Película: Déjame entrar

Hace un par de años quedamos maravillados por la visión de una pequeña película sueca de terror, Déjame entrar, un filme de vampiros en un ambiente gélido, con una potentísima dirección de Tomas Alfredson, que recreaba extraordinariamente la novela de John Ajvide Lindqvist.


Esta bellísima gema de cine de terror no pasó desapercibida en Hollywood, que rápidamente compró los derechos para hacer la versión USA. Matt Reeves, el director encargado de esta adaptación, tenía dos caminos: olvidarse de la versión sueca y hacer la suya propia, o calcar la película original, en este caso ambientándola en Nuevo México (excurso: resulta rara la localización, un estado generalmente asoleado, en el que para la ocasión hasta nieva…).


Con la primera opción lo tenía difícil, porque tenía que reinventarse la película original, llena de espléndidos hallazgos cinematográficos, y estar a la altura de los mismos; con la segunda incurría claramente en una copia sin mucho interés desde el punto de vista de la innovación. Reeves ha optado claramente por la segunda, seguramente tan fascinado como los espectadores que hemos tenido la suerte de ver el original. En ello habrá influido seguramente el hecho de que en el guión haya participado el autor de la novela, el mentado John Ajvide Lindqvist, quien a buen seguro habrá querido mantener en lo posible la esencia de su historia.


Por ello, y quizá también porque Reeves no ha querido tocar ni un pelo del argumento original, ver esta nueva versión de Déjame entrar desprende una sensación de “déja vu” más que evidente, máxime cuando casi todas las escenas parecen calcadas de la versión primitiva, en especial aquellas que más llamaron la atención por su poderosa fuerza, como la masacre final en la piscina, que está “fusilada” literalmente.


Estamos entonces ante la falsedad de la copia: una imitación idéntica de La Gioconda NO es La Gioconda, sino una reproducción exacta. El genio de la creación está en la creación misma, en encontrar la idea y plasmarla; que otros la vuelvan a reproducir tal cual no tiene el mérito del original, como parece evidente.


Y lo malo es que Reeves no es precisamente un profesional sin ideas; forjado en la televisión en series de culto como Felicity (tenemos escrito que el talento actual en los medios audiovisuales ha emigrado de forma masiva del cine a la televisión), hace un par de años nos sorprendió con la impactante Monstruoso, una “reality movie” que, aunque con errores, tenía detalles de artista fílmico.


Pero la tarea del copista no requiere talento sino capacidad de copia, y en eso esta nueva versión es todo un compendio. Lástima: volvemos a disfrutar con el ingenio en las soluciones cinematográficas, pero ya las hemos visto antes, y mejor hechas. Una elipsis terroríficamente bellísima como la mentada escena final en la piscina funciona la primera vez; las siguientes ya te la sabes, ya no puede ejercer el mismo impacto.


No se puede decir, de todas formas, que la versión de Reeves sea mala: mantiene el tono modesto de la producción, sin grandes estrellas (el único conocido es el actor greco-canadiense Elias Koteas, habitual en las películas de Atom Egoyan), lo que le confiere un plus de credibilidad, la tensión narrativa y terrorífica está razonablemente conseguida, y no opta por la alternativa sanguinolenta, manteniendo, en general, el tono sutil y matizado del original, sin caer en la tentación del “gore”, tan frecuente hogaño.


Incluso aporta alguna escena novedosa, como la de la captura del socio de la niña vampiro, escena que es prácticamente la única diferente del filme primigenio, y que está resuelta con notable fuerza y detalles de gran clase cinematográfica. Qué pena, entonces, que Reeves no haya optado por esa vía, la de crear “ex nihilo”, antes que la de copiar sin más.


 


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116'

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Déjame entrar - by , Oct 24, 2015
2 / 5 stars
Inevitablemente inferior