buenos títulos de este humor del “nonsense”, que basa su comicidad en gran parte en el “slapstick”, también tiene una lamentable veta de mediocridad, cuando no de inanidad. En esa línea se inscribirían algunos títulos protagonizados por Jim Carrey, como Ace Ventura, un detective diferente (1994) y, sobre todo, Dos tontos muy tontos (1994); es un cine pedestre, lleno de tópicos y humor elemental, pero que parece que tiene su público (de otro modo, no se seguiría haciendo).

De-mentes criminales (por cierto, un Razzie –el antiOscar—  para el que se le ocurrió semejante título español: y hasta le habrán pagado y todo…) es la versión supuestamente jocosa de los hechos realmente acaecidos en 1997 en Charlotte, Carolina del Norte, cuando un guardia de seguridad robó el dinero que su empresa, la Loomis Fargo, custodiaba, llevándose la bonita cifra de 17 millones de dólares; según parece el caco lo hizo mayormente por amor a una excompañera de trabajo, que fue quien lo embaucó, a instancias de otro memo que se creía el más listo de todos. El filme recorre los mismos hechos, pero en clave de humor, haciendo que todos los que intervinieron, desde el ejecutor del robo hasta la amante que le incitó, los conspiradores necesarios y hasta la Policía y el FBI, aparenten ser bobos de solemnidad. Estamos entonces ante el humor del patán, humor que no se puede decir que sea precisamente exquisito; si Woody Allen es jamón de pata negra, estos serían “chopped pork” de marca blanca, para entendernos…

Jared Hess, el director (por cierto, mormón practicante, aunque esa circunstancia de su vida privada no parece reflejarse en la película) tiene una todavía corta filmografía como tal, aunque curiosamente casi siempre toca, aunque sea de pasada, temas o geografías mexicanas, en filmes como Super Nacho (2006) y Gentlemen Broncos (2009), y también en esta, en la que el protagonista huye a México a la espera de que su supuesta amada le visite (con más moral que el Alcoyano…).

Pero el guión es tópico hasta decir basta, estúpido en el peor de los sentidos, no ya porque sus personajes sean idiotas, que lo son, sino porque toman también por tales a los espectadores, y eso ya son palabras mayores. Es humor elemental, que recurre incluso al humor marrón, el más básico y lamentable, al que se acude cuando no se sabe cómo hacer reír al público.

Hess (ojú con el apellido…) demuestra que lo suyo es hacer cine zafio, superficial, sin gota de inteligencia. Las únicas muecas que podrían ser sonrisas parten casi siempre de la capacidad cómica del protagonista, Zach Galifianakis, un actor fogueado en programas de humor televisivos, habitual también en filmes del corte de Resacón en Las Vegas, pero que ha tenido también su momento de gloria dramática en Birdman.

En un momento determinado, cuando la (boba) esposa del (estúpido) orquestador del golpe intenta convencer al marido (que será muy fácil de persuadir: tiene también serrín en la cabeza…) de que gasten a mansalva el dinero que han obtenido en el robo que para ellos ha ejecutado el (carajote) del guardia de seguridad, le dice que todos piensan de ellos que son más tontos que una maleta llena de culos: ciertamente, no hay una mejor definición para esta majadería…


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95'

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De-mentes criminales - by , Jan 09, 2017
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Más tontos que una maleta llena de culos