Película: Disturbia Es evidente que este filme insustancial bebe sin recato ni moderación alguna en el caudaloso venero del clásico La ventana indiscreta. Claro que, teniendo en cuenta el resultado, a este filme habría que llamarlo más bien El ventanuco cotilla, porque todavía hay clases y niveles… Ciertamente no era de esperar otra cosa, porque su director no es precisamente el gran Hitch, ni tampoco la historia tiene nada de particular ni de novedoso. Si acaso, habría que tomar como curiosidad el hecho de que la pierna escayolada de James Stewart en la citada obra maestra se convierta aquí en un artilugio electrónico que impide que el protagonista (un cuasi delincuente juvenil, situación a la que ha llegado tras la traumática muerte de su padre ante sus ojos) pueda salir de un reducido radio alrededor de su casa.

Pero el resto es calcado, en malo: hay todo un vecindario al que espiar, con sus peculiaridades; hay un tipo siniestro al que el protagonista pronto le atribuye diversas perversidades; hay una chica, émula en este caso de una estupenda Grace Kelly, que nunca estuvo tan lúbrica como en el filme de Hitchcock; hay incursiones de los amigos no impedidos a la casa del malo, con el consiguiente suspense cuando el susodicho vuelve a su hogar y puede pillar al memo con las manos en la masa… En fin, una mala copia, en la que lo que hacía grande al original empequeñece y reduce a su mínima expresión a esta versión libre, aunque a la vez encorsetada. Porque lo que menos se le podía pedir es que tuviera cierta capacidad para mantener la intriga y no resultar aburrida con demasiada frecuencia. Porque lo que podría pedírsele también sería que no pareciera a ratos un cruce entre la serie American Pie (con ese adolescente salido tras la vecinita) y su evidente modelo, La ventana indiscreta.

El director, D.J. Caruso, confirma que sus aptitudes para el cine no van mucho más allá de pegar planos sin demasiadas faltas de ortografía para que la historia tenga cierta apariencia de verosimilitud. Sólo en un momento parece levantar mínimamente el vuelo, en la escena de la muerte del padre del protagonista (ocurre al principio: no destripamos nada), dada con una elipsis que evita la típica escena sanguinolenta para limitarse al rostro estupefacto, estragado por el impacto, del hijo. Habrá que anotar también algunos otros detalles de interés: uno, el papel del villano, magníficamente representado por David Morse, un actor que ha crecido en sabiduría con los años y cuya sola presencia, con ese rostro hierático, con esos ojillos pequeños pero hipnóticos, puede ya resultar por sí misma aterradora, de un horror sutil, ambiguo, que apuesta antes por un toque “a lo Hannibal Lecter”, de “psychokiller” con clase, que por otros mitos bastante más bastos: véase el Michael Myers de la serie Halloween, el Freddy Krueger de la saga de Pesadilla en Elm Street o el Jason Voorhees de la serie Viernes 13, por citar a tres de los más aparatosos. Dos, da cierta grima ver a un turbador mito erótico como Carrie-Ann Moss, la turbadora Trinity de Matrix, aquí de mamá del protagonista… ¡Ay, “tempus fugit”!

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105'

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Disturbia - by , Sep 24, 2007
1 / 5 stars
El ventanuco cotilla del adolescente salido