Película: Divergente El problema de Divergente es que se le ve el truco a la legua. Vale decir que se nota que es un producto prefabricado, una historia que bebe en demasiados veneros, en la que se ve a distancia el cálculo para fabricar (porque esto es un producto industrial, sin mezcla alguna de arte) una mercancía puramente comercial. Y el problema es aún mayor porque la sensación de prefabricación viene desde el original literario. Con el mismo título la veinteañera Veronica Roth publicó en 2011 una novela sobre una distopía que se convirtió pronto en éxito, mayormente entre la grey adolescente. Jugaba Roth con multitud de referencias, las mismas que ahora utiliza Neil Burger en la adaptación al cine de la novela: de entrada parece claro que lo que pretendía Roth, y los productores que encargaron a Burger su traslación a la pantalla, era emular el éxito de Los juegos del hambre, con mimbres similares a la trilogía literaria (por llamarla de alguna forma…) de Suzanne Collins: antiutopía en la que los jóvenes juegan un papel entre la res del sacrificio y el sacerdote o sacerdotisa de la casta correspondiente, siempre con la competitividad (esa canalla) como referencia; luchas entre esos adolescentes, finalmente para salvar la vida; romance un tanto etéreo, pero romance.

Pero es que las referencias no se quedan en la trilogía de Collins: las castas o facciones en las que está dividido el Chicago de mediados del siglo XXI recuerdan poderosamente las clases de Un mundo feliz, la novela de Aldous Huxley, probablemente la distopía literaria más famosa de la Historia (con permiso, tal vez, de 1984, la novela de George Orwell): Abnegación, Verdad, Erudición, Osadía, Cordialidad… parecen trasuntos, no exactos pero sí en el fondo similares, a los Alfa, Beta, Gamma, Delta y Epsilon en los que estaba dividida la sociedad imaginada por Huxley, aunque sin el orden jerárquico de estos. ¿Qué decir, entonces, de El Muro, copiado literalmente de la frontera con lo ominoso imaginada por George R.R. Martin en su saga Canción de hielo y fuego, llevada a la televisión en la serie Juego de tronos? Eso por no mencionar la prueba iniciática a la que se someten los jóvenes para ver la facción por la que se decantan, que suena demasiado a la prueba del sombrero de la saga de Harry Potter… En fin, así “ad nauseam”.

Y lo malo es que hay otras dos entregas más, la última de las cuales, como está ahora de moda (cfr. la mentada Harry Potter, la saga Crepúsculo e incluso la de Los juegos del hambre) se escindirá a su vez en dos partes, para alargar aún más el filón y agotar (y agostar…) la veta.

Y lo curioso del caso es que, sin embargo, Neil Burger, el director, que nos decepcionó con El ilusionista pero nos interesó con Sin límites, vuelve a demostrar que tiene buenas ideas visuales, desarrolladas fundamentalmente en las pruebas oníricas a las que son sometidos los jóvenes: alguna de ellas es espléndida, como la inicial en la que la joven se ve reflejada en miles de espejos, pero… no existen tales espejos, todas las efigies de la chica deambulan por una misma superficie, sin reflejo especular alguno.

Pero esas buenas ideas visuales son apenas una ráfaga en una larguísima y no precisamente estimulante historia, llena de peripecias manifiestamente previsibles, de tal forma que cualquier espectador con un poquito de colmillo retorcido puede adivinar cualquier recodo de la trama antes de que suceda: y es que esta muchacha, Veronica Roth, tenía 23 años cuando escribió la novela: pedir profundidad a esa edad sólo cabe hacerlo a un Orson Welles o una Rosalía de Castro (por poner un ejemplo de cada sexo: nada de misoginia), y talentos de esa talla y precocidad son excepcionales.

Entre los intérpretes llama la atención el error de casting con la protagonista, una Shailene Woodley que es una actriz de escasísimos recursos, una esfinge que recuerda, en mujer y con unos seiscientos años menos, a un Stallone o un Schwarzenegger (bueno, la chica tiene también muchos menos músculos, es cierto). Entre el resto me quedo con Kate Winslet, aquí en un papel de villana que ella borda, tan lejos ya de la candorosa regordeta de Titanic. ¡Ah, y Ashley Judd hace ya de madre, cielos…!

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139'

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Divergente - by , May 09, 2014
1 / 5 stars
Un poco de aquí, un poco de allá...