Película: Día de Patriotas

El 15 de abril de 2013 dos jóvenes terroristas de origen ruso-musulmán, afincados con su familia en Estados Unidos desde años atrás, cometieron un bárbaro atentado durante la celebración del prestigioso Maratón de Boston. Fueron dos bombas de fabricación casera, con metralla, las que estallaron al paso de los corredores, produciendo tres muertos y más de doscientos heridos de diversa consideración. Día de Patriotas cuenta la historia de la génesis de ese atentado y de cómo la Policía y el FBI consiguieron capturar a los dos terroristas, dos hermanos apellidados Tsarnaev; uno de ellos, Tamerlan, murió en el enfrentamiento con la Policía de Boston; el otro, Dzojar, resultó herido y fue condenado a pena de muerte, estando a la espera de apelación cuando se escriben estas líneas.

Hay que aclarar, por si hay algún despistado, que el título se refiere al día en el que se celebra el maratón de Boston, coincidente con el llamado Día de Patriotas, que se celebra el tercer lunes de cada mes de abril, una fecha festiva en Estados Unidos como en España es la Virgen de Agosto o Todos los Santos. En ese sentido no estamos ante un filme patriotero, sino que busca contar (lógicamente con la ficción añadida que toda película de estas características conlleva) lo que pasó en aquella primavera de 2013 en la capital del Estado de Massachussets. Es un filme histórico, porque se basa bastante ajustadamente a los hechos, aunque también es un thriller, lógicamente, e incluso un filme de acción, fundamentalmente en las escenas que recrean el atentado y la refriega que llevó a la muerte de Tamerlan Tsarnaev.

Día de Patriotas es, entonces, un filme apreciable, que no incurre en el pecado original de este tipo de producciones con su patrioterismo de pacotilla, sino que funciona más bien como un estimable filme de intriga y de reconstrucción de hechos históricos. También, y eso es novedoso, no realiza una hagiografía de los agentes implicados en la resolución de los atentados, sino que juega con la baza de la vulnerabilidad, sobre todo en el caso del protagonista, un policía llamado a mayores responsabilidades que aquel día aciago estaba sin embargo como un madero más con su uniforme y su chaleco reflectante, y que en una escena durante la persecución del inicuo se muestra ante un compañero no como el macho alfa al que estamos acostumbrados en el cine de acción y héroes, sino como un hombre sensible, un hombre corriente y moliente que se vio metido en un fregado abrumador.

Peter Berg, el director, empezó de actor, función que no ha abandonado, aunque en los últimos años es la faceta de la puesta en escena la que más frecuenta. Aunque empezó con una comedia muy, muy negra, Very bad things (1998), después derivó hacia grandes artefactos de acción y/o catástrofes, como Battleship (2012) o Marea negra (2016), Aquí parece haber cogido el punto de equilibrio entre el armatoste de gran producción y el retrato, aunque sea a brochazos, de los personajes que se mueven en el filme, policías, jefes del FBI, políticos, pero también gente anónima de la calle que se vio involucrada en una matanza que no podían entender.

Por cierto que no deja de ser curioso que quizá los personajes mejor retratados sean los dos terroristas: el hermano mayor, un tipo rencoroso, lo que ahora se llama en las redes sociales un “hater”, un fanático odiador cuasi profesional, que quiere vengarse en la desprevenida gente de Boston de todos los males que atribuye al gobierno de los Estados Unidos y de sus aliados. Un misionero, a su manera, que pretende que todos nos salvemos según su religión, o si no que muramos de la forma más dolorosa posible; el hermano menor, un imbécil integral, totalmente a rebufo del primogénito, al que adora e idolatra, pero también un tipo sin materia gris en el cerebro digna de ese nombre.

Fanáticos e imbéciles, como tantos otros que se inmolan a sí mismos o sacrifican a los demás, por el “grave” pecado de no compartir sus muy discutibles valores. Peones movidos por ambiciosa gente sin escrúpulos (los tenemos también de este lado, es cierto), odiadores de profesión, la peor ralea de la especie humana, la que carece de compasión hacia sus semejantes.

Filme entonces razonablemente apreciable, nos ha gustado un Mark Wahlberg tan implicado que coproduce la película, en un personaje que, como decimos, dista mucho del típico héroe de plástico habitual en el peor cine yanqui. Entre los secundarios me quedo con un J.K. Simmons que, como siempre, está estupendo, y no digamos del grande (en todos los sentidos…) John Goodman, con esa poderosa voz de bajo que, curiosamente, es enteramente la misma del personaje al que interpreta, que tiene una pequeña aparición al final del filme.

Confirmando que no se trata de la típica película ahíta de testosterona que se podía imaginar, hay dos datos más: uno, Kevin Bacon hace un bragado  jefe del FBI que se resiste a dar a conocer los rostros de los posibles asesinos porque, de ser una apreciación errónea, supondría una ola de sentimiento islamófobo (vamos, la postura más normal de los tipos de colmillo retorcido a los que nos tiene acostumbrados el cine…); dos, lejos de reventar taquillas, esta versión “humana” de aquel terrible atentado no ha roto ningún record de recaudación y se ha tenido que conformar con unos ingresos más bien modestos, sin siquiera cubrir gastos en el mercado USA-Canadá. Lo dicho: de patrioterismo, cortito con sifón…


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131'

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Día de Patriotas - by , Jul 14, 2017
2 / 5 stars
Fanáticos e imbéciles (perdón por la redundancia…)